7.29.2008

Adorando a Baco en Maitencillo


¿Habrá algún lugar más hermoso para comer machas a la parmesana que la terraza del Chiringuito, en Zapallar? Sinceramente no lo creo y tuve la oportunidad de experimentar esa sensación en una semana de estadía en Maitencillo, donde me relajé haciendo dolorosos sacrificios al dios Baco.
Partí comiendo empanadas de macha queso en "Las Deliciosas", en Concón, que se convirtió en una introducción gastronómica que explotaría en los próximos días.
Llegué a Maitencillo y me preparé para recibir a mi brother fotógrafo, que junto a su novia y mi hijo, se convirtieron en cómplices de esta aventura que nos dejó a todos con el ombligo parado, tocando batería y peinados para atrás.
Una tarde partimos a conocer el bello Papudo y a comer empanadas de ostión queso. Después la parada en el "Chiringuito", donde nos zampamos machas a la parmesana y unos locos , mientras las gaviotas y pelícanos se lanzaban al ataque. La vista es una de las más hermosas de Chile y comer en ese lugar se convierte en una experiencia sobrenatural.
En la noche llegó mi novia, quien también exigía ingresar al culto de Baco. Se comió unas machas al librillo en el restaurante de La Caleta de Maitencillo y nos preparamos para el segundo round.
Al otro día conocimos el restaurante chileno "Caballito de palo", ubicado en Puchuncaví. Pastel de choclo, lomo vetado y empanadas fueron parte del menú. Al final nos trajeron unos bajativos de menta que le llamaron mucho la atención a mi hijo. El mozo, alertado por la curiosidad, le consiguió una copa de granadina, para que también pudiera brindar con ese grupo de simpáticos locos.
El último día fue el remate de oro. Mos sentamos en una mesa del restaurante Punta Mai, ubicado en Maitencillo, y me comí dos platos de erizos que me dejaron pensando por mucho rato.
En ese local sirven las machas a la parmesana en unos calientes platos de greda y los chupes de loco son mezclados con queso, convirtiendo todo en una grata experiencia culinaria.
En ese restaurante nos pilló una lluvia dominguera, pero las salamandras encendidas permitían a los comensales andar con polera y mirar como el mar se juntaba con el cielo.
De retorno a Valparaíso pienso en el paraíso que tenemos a sólo una hora de viaje y creo que cuando el cuerpo y la mente quieran jubilarse, el mejor lugar para ver las últimos años de realidad podría ser esta zona costera.
¡Y viva Baco y todos sus seguidores!




7.22.2008

Perro muerto


Por Ajenjo

Tengo un amigo que en los tiempos del colegio se jactaba por ser un experto en hacer “perro muerto”, que consiste en pedir para beber y comer en un lugar y después esfumarse sin pagar.
Nosotros le decíamos que lo que estaba cometiendo era un delito grave y que para más remate era el garzón quien tenía que pagar la cuenta. “Un día te van a meter preso por gil”, le repetíamos a coro.
La primera vez que nos hizo una de sus gracias fue en el ya extinto Liguria de Viña del Mar. Muy pocos se acuerdan que el ya mítico local santiaguino trató de instalar una sucursal en plena Avenida Valparaíso y le fue como las reverendas. Fue en ese Liguria que estábamos con mi amigo y otros socios de carrete y yo me levanté al baño. Al volver no había nadie en la mesa. Me vino un ataque de nervios y lentamente me asomé a la salida y alcancé a ver a mis amigos correr como locos y perderse en una esquina. Apenas tenía para pagar mi cuenta y también salí corriendo y nunca miré atrás.
Al rato nos encontramos todos en los juegos electrónicos Delta que estaban instalados en la calle Quinta y empapelé a garabatos al líder del “perro muerto”. Traté de aconsejarlos de volver y pagar la cuenta, pero todos estaban bastante asustados y calabaza, calabaza, todos se fueron para la casa.
La segunda y última vez que salí con este tipo fuimos a comer chorrillanas al J. Cruz Martínez. Al parecer el experto en “perros muertos” ya conocía el local y nos sentamos al lado de una ventana que daba al oscuro pasillo por donde se accede al restaurante. Como buenos viñamarinos llegábamos al Puerto en busca de exóticas aventuras y siempre, en las primeras veces, te llevaban a comer a este living-museo.
Pedimos harto vino y chorrillanas. Mi amigo se pidió unos rones con coca cola e invitó al grupo a pedir el bajativo que quisiéramos. Todos bebían de lo lindo, pensando que mi amigo era un alma millonaria y generosa. Toda la ilusión se rompió cuando a la hora de pedir la cuenta el tipo abrió la ventana y saltó hacia el pasillo en menos de un micro segundo. Todos quedamos impactados con la escena y el mozo llegó a preguntarnos por la extraña actitud de nuestro socio. A regañadientes juntamos moneda tras moneda y pagamos la abultada cuenta que nos dejó nuestro ex amigo.
Ahora, con la calma y prudencia que entrega la distancia temporal, me dan risa muchas de esas situaciones, sin embargo, nuestro amigo era un “barsa” de tamaño mayor y que ahora está con graves problemas económicos, con juicios por cheques rebotados y toda la mala experiencia del que vive sin tener ni uno en los bolsillos. “Árbol que nace torcido jamás se endereza”. La pura y santa verdad.

