Los textos de "El fondo tiene un vaso" han sido y se siguen publicando en el diario "La Estrella de Valparaíso" (www.estrellavalpo.cl) todos los viernes y consisten en una crónica urbana, personal y literaria de la actual bohemia de este puerto chileno. En el periódico se editan bajo el título de "Crónicas de Medianoche". Se publican hace nueve años.
8.18.2011
El poderoso power del vodka (Los copetes de mi vida 2° Parte)
Por Ajenjo
A finales de los años 80 empezaron a llegar las primeras botellas del famoso vodka ruso Stolichnaya a los supermercados del país. La botella, con un diseño bastante ordinario, no era muy cara y fue la puerta de entrada para conocer este exquisito trago que, personalmente hablando, tiene un terrible punch power energético en las neuronas.
Al principio los Stolichnaya venían sin dosificador de plástico y en botellas de tres cuartos y de litro. Corrían muchos rumores de que en Paraguay se falsificaban y el mito hablaba, incluso, de gente que había quedado ciega con este trago. Puras mentiras.
Cuando estaba en la universidad nos fuimos a veranear a Maitencillo. Con mi amigo, el arquitecto, nos comprábamos, por sólo 700 pesos, un vodka chileno llamado Siberia. Era como tomar alcohol de quemar y las cosas que nos pasaron, después de vaciar esa botella, están guardadas en la memoria de la risa y la vergüenza.
Con platita en el bolsillo pude conocer el Absolut y todos sus sabores. ¡Qué botella más linda y que licor más rico! Un brother me regalo la versión rockera de este licor sueco. Venía forrado con cuero y puntas metálicas. Lo mejor es guardar la botella en el congelador (no se convierte en hielo, solo se espesa) y si uno anda medio nervioso, mandarse un trago chico. Pasa por el gaznate como el mejor remedio para el cuerpo y la mente.
Para un recital de Andrés Calamaro, en el pésimo espacio Riesco, entramos, con un brother fotógrafo, unas petacas azules de un vodka llamado Sky. Cuando fuimos a comprar alguna bebida blanca para echarle, nos encontramos que no había nada de nada para mezclar. La bebimos al puritano y fue una experiencia bastante buena y distorsionada.
Diego Maquieira, el gran poeta, casi queda ciego con tanto vodka y dicen que el suelo de su casa llego a estar lleno de botellas. Ahora ya no bebe.
Las mujeres alcohólicas lo prefieren ya que no deja aliento y les permite pasar inadvertidas frente a su adicción. Personalmente creo que el buen vodka es un trago estimulante, que te lleva a buenas conversaciones, al baile y al carrete. Último consejo: denle harto vodka a una mujer que deseen... y después me cuentan.
ajenjoverde@hotmail.com
Mi nostálgica relación con el pisco. (Los copetes de mi vida 1° parte)
Por Ajenjo
Cuando siento el dulzón olor del pisco con Coca Cola y hielo se me viene a la mente un montón de recuerdos de mi ya desaparecida juventud física, donde éramos capaces de bajarnos un Capel de 35 grados a medias con un amigo y salir a la calle pensando que estábamos súper bien (y dejábamos las medias embarradas).
Mi socio, que actualmente es un arquitecto que trabaja en la muni de Viña, vivía en la calle Quillota y tenía (todavía la tiene) una mamá súper buena onda. Ella nos advirtió que si seguíamos tomando en las escaleras de Valparaíso o en las plazas terminaríamos detenidos o asaltados por delincuentes. “Beban en la casa, si ustedes son todos estudiantes universitarios e inteligentes”, nos dijo la tía. Fue así como todos los viernes llegábamos con la roja botella de Capel o la negra botella de Control a la casa de mi brother, donde charlábamos y hacíamos la previa, antes de tomar la micro a Valparaíso y llegar al Proa al Cañaveral, lugar donde bailábamos y seguíamos bebiendo.
Recuerdo una botillería, en los alrededores de 15 Norte, en Viña, donde nos vendían los combinados preparados. Era una señora que mezclaba las botellas altiro, por un poco más de plata, y uno salía con su cantimplora lista para la foto. Muchas veces las tomábamos en la misma micro, con el vasito plástico.
Era el final de la negra década del 80 y el comienzo de los agitados 90. En los supermercados sólo se vendía pisco (a un precio alcanzable para universitarios) y era controlado por dos empresas. Pronto empezaron a subir de graduación alcohólica y terminamos tomando uno de 45 grados, que era súper doradito y que te dejaba terrible de loquito.
