1.03.2013

Chantiasco sin santiaguinos




Por Ajenjo

Me vine a pasar el fin de semana largo a Santiago y estoy feliz. La ciudad está deshabitada. Parece una película de zombies o de exterminio humano. Seguramente todos los ganadores capitalinos se fueron al litoral, en busca de algo de paz. 
Partí visitando la exposición de la Colección Peggy Guggenheim de Venecia, con obras de los grandes artistas de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX: Kandinsky, Dalí, Pollock, Vasarely, Picasso, entre otros. 
Quedé para adentro con varios cuadros. Los de Pollock son heavy metal. El que más me gusto fue uno de Vestido de novia, de Maex Ernst. Durante varios segundos miré la cara de la protagonista del cuadro. Rara. 
¿Ha visto un Dali en vivo en directo en su vida? Ahora puede hacerlo y cuesta dos luquitas. El único rollo es que hay que viajar a Santiago y transar con los chantiaguinos, pero yo me ahorré ese agrio trámite. 
Después nos fuimos al bar The Clinic. Ahí me comí el plato Longueira, que era una gran longaniza con dos papas y cebolla. Mi brother se comió un Corteira, que era lo mismo, pero con prieta. Mi bella mujer se sirvió su carne mechada. 
Me mande un litro de cerveza al pecho y fui feliz. Que bar más pulento. En la carta mostraban una novedad que todavía no llega a Valparaíso: “El empanapleto”. Nadie lo pidió, pero nos imaginamos que era un pan de completo con pino en su interior. 
En el baño del bar había una frase en el urinario que decía: “no es que lo tenga chico, es que hace mucho frío”. Se le atribuye a la chanta de la sicóloga Pilar Sordo. 
Lo pase bien. Me queda la Feria del libro, donde estoy invitado al relanzamiento del libro “Sodoma Mia”, de Pancho Casas. “Anda, habrá vinito”, me dijo el artista a través de Facebook. 
Hace mucho tiempo que no era feliz en Santiago. La ciudad es hermosa, especialmente sus parques y museos. El problema está en la gente. 
El problema siempre está en la gente.


ajenjoverde@hotmail.com

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