ajenjoverde@hotmail.com

7.18.2008

Aznar y las Sex and the City


Hace más de cuatro años escribí una columna llamada “Aznar el antirockero”, donde describía un encuentro con este gran músico argentino en el Cinzano.
Ahora la historia vuelve a repetirse y nuevamente me encontré con Pedrito, a quien le pinté un poco el mono debido a la emoción y las copas de una noche más de agitada bohemia porteña.
Ese sábado andaba con mi novia y tres amigas santiaguinas que eran las clones de las Sex and the City. Las cuatro muchachas caminaban por las calles del cerro Bellavista y las confundían con “europeas” por su belleza y su áurea de cuicas buena onda.
Mi amiga productora me avisó que Pedrito Aznar, junto a sus amigos, visitaría primero el restaurante Caruso y luego el Cinzano, donde realizaría un homenaje a Carmen Corena.
Les avisé a las Sex and the City, y una de ellas me encargó un disco para que el artista lo firmara, ya que su hermana era fanática.
Hicimos “la previa” en el departamento de mi novia, tomando un Vodka Absolut con aroma de pera y unos wiskachos.
Llegamos al Cinzano que, para variar, estaba repleto, pero en menos de una hora ya nos habían conseguido una mesa y vimos la aparición del antirockero argentino. Con su tremenda humildad me firmó el disco y luego posó junto a las Sex and the City, quienes sonreían felices por estar cerca del artista.
Como agradecimiento le besé la mano y me miró con asombro, empezando a percatarme de que ya estaba bastante chispeado, por decir lo menos.
Aznar salió a cantar tango y remató con el Chipi-Chipi. Salí a bailar y arengaba a la gente del restaurante con gritos bastante desproporcionados.
Después salió un mozo y se puso a cantar el himno del Santiago Wanderers y, como ya es mi costumbre, rematé gritando por el campeón Everton.
Alfredo Troncoso, de la productora Macondo y responsable de la venida a Chile del artista trasandino, le explicó mi osadía.
Las Sex and the City ya me habían bautizado como el “hiper” (por hiperventilado) y el remate final fue cuando pasé, como un feliz cometa, por arriba de la mesa y aterricé junto a Pedro Aznar. “Te recitaré un poema dedicado a las prostitutas de la región”, le dije modulando a duras penas. El poema se me diluyó en la mitad de la recitada y jamás olvidaré los ojos de huevo frito que me ponía el famoso artista, mientras yo volvía a la mesa conCarrie, Charlotte, Miranda y Samantha, quienes se reían a mandíbula batiente de mi humilde persona.


ajenjoverde@hotmail.com

7.07.2008

Carreteando con los ABC1

Por Ajenjo

Entro al restaurante “Delicias del Mar”, de Cochoa, con el padre y la madrastra de mi novia, una pareja de famosos arquitectos santiaguinos que calzan perfectamente en el estrato social ABC1, es decir , con mucho dinero.
Les recomiendo almorzar el plato denominado “Reineta viñamarina”, que es una especialidad de ese local gastronómico que pronto se convertirá en el “Congrio margarita”, que es una preparación que se repite en toda la costa chilena.
Fuimos a bajar el almuerzo al Cementerio Parque del Mar, donde aproveché de visitar la tumba de mi padre, a quien tengo bastante abandonado debido a la distancia del camposanto.
En la noche invité a mis nuevos suegros al restaurante “Caruso”. Ahí comimos de todo al ritmo de unos buenos tintos y nos fuimos a acostar.
La pareja de arquitectos andaba con su hijo y se quedaron a dormir en el hotel Robinson Crusoe, del cerro Bellavista, ya que estaba a sólo cuadras del departamento que arrendó su hija, quien dejo Santiago en busca de suerte y amor en estas tierras porteñas.
En la mañana fuimos a la feria de antigüedades del Parque O’Higgins, donde pude comprobar el nivel adquisitivo de los ABC1. En un par de horas se gastaron casi todo mi sueldo en muebles de madera y mármol, que con mi mejor cara tuve que cargar hacia el automóvil gigante.
Cerca de la una de la tarde recorrimos la bahía que festejaba a su patrono SanPedro. Subimos por el ascensor ElPeral y decidimos entrar al restaurante “Apolo 77”. Eran las 15.00 horas y el local estaba casi vacío. Un mozo nos ofreció una carta metálica que tenía muy pocos platos a unos precios exorbitantes. Salimos arrancando hacia “La Colombina”, que mantenía exactamente el mismo panorama, salvo que por una carta más nutrida.
Finalmente terminamos en el “Café Turri”, donde a pesar de las malas críticas que siempre recibe este restaurante, nos comimos unos ricos caldillos de congrio y chuletas de cordero a la menta.
Durante todo el fin de semana casi no desembolsé plata de mi bolsillo y participé de cenas y almuerzos bastante suculentos y caros. La familia de arquitectos santiaguinos pertenecía al segmento ABC1, pero al momento de la conversa y de tirar talla eran bastante buena onda, transformando las veladas en momentos agradables y para nada siúticos o tensionantes.
En síntesis, eran buena gente y buenas personas, desmitificando los fuertes prejuicios que algunos tenemos.


ajenjoverde@hotmail.com

7.01.2008

Luto

Por Ajenjo

















Q.E.P.D.
CARMEN CORENA
1936 - 2008
















PD: En uno de los momentos más tristes y confusos de mi vida, Carmen Corena me apoyó como una segunda madre. Fue mi "mamá bohemia" y no tengo palabras para escribir sobre su muerte.