Desde que era niño le preparé los tragos a mi padre. El tomaba whisky, que duraba los diez primeros días del mes, y después pura piscolita. Yo se las preparaba y mientras subía la escalera a su pieza me pegaba la probada. “Está muy débil”, decía dentro de mi cerebro y bajaba a tirarle más agua de fuego.
Ahora ya no tomo pisco. Creo que si uno bebe mucho de un trago específico termina por llenar la cuota y después ya no lo puede ver más. Hace un par de año no soportaba ni el olor, pero ahora, como que me viene la nostalgia y las ganas de mandarme mi piscolita.
ajenjoverde@hotmail.com
¿Por qué La Gatita es uno de los mejores restaurantes de Chile?

Por Ajenjo
Casi la mitad de mi sueldo me la gasto almorzando y cenando en restaurantes. Es una de las cosas que más disfruto en la vida, especialmente cuando uno está acompañado de buenos amigos, bellas mujeres, conversa entrete y mucho vino y pisco sour.
Trato de ir siempre a lugares diferentes, pero cuando uno es bien atendido, la comida es rica y la boleta final es justa, uno se convierte en adicto.
Eso es precisamente lo que me pasa con La Gatita, de Concón, donde por lo menos dos veces al mes me dejo caer suavemente y me doy unos pataches exquisitos y queme llevan a asegurar que este restaurante es uno de los mejores de Chile.
Mi plato preferido se llama La Gatita. Tiene machas a la parmesana, camarones a granel, jaiba desmenuzada y loco. Las machas a la parmesana tienen una mezcla de crema y queso que jamás he logrado repetir en la cocina de la casa.
Todo está ultra fresco y muy sabroso.
Personalmente durante años no comí jaiba. Quedé traumado ya que tuve que ir a cubrir la sacada de un cadáver del mar, en la playa La Boca. El cuerpo sin vida estaba blanco transparente y de su boca salían jaibas vivas. Los pescadores me contaron que estos bichos se comían todo el interior de los cuerpos. “Son como pirañas”. Durante años recordé esta visión, pero en La Gatitas la jaiva desmenuzada es tan rica, que fue capaz de matar mi trauma.
Este plato es para compartir entre cuatro personas. De segundo me gusta el congrio a lo pobre o a la margarita. Todo es abundante y con un sabor espectacular.
Cuando uno llega a este restaurante hay que anotarse en una lista ya que siempre está repleto. Pueden pasar dos o tres horas de espera, pero a mi no me importa. He aprendido a pulir mi paciencia a la espera de los ricos manjares marinos que sirven. La atención es simple, rápida y sin atados.
Hay buenos vinos y todo tiene el precio justo, sin ridículos sobrecargos.
El secreto de La Gatita está en su humildad y excelencia.
ajenjoverde@hotmail.com
La noche en que el escritor Victor Rojas se llevó mi sombrero
Por Ajenjo
Hace como siete años, cuando era un fanático de Alexander De Large, el protagonista de La Naranja Mecánica, me compré un sombrero de hongo o bombín, que me lo llevaron en una gran caja al hotel donde me estaba quedando en Buenos Aires. El sombrero nunca me quedó bien, ya que lo compré a pedido por internet y, al parecer no me medí muy bien la cabeza.
El viernes pasado estábamos celebrando mi cumpleaños. Alas 2 de la mañana mucha agua había cruzado por el río (bueno, no precisamente agua). Alguien encontró el sombrero en la biblioteca y se lo puso. Era el escritor y cronista Víctor Rojas, a quien le calzó como un anillo al dedo. Por lo que supe días después, le dije que se lo llevara, ya que nunca lo había podido ocupar y a él le quedaba muy bien.
Supe de este “desprendimiento alcohólico”a través del chat de Facebook, cuando el propio escritor me dijo que tenía mi sombrero, que a todo esto es muy fino y caro.
A eso se suma que no abrí ningún regalo. A todo el mundo lo hacía pasar a la casa y dejaba en una esquina los paquetes de colores, a la espera de que en algún momento de la noche los abriera. Todos se fueron (¡este año no tuve que echarlos!), menos uno que estaba agarrado a la lavadora y no podía moverse.
Al otro día me encontré con varios libros, especialmente uno que recopila fotos y textos del cineasta Stanley Kubric. Es de la potente editorial Taschen y está de lujo. También encontré una petaca metálica con símbolos de la antigua Rusia (el martillo y la hoz) y varias botellas de licor: vodka, ron y mucho vino tinto.