6.23.2008

Fomingo en el Fellini


Por Ajenjo

Tengo la certeza de que la creación del "Día del Padre", de la "Madre" o del "Niño", más allá de un asunto comercial, sirven para liberarse de la terrible fomedad de los días domingos, donde la mitad del país está durmiendo la caña del sábado y la otra no sabe qué hacer con el tiempo que pasa y pasa.
El domingo pasado fue el "Día del Papá" y mi hijo me despertó con una tarjeta donde me aseguraba que su amor hacia mí era inmenso e infinito. Tratando de detener las lágrimas de cariño recibí un llamado de mi madre que nos invitaba a los dos a comer al ya tradicional restaurante "Fellini" de Viña del Mar.
Ese local era uno de los preferidos de mi padre, que falleció hace varios años, y de esa manera podíamos hacer un doble homenaje. Llegamos a las 13.30 horas y el restaurante, como siempre pasa los fomingos, estaba repleto de gente. Nos acomodaron en un segundo piso, frente a una ventana por donde escurría agua constantemente en un efecto onda "catarata".
Mi hijo se llenó inmediatamente con unas empanaditas de queso que pusieron de aperitivo y que se agradecieron mucho. También, y sin pedirlo, llegó un antipasto bastante sabroso. Yo pedí mi pisco sour a la vena, mientras mi madre tomaba su vaina.
La carta de este restaurante es bastante grande. Su especialidad son las pastas y por eso decidí comer unos ñoquis con atún, anchoas y alcaparras. Mi mamá se comió una albacora con salsa de camarones. Los platos son terribles de grandes y llenan en forma inmediata.
¿Por qué el "Fellini" existe hace más de 10 años en un barrio gastronómico donde aparecen y desaparecen restaurantes como callampas en el invierno?
Creo que la respuesta está básicamente en que sus platos son grandes y casi todos los comensales que almuerzan no tienen necesidad de tomar once o de cenar. No vamos a decir que su comida se encuentra entre las mejores de Chile, pero tiene la cualidad de dejarte, como decía un primo, "con el ombligo parado".
Hay muchos locales de comida, especialmente en Valparaíso, que cobran siete lucas por un plato y que cuando llega a la mesa sabes perfectamente que te quedará en una muela y que al final tendrás que ir al "Sibarítico" a comerte esos completos donde la mayonesa te chorrea por los brazos.
Lograr la amalgama de un plato suculento y sabroso debe ser difícil, sin embargo creo que el "Fellini" se la ha jugado por lograrlo y los que quieran sobrevivir en este rubro deben imitarlo.



ajenjoverde@hotmail.com

6.19.2008

Trevien: Todo un acierto


Por Ajenjo


Dos jóvenes con Síndrome de Down se besan profundamente en un mural instalado en el recién inaugurado "Restorán Trevien".
El autor de la instalación, que lo conocí garzoneando en el Caruso, me invitó a la inauguración de la exposición, pero además me convidó a participar de una cata y degustación que el restorán realizaría en la noche.
Subí el hermoso ascensor Peral (¡que todavía cuesta 100 pesos!) junto a mi novia y llegué a este local donde antes funcionaba una tetería que nunca logró despegar. Eran las 20.30 del martes pasado y el ambiente estaba muy bueno y entretenido.
El dueño del boliche es Andrés, un chef que dejó una profunda marca en el Caruso y que ahora, con las alas de la independencia, montó su propio restorán.
Con su aspecto físico de un neo punk tímido, este chef agarra un rollizo y lo transforma en un ceviche invernal, donde el merkén y la palta juegan un rol fundamental.
Después nos sirvió salmón en crema de coco y azafrán, dejando en claro que el estilo tailandés será el que predominará en este lugar.
Sirvieron petróleo del bueno y unos blancos para lamerse los bigotes. Esto ayudó a que los comensales se pusieran dicharacheros y buenos para la talla.
Entre los invitados estaba la dueña del restaurante Caruso, a quien con mucho respeto llamo la Nicole Kidman de los cerros porteños. Lleva en su cuerpo a dos gemelas que pronto saldrán a conocer la luz del sol.
Ella, junto a su pareja, perfectamente podrían pensar que este nuevo local afectaría la fama y clientela del suyo, sin embargo, ahí estaban, apoyándolo. Eso demuestra que la sicopática competencia a que nos lleva este sistema capitalista puede doblarse. Antes de arrancarse los ojos, hay que dar la mano, ayudar a los demás a enrielarse en la búsqueda de la felicidad. ¡Qué bonito ejemplo de amistad y buena onda!
Al otro día invité a mi brother oftalmólogo a almorzar y el chef nos atendió personalmente. Sirvió una ensalada de repollo morado con pimentones asados y queso de cabra y de segundo un salmón a la naranja. Todo a un preció terrible de económico, más barato que muchos menú del centro de la ciudad.
Aprovechamos el adictivo sol invernal y comimos en el balcón, mientras la buena conversa, la sabrosa comida y la risa nos hizo pasar otro día más en este Valparaíso que siempre está con sorpresas.
ajenjoverde@hotmail.com

6.06.2008

Casi me vuelvo loco


Por Ajenjo

En el primer gol de Everton me volví loco. Salté de mi silla reservada en el Moneda de Oro como si tuviera una epilepsia extrema. Di vueltas los copetes de la mesa, mientras me paraba en la silla y miraba que casi todo el bar tenía poleras blancas de Colo Colo.
Al sentarme recibí varias tallas relacionadas a la "ilusión" y "espérense un poquito", pero aguanté tranquilo, agarrado a mi vaso de cerveza, mientras mis amigos me sugerían que les comprara una ronda de tragos a todos, ya que se los había dado vuelta.
En el segundo ya no me acuerdo mucho, ya que la adrenalina provoca una especie de amnesia. Lo bueno fue que no boté ningún vaso.
En el tercer gol casi me paro arriba de la mesa y estuve a punto de hacerles un "Pato Yáñez" a los colocolinos que ya miraban al piso y sus gritos y risotadas se habían convertido en un murmullo perdedor.
Es que el partido había empezado difícil. Yo llegué al bar 15 minutos antes que empezara la final entre Everton y Colo Colo.
A lado de mi mesa estaba Papito y su esposa periodista. El ex presidiario y actual agitador cultural era de los indios, sin embargo, su hidalguía lo llevó a felicitarme después de que conquistáramos el triunfo.
También estaba Dióscoro Rojas, el Guaripola Guachaca, que se declaraba de Rangers de Talca, pero también había una estela perdedora en sus ojos.
El diputado Esteban Valenzuela, junto a su socio René Alinco, también miraban el partido por TV. El parlamentario de Rancagua terminó dándome la mano y diciéndome: "bravo por los equipos de Provincia".
Yo abrazaba a mi brother oftalmólogo y a mi novia, mientras mi garganta seguía gritando: "¡Ever for Ever... Ever!".
Pedimos una chorrillana con longaniza, más cervezas y algunos rones para seguir la fiesta, mientras los pocos colocolinos que quedaban nos exigían que compráramos champaña para aumentar la potencia de la celebración...¡Hay que ser muy patudo!
Después salí a la calle para tomar aire, mientras algunos indios bromeaban con que me "romperían una botella en la cabeza". Pobrecitos, decía mi espíritu campeón, ya que no les quedaba otro recurso que amedrentar a quien ya tenía la copa en sus manos.
Tenía seis años cuando el Everton salió campeón la última vez. Ahora tengo 38 años y grito a todo pulmón: "¡ahora queremos la Libertadores cabros! ".


6.02.2008

Sólo nos queda tener fe


Por Ajenjo

Jamás he escondido o reservado mi condición de hincha evertoniano y en esta ocasión lo único que atino a decir es: sólo nos queda tener fe.
Fui a ver el partido contra los indios en el Moneda de Oro. El garzón Alonso reservó una de las principales mesas del recinto y colocó una gran estrella en el centro para dejar en claro que sería ocupada por funcionarios de este diario.
Un reportero gráfico y mi amigo el oftalmólogo conformábamos el grupo que fue creciendo con el tiempo. A nuestra mesa se adhirió Sandra Horn, esa mujer que siempre maneja un jeep rojo con un perro adentro y que anda armando chimuchinas en los concejos municipales de Viña del Mar y Valparaíso.
El recinto era un 80 por ciento del Colo Colo y los demás guatas amarillas sufrían con el paso del tiempo, mientras el asunto iba cero a cero.
En la conversa se recordaban episodios de Everton 1976 o cuando al paraguayo Caballero se le fue un penal, dejando a los ruleteros lejos de la copa.
También se recordó el gran dibujo que hizo Lukas en la década de los ‘80, donde muestra a los árbitros dando la vuelta olímpica junto a los jugadores del Colo Colo.
Ahora nuevamente el arbitraje fue pésimo y además casi me provoca una úlcera, ya que insuflado por la cerveza y la pasión oro cielo grité el anulado gol de Everton con todas mis ganas frente a los rostros de los indios, pero al final me tuve que tragar mi celebración, provocándome malestares estomacales.
Ahora, y vuelvo a insistir, sólo queda tener fe, ya que si a los 15 minutos del primer tiempo el Everton logra meterle un gol al Colo Colo, el Sausalito se transformará en una caldera hirviendo.
Quiero celebrar con los guata amarilla en las calles de Viña del Mar. Quiero destapar botellas de champaña y ron y emborracharme de triunfo y alegrías. Quiero marchar gritando Ever for Ever hasta quedar ronco.
¿Sucederá esto?
Tenemos que confiar en los jugadores evertonianos, quienes ya tienen experiencia en revertir este tipo de resultados. Ya estamos cansados de mirar al suelo y de no poder levantar la copa y dar la vuelta olímpica.
Hay algo en el aire que dice que ganaremos, a pesar de todas las brujerías, hechicerías y aquelarres que digan lo contrario.


5.26.2008

Girando en 300 grados


Por Ajenjo

Mi novia se mudará de Santiago a Valparaíso ya que encontró trabajo en la región (¡milagro!); por lo tanto, decidí llevarla a conocer el restaurante giratorio de la ciudad, para que admirara la belleza del mar y sus cerros y se diera cuenta del gran cambio estético urbanístico que asumirá dentro de las próximas semanas.
Nos acompañó mi hijo, que estaba muy emocionado por conocer una restaurante que diera vueltas en la cima de un gran edificio.
Obviamente realicé una reserva que se respetó a totalidad. A las 14.00 horas estábamos instalados en una mesa del Coco Loco con una vista de la bahía y el portaaviones "George Washington" en su máximo esplendor.
Me pedí una cervecita para relajarme y de entrada un plato de locos con salsa al gusto y machitas a la parmesana. Todo bien y normal.
Yo conocí este restaurante hace nueve años aproximadamente, cuando llevé como agradecimiento a una amiga que me acogió muy bien en Europa y me pareció espectacular la vista que ofrecía a los turistas: el mar y el frontón de cerros con sus casitas coloridas.
Después mi madre me invitó a tomar una once, pero al parecer no logramos ingresar a la zona que da vueltas y vueltas.
Ahora había un cambio. El restaurante gira, pero hay un buen trozo de paisaje que fue eliminado por una extensión que se le agregó al local. De los 360 grados que uno gira, hay más de 60 grados donde sólo se miran sillas, pasillos y más sillas ¿Estaba eso antes? No lo recuerdo, pero es bien fome.
Para olvidar la vista pedimos un vinito tinto y los platos de fondo. Avestruz para ella (que quería experimentar nuevos sabores) y un congrio relleno para mí. Los platos estaban buenos y bastante contundentes.
Cuando pedimos el postre justo estábamos saliendo de la "extraña vista" y volvíamos a los cerros de mi Valparaíso. Se comió un flan con sabor al trago Baileys, mientras yo le pedía un ron al garzón, que lo sirvió con bastante generosidad.
Después de eso la cabeza comenzó a transformarse en un restaurante giratorio. Muy chispeado y bromista me retiré del local, mientras mi hijo me exigía que lo llevará a ver "El Príncipe Caspian", en el Cine Hoyts.
Fue así que mientras ejércitos de minotauros, leones, tigres y seres bastante fantásticos protagonizaban violentas batallas por el control de Narnia, yo dormitaba un poco y recordaba que hay cosas que dan vueltas y vueltas, como la vida misma.
Por más que uno se empeñe en cambiar, siempre se llega al mismo lugar.


5.19.2008

De chunchules y erizos


Por Ajenjo

La palabra colesterol casi no existió en la vida de mis abuelos y padres. Para ellos lo que más podía sonar como alguna enfermedad asociada a las grasas del corazón era el arteriosclerosis o algo así.
Ahora tengo amigos que se hacen exámenes médicos con la misma emoción que uno se devora un pernil con papas cocidas y ensalada de lechuga.
Lamentablemente soy un poco suicida en mi forma de vida gastronómica. Y mis amigos también.
Cuando nos ponen las parrilladas llenas de chunchules en el "Moneda de Oro" o los terribles platos de erizos de "La Gatita" en Concón, jamás hemos pensado en el colesterol bueno o malo o en nuestras arterias transformadas en una cañería a punto de explotar por el sarro acumulado. Simplemente le echamos "pa´ dentro no más".
Lo único que nos está salvando es la ingesta de vino tinto. Desde hace años que dicen que el Cabernet Pipeñón es bueno para la salud, pero "una sola copa al día" (ahí está otro de nuestros problemas).
Ahora, cuando me quedan un poco más de 400 días para cumplir los 40 años, estoy algo preocupado y seguramente tendré que someterme a los galenos y sus invasivos exámenes.
Recuerdo a mi padre sacando el bicho del erizo y tragándoselo frente a los ojos de sus asombrados hijos. Esa escena vuelve a mi cabeza cuando agarro un pan batido caliente, lo unto de mantequilla, le instalo una lengua anaranjada de erizo y me lo sirvo. Después una copita de vino blanco helado y ya estamos en el cielo.
Pienso en OrsonWells y Marlon Brando, dos colosos que terminaron cobrando por sus películas todo lo que podían comer, beber y fumar.
Siento que un médico me lanzará la media sentencia: "la grasa le está saliendo por las orejas y las venas, por lo tanto coma más sanito".
¿Tendré que renunciar definitivamente a los erizos y chunchules?
Creo en la ciencia y en sus grandes avances y estoy casi seguro que pronto saldrá a la venta una pastilla que elimine todo el colesterol malo y permita comer y beber a destajo.
Mientras tanto, y desconociendo el estado interno del cuerpo, sólo queda seguir conversando, mientras la parrillada de restaurante sigue emitiendo ese chirrido lleno de grasa, amistad y buena onda.
¡Qué vivan los chunchules y los erizos!


5.12.2008

La gatita de Concón


Por Ajenjo

Concón ha sido, desde una perspectiva personal, una comuna asociada directamente a las empanadas fritas y a esa chimenea gigante de la refinería de petróleo, que cuando niño me hipnotizaba ya que el mito urbano era que “nunca se apagaba y siempre está lanzando esa llamarada de dragón”.
Durante muchos años fue un anexo de Viña del Mar muy extraño, que se convertía en la puerta de escape para ir a Ritoque, Horcón o a Quillota.
Poco a poco fue caracterizando por una onda gastronómica de “picada”, pero que verdaderamente tiene muy poco ya que sus precios no son baratos y su gastronomía tampoco es de alta calidad.
Hay excepciones como las empanadas “Las Famosas”, que ahora pasa cerrada y desconocemos si se acabó para siempre o están en una etapa de renovación.
El martes pasado tuve la oportunidad de conocer “La gatita”, un pequeño restaurante ubicado en el borde costero, frente al negocio de un hombre que fabrica reproducciones de moai en piedra.
Más datos no me gustaría entregar, ya que el restaurante era tan “piolita”, que es mejor guardarlo como un cuasi secreto, como un lugar clandestino para comer y tomar muy bien.
El oftalmólogo fue quien entregó el dato “y es mejor ir en la semana, ya que los sábados y domingos hay que llegar a almorzar a las 12 del día o a las 4 de la tarde para no quedar fuera.
El lugar tiene unas 12 mesas y comimos machas a la parmesanas, erizos y un pastel de jaiba, más dos botellas de vino blanco un par de celestinos con helado y unos rones para terminar la tarde.
En medio del almuerzo llegó la actriz Paola Volpato. Mis compañeros de mesa me tuvieron que calmar para que no fuera tan ordinario y me parara a decirle lo bella que es y que todavía no puedo sacarme de la memoria la escena de la inspectora Sanetti amarrada a la cama desnuda, frágil y valiente, mientras un sicópata le sacaba el corazón.
Al final no me levanté, ni siquiera insuflado por el roncito con cocacola y sólo observaba su rostro y como devoraba su paila marina.
En resumen: “La gatita”, uno de los mejores restaurantes y la Volpato en mis sueños eternos.

ajenjoverde@hotmail.com

5.06.2008

Desayuno o morir


Paso por el "Danubio Azul", en la calle Esmeralda, para tomar desayuno: una paila con dos huevos, pan amasado y una humeante taza de té.
El local está en pleno proceso de remodelación y eso ha implicado que la paila cueste 1.200 pesos. ¿No será muy caro?, me pregunto mientras mojo la miguita con la yema.
Recuerdo al desaparecido "Bernal" y sus completos exquisitos. Sinceramente creo que uno de los mayores secretos estaba en la mayonesa que le aplicaba el maestro planchero. Para nuestros hígados castigados por la vida una mala mayonesa puede mandarnos al hospital.
Un amigo me dice que en la noche el "Danubio Azul" tendrá otra onda. Música, jazz, electrónica... ¿Quién sabe? Ojalá que el sabor de sus completos y sanguchitos no cambie. Hay veces que las renovaciones porteñas sólo sirven para caer en el más hondo de los precipicios. Siempre he sido militante de los locales antiguos, de madera, con atención personalizada y con platos y tragos grandes y provechosos.
Hablando de desayunos hay que citar el café de los argentinos, ubicado al lado del Café del Poeta, en la plaza Aníbal Pinto. Hay una oferta de un vasito de soda, otra de jugo natural, un café cortado y dos medialunas calientitas con un toque de salsa dulce. Todo esto creo que vale 1.090 pesos y les puedo asegurar que es absolutamente rico y fresco... ¡Hasta las garzonas que atienden!
Los desayunos son importantes, especialmente cuando la noche anterior ha sido regada y las neuronas y el estómago piden bálsamos para calmar el dolor. Recuerdo a Juanito Piatze, uno de los filósofos chilenos especialistas en Nietzsche, corriendo por Condell hacia el "Bogarín" de la Plaza Victoria, para apagar la hoguera mental con tres o cuatro jugos naturales. Mi preferido es un buen vaso de papaya con un sandwich digno de los dioses que tiene lechuga, mortadela y tres pancitos de molde: "la milanesa". Este sandwich siempre lo preparan en el momento y toda la ciencia está en el líquido que utilizan para adobar la lechugita.
Con tanto escribir de comida se me abrió el apetito. ¿Adónde voy a calmar el gusano de la tripa que exige su alimento mañanero? ¿A las caras pailas con huevo del "Danubio? ¿Dónde los argentinos y sus garzonas o al clásico "Bogarín"?

4.25.2008

Inti Illi Maiden


Por Ajenjo

Me estoy preparando para asistir al recital de Paul Di’ Anno en ElHuevo. El cantante fue un antiguo vocalista de Iron Maiden, que fue expulsado del grupo porque en la gira de Japón se caía por lo drogado en que se encontraba todo el tiempo. El tipo, al parecer, es un rockero duro de marca mayor y seguramente dejará su huella en Valparaíso.
También tengo programado asistir al recital de Los Jaivas e Inti Illimani, que está agendado para mañana en la Quinta Vergara.
¿Cómo te puede gustar la música folclórica andina y el heavy metal?, me preguntaban desde chico los puristas extremos, que no aceptaban la fusiones musicales.
“Son cuestiones de gusto no más”, decía cuando tenía 25 años y guardaba en mi mochila los discos de Marilyn Manson al ladito de Los Jaivas.
La parada de “metalero artesano” también se proyectaba en mi forma de vestir. Una polera de Cannibal Corps debajo de una chaqueta multicolor comprada en un mercado de Cuzco. Una camiseta teñida con anilina con sicodélicos remolinos junto a una chaqueta de cuero.
Esa extraña amalgama fue lo que me tocó vivir. La música folclórica la escuché desde pequeño y fue la franja sonora del gobierno de Pinochet. Entre medio llegó el rock pesado, que para un espíritu joven tiene el atractivo que otorga una cervecita helada.
Otro factor para explicar esta mixtura sonora son los amigos. Tenía compadritos que militaban en el satanismo rockero en forma pesada y extrema, mientras otros seguían con sus tímpanos pegados a las zampoñas, quenas y trutrucas.
De todas maneras existían puntos comunes. Los artesas y los trashers eran secos para tomar copete. El vino tinto en caja para los amantes del folclor y el ron barato para los rockers. La idea era siempre quedar bastante ebrios.
Uno de los grupos que ha logrado fundir el rock y el folclor fueron Los Jaivas. Todavía tengo en mi retina memorial la imagen de “Gato” Alquinta con sus pelos parados y pulseras de cuero.
¡Larga vida a Los Jaivas y Iron Maiden !

ajenjoverde@hotmail.com

4.19.2008

Ojos morados



Por Ajenjo

Salgo del cine impactado por la mafia rusa actuando en todo su esplendor. Después de observar la sobrevalorada "Sin lugar para los débiles" tuve la suerte de ver "Promesas del este" la última joyita de David Cronenberg, quien sigue siendo, para mi, uno de los directores más respetados.
Fui completamente sobrio y solo al cine. En toda mi lucidez mental. Recordé los tiempos en que meterme a las salas, a la hora que fuera, era un vicio solitario y persistente, que lo fui dejando por los avatares de la rutina de la sociedad trabajólica y consumista.
La película es violenta, muy violenta, sin embargo la semana pasada me pude dar cuenta que la fuerza bruta está presente en todos lados y pertenece a nuestra querida naturaleza de ser humano.
A mi hijo de siete años lo empujaron en su colegio por la escalera para abajo. Quedó con un machucón muy feo en su cabeza, que lentamente fue bajando y transformando su ojo en un pozo de tinta. Fuimos a Reñaca para aprovechar este abril veraniego y se paseaba de mi mano, mientras las personas pensaban: "santo Dios y pobre niño, como lo deben golpear en su familia". Onda la media violencia intrafamiliar.
Poco me ha importado en mi vida lo que piensan los demás. "Los grandes siempre están en la boca de los más chicos", me decía un compañero de universidad que era "pelado" hasta por la vieja del kiosco por sus extrañas costumbres para vestirse, hablar y actuar. Ahora, de la mano con mi hijo y su ojo entintado, nuevamente pensé que la gente habla por hablar.
Los ojos morados siguieron siendo una constante en mi vida. A mi querida madre la asaltaron en pleno centro de Viña. Un lanza le arrebató su cartera y se cayó, pegándose el medio cabezazo en la vereda.
Yo estaba saliendo de una tina con sal de mar y me estaba poniendo el pijama cuando me avisaron. Ahí empezó a operar "el efecto periodista" ya que el chofer de la ambulancia me conocía por las circunstancias de la pega y me llamó para contarme que mi madre estaba machucada y lloraba en una sala de la posta del Hospital Gustavo Fricke.
¡Menos mal que estoy sobrio!, me dije para mis adentros y salí disparado como una bala loca para abrazar a mi madre y llevarla devuelta a su hogar.
Ahí estuve acompañándola y regaloneándola, mientras su ojo se iba volviendo más y más morado.
Les contaría la vez que en la universidad quedé con el ojo morado, pero lo poco que me queda de recato me lo impide.

ajenjoverde@hotmail.com

4.12.2008

¿Dónde estás Gabriel?


Monseñor Enrique Barilari, con esa voz potente y firme que siempre lo caracterizó en sus misas de mediodía en la Parroquia de Viña del Mar, sentenció: "Sube a nacer conmigo hermano Gabriel Parra" y los aplausos y lágrimas brotaron en una amalgama confusa y triste.
La anterior escena corresponde a un día de mediados de abril de 1988, hace 20 años; junto a mi amigo Werner Lips nos habíamos fugado del colegio para asistir al funeral del baterista de Los Jaivas, quien había muerto en un accidente automovilístico, dejándonos solos, tristes y abandonados en el oscuro Chile ochentero.
Con mi amigo subimos al segundo piso de la parroquia, que había cerrado sus puertas debido a la masa de hippies que trataba de ingresar. Por primera vez en mi vida pude observar gente tomando cajas de vino en las calles. Eran la novedad máxima y fueron el principal bastón que tuvieron los asistentes al funeral para olvidar tanta pena.
Había pequeñas diabladas y grupos nortinos que tocaban pitos (también se los fumaban) y tambores. La salida de la parroquia fue un verdadero caos. En el puente Libertad, la masa se apretó para poder llegar al cementerio Santa Inés y perdí de vista a mi socio. Continué solo hasta llegar al camposanto y la gente se colaba por las paredes. El mito dice que le lanzaban cogollos de marihuana a la tumba mientras entonaban "Todos juntos". Yo no pude entrar y sólo me quedé afuera, mientras la policía dispersaba a los que no querían moverse.
Volví a mi casa cansado y triste, pensando que Los Jaivas también desaparecerían. No tenía idea de la existencia de Juanita, esa mujer gigante y bella de la que sigo perdidamente enamorado.
Cuando me hablan de Gabriel Parra, siempre cuento la historia de su funeral; sin embargo, prefiero quedarme con la imagen del diablo multicolor, que en una lisérgica danza transformó a toda la Quinta Vergara y logró mutar mis pensamientos y mi vida bajo la música que más he amado y defendido en mi existencia: el rock cósmico andino.
¿Dónde estarás Gabriel?
¿Acaso en los ojos de tu nieta llamada Kayla?

4.09.2008

Las caras de nalgas


Por Ajenjo

- ¿Sabe de algún lugar aquí en Valparaíso que tengan wi-fi para conectarse al notebook?
-“Claro, muchacho, aquí, suba al segundo piso y se podrá conectar sin problema -responde un garzón del restaurante Aqualuna, ubicado en la esquina de O’Higgins con Bellavista, en Valparaíso.
Nunca había entrado a ese local que durante largos años ha pasado por varios dueños; sin embargo ahora es un pub moderno y con un empeño en la atención y en el servicio que no parece ser porteño. Por 900 pesos sirven unos shop de una cerveza sureña tipo torobayo de gran tamaño cuerpo y color, además de unos sanguruchos y platos bastante ricos.
Me encontraba con mi amigo computín, quien por obligación tiene que estar en algún lugar con wi-fi, y observamos, comiéndonos unos suculentos Barros Luco, una terrible escena de pareja chilena. El novio, esposo o amante le decía a la muchacha: “¿Hasta cuándo vas a tener esa cara de nalga?”.
A través de mi corta e intensa vida he descubierto que la mujer chilena es seca para instalar cara de nalga en situaciones que le molestan y que sirven para amargar al supuesto culpable. Esas caras, que simulan ser también de “vaca empantanada”, tienen como objetivo echar a perder la noche y no existe remedio para transformarla o sacarla de una vez.
“Cómase lo que quiera, pida su trago preferido o ¿quieres ir al cine?”, le preguntaba el pololo a su novia para tratar de cambiar su aspecto facial; sin embargo, no sucedió nada y se fueron bastante amargados y deprimidos.
Nosotros seguíamos bajándonos los ricos shops torobayos y nos percatamos de que comenzó a funcionar un karaoke en el pub, situación que nos hizo retirar a nuestro querido Moneda de Oro, ya que no estoy en edad de escuchar a cantantes novatos.
Con nuestros gigantescos rones con Coca Cola en la mano conversamos sobre las caras de nalga de la mujer chilena y llegamos a la conclusión de que es la mejor herramienta o arma que tiene para destruir una noche de carrete y buena onda.
Mujer chilena, si estás leyendo esta columna, te digo humildemente: ¡que se acaben las caras de nalgas ahora mismo!

4.02.2008

Cordillera y Calamaro


Por Ajenjo

Estoy cruzando la Cordillera de los Andes en un bus de dos pisos y voy rumbo a Mendoza para asistir a un recital de Andrés Calamaro en el Estadio Talleres.
En la alta montaña, mi novia le pidió una mantita al auxiliar ya que el frío empezaba a calar los huesos, sin embargo no había y la amigdalitis avanzó sin transar.
Llegamos a las seis y media de la madrugada al terminal trasandino y un taxi nos dejó en el centro de la ciudad. Un hotel nos reservó unas piezas a las diez de la mañana y tuvimos que hacer hora comiendo facturas, tomando café y unas cervezas Quilmes mañaneras que anunciaron que el viaje estaría bastante achichado.
Antes del recital visitamos una parrillada argentina. Nos pedimos los medios bistocos y unos vinos Malbec que lograron llevarnos al ciberespacio. Caminamos alegres y felices por las sombreadas veredas mendocinas y encontramos un casino. Jugué unas cuantas monedas y me gané 50 pesos. Decidí convertirlos en dos vasotes de Chivas Regal y un fernet con coca, para aumentar la intensidad y apaciguar la ansiedad pre recital.
Un taxi nos llevó hasta el estadio. Ahí tuvimos la suerte de ver a un artista entregándose con toda la pasión posible a su fiel público. Me compré dos poleras y canté hasta desgarrarme las cuerdas vocales. ¡El mejor recital de mi vida!
Al otro día, cansado y con mi novia arrastrando un resfriado, comenzó la sesión de compras. Discos del grupo Intoxicados, poleras de encargo, botas para mi novia, muchos libros y una pizzería que terminó de calmar el hambre consumista.
En la tarde tuve que ubicar un motel, no precisamente para realizar lo que todos los seres humanos hacen en los moteles, sino que para mi novia descansara en una cama ya que la fiebre la tenía completamente trastornada.
En la noche, y después de comprar la mantita más cara de toda mi vida, volvimos a subirnos al bus de dos pisos mientras en mis orejas resonaba fuerte: "Esta noche, amiga mía, el alcohol nos ha embriagado. ¡Qué me importa que se rían y nos llamen los mareados!..."


3.20.2008

Aburridos poetas


Por Ajenjo

Por estas cosas del destino y del azar terminé sentado en el bar "Pajarito", en la calle Salvador Donoso, al lado de un extraño cantante que le dicen "Chinoy" y que es catalogado como el nuevo Bob Dylan chileno. Su cara es bastante atípica y proyecta un aura de buen tipo.
En la mesa hay personas relacionadas con la poesía porteña, ya que es un día martes, donde se lleva a cabo un show denominado "micrófono abierto" y donde los escritores salen a recitar sus tristes y melancólicos versos.
¿Puede haber algo más aburrido que escuchar a un tipo de largo abrigo negro que recita "quiero morir, por favor mátenme si pueden"? Personalmente podría haber sacado una lanza o un machete y lanzarlo, sin pensarlo dos veces, hacia la cabeza del maldito vate; sin embargo, alguna vez recité en actos de este tipo y la vergüenza me impidió seguir pensando en el acto asesino.
Casi todo el público está bastante ebrio o camino a una fuerte borrachera. Muy pocos escuchan a los que recitan y en mi mesa se habla y se habla sobre los combos que le pegaron a un tal Mellado, que incriminó cobardemente a unos poetas en un robo de una mochila.
"Menos mal que ya no tiene tribuna", asegura uno de los organizadores de recitales poéticos; sin embargo, el tal Mellado apareció más violento y virulento con un mortal cuento denominado "Ratas", donde insulta y despotrica contra todos los literatos porteños. A esta altura a mí ya me da lo mismo toda esta pelea, porque cumplí con mi cuota de recitales, donde pinté el mono varias veces. Me sacaron a violentos empujones del Journal, me gritaron traidor los militantes socialistas y una vez un par de viejas locas me agarró a garabato limpio en la Feria del Libro de Viña del Mar.
En ese tiempo pensaba que la poesía era algo social, que tenía un mensaje que necesitaba, imperativamente, salir al exterior. Ahora creo que la poesía es algo personal, para leer en silencio en momentos en que uno no sabe si agarrar una pistola o la Biblia.
Cada uno con lo suyo y sin joder a los demás, es mi lema de vida. Yo ya no estoy para salir a recitar "la vida se me escapa por que tú no estás". Estoy chato de tanta cursilería aburrida y sinceramente prefiero tomar antes que leer o escuchar poesía.



3.18.2008

Comiendo conejo


Por Ajenjo

Mi novia me lleva de la mano a cenar en un restaurante del barrio Yungay, en Santiago, conocido como “La peluquería francesa”. El asunto es bastante cuico y me recuerda el “J. Cruz”, ya que además de servir comida y vino, está lleno de antigüedades que se venden a los clientes.
Miro la carta y me la juego por un conejo a la mostaza. Me llega un plato que parece un gran pedazo de pollo, pero con un mínimo de carne. Lucho contra el plato tratando de sacar algo y la carne es bastante sabrosa, pero algo dura.
Al ver al conejo en el plato recordé un episodio universitario en Colliguay, cuando con un grupo de compañeros, más un arquitecto colado, decidimos acampar a la orilla del río y vivir como hippies un par de días.
Mientras abríamos unas latas de atún para instalarlas en las hallullas llegaron unos cazadores que cargaban dos conejos. Se los cambiamos por 300 pesos, unos cigarrillos y una caja de vino a medio tomar. Los hombres se apiadaron de nosotros y les sacaron la piel a los conejos, les cortaron las patas (yo me llevé una de recuerdo) y nos dejaron los cuerpos para que los cocináramos.
Ninguno de nosotros sabía que hacer con esas especies de gatos descuerados que colgaban desde un árbol y que atraían a las moscas y las molestas avispas chaquetas amarillas.
En un arranque de vocación de chef decido cocinar los conejos “al palo”. Encendimos una fogata y crucificamos a los animales. El asunto empezó a transformarse en algo bastante raro. Cualquier vecino que transitó por ahí se debe haber pasado la película de un grupo satánico o de brujería negra.
La carne apenas se asaba y el hambre nos motivaba para acercar los cuerpos al fuego. Al final tratamos de comernos los conejos en la más “cromañón” y decidimos abrir una botellita de pisco para olvidar el episodio y los sonidos estomacales.
Ahora sentado en la cuica “Peluquería francesa” pienso que el conejo no es una buena carta a la hora de cenar. Me dicen que su carne es dura y de muy fuerte olor y que hay que dejarla reposando en sal y vinagre por horas.
¡¿Por qué no habré pedido una merluza frita con ensalada chilena?!

ajenjoverde@hotmail.com