Ahora, cuando la resaca del cumpleaños ya pasó, pienso en mi sombrero de hongo, que ya está en otra cabeza y que ojalá tenga un destino honorable.
Lo que se da no se quita y eso es la pura y santa verdad.
ajenjoverde@hotmail.com
Hace como siete años, cuando era un fanático de Alexander De Large, el protagonista de La Naranja Mecánica, me compré un sombrero de hongo o bombín, que me lo llevaron en una gran caja al hotel donde me estaba quedando en Buenos Aires. El sombrero nunca me quedó bien, ya que lo compré a pedido por internet y, al parecer no me medí muy bien la cabeza.
El viernes pasado estábamos celebrando mi cumpleaños. Alas 2 de la mañana mucha agua había cruzado por el río (bueno, no precisamente agua). Alguien encontró el sombrero en la biblioteca y se lo puso. Era el escritor y cronista Víctor Rojas, a quien le calzó como un anillo al dedo. Por lo que supe días después, le dije que se lo llevara, ya que nunca lo había podido ocupar y a él le quedaba muy bien.
Supe de este “desprendimiento alcohólico”a través del chat de Facebook, cuando el propio escritor me dijo que tenía mi sombrero, que a todo esto es muy fino y caro.
A eso se suma que no abrí ningún regalo. A todo el mundo lo hacía pasar a la casa y dejaba en una esquina los paquetes de colores, a la espera de que en algún momento de la noche los abriera. Todos se fueron (¡este año no tuve que echarlos!), menos uno que estaba agarrado a la lavadora y no podía moverse.
Al otro día me encontré con varios libros, especialmente uno que recopila fotos y textos del cineasta Stanley Kubric. Es de la potente editorial Taschen y está de lujo. También encontré una petaca metálica con símbolos de la antigua Rusia (el martillo y la hoz) y varias botellas de licor: vodka, ron y mucho vino tinto.
Ahora, cuando la resaca del cumpleaños ya pasó, pienso en mi sombrero de hongo, que ya está en otra cabeza y que ojalá tenga un destino honorable.
Lo que se da no se quita y eso es la pura y santa verdad.
ajenjoverde@hotmail.com
8.16.2011
Más perdido que el Teniente Bello
Por Ajenjo
Son la una de la mañana y me encuentro afuera del local rockero La Cantera, en el corazón del barrio Chino de Valparaíso. Mi brother le pregunta al tipo de la puerta: ¿Hoy hay un homenaje a The Doors y Jimy Hendrix por Los Sombras Púrpuras? ¿Verdad? El tipo le pone una terrible cara de interrogante y le dice: “ nada que ver, está tocando Leo Quinteros y Diego Peralta”.
¿¡Cómo!?, le digo yo con cara de semi enojado y desubicado.
Al final entramos a tomarnos unas chelas. Bajé por algunos minutos a mirar al cantante. Me aburrí como una ostra, ya que ese día me había preparado mentalmente para The Doors y Hendrix, pero bueno... la vida es así.
Ese sábado comenzó con un regado almuerzo en la casa de una familia amiga. Como a las seis de la tarde, y ya con los labios morados y el cerebro entrampado en vino tinto, recorrimos la Avenida Alemania y entramos a una exposición en una casa del cerro Yungay, que en mi juventud conocí ya que era habitada por tres hermosas estudiantes de sicología de la PUCV. Ahora es una sala de arte, donde un artista presentaba dibujos y otro unos inmensos telares fabricados con jockey. Estaban bien potentes, especialmente uno de calavera.
Después seguí con rumbo a la antigua Ratonera, donde vi la obra de Teatro “Mi Marilyn Monroe”, interpretada por Carmen Barros. La octogenaria actriz se manda el tremendo papel. La señora canta, baila y actúa, convirtiéndose en todo un ejemplo para las personas de la tercera edad que se encierran en sus casas y viven quejándose todo el santo día. Si llego a los 80 años, quiero tener esa fuerza, vitalidad y claridad mental.
A la salida me encontré con mi brother que transmitía y transmitía con el recital homenaje de Los Sombras Púrpuras. El pobrecito estaba más perdido que el Teniente Bello, pero su intención igual era buena.
Al final terminé chupando cerveza como condenado, mientras batía y batía la lengua y abajo, en La Cantera, los trovadores cantaban sus temas de amor y desamor.
ajenjoverde@hotmail.com
Entra la locura del sicofolclor y los recuerdos del bar Mariella
Por Ajenjo
Mi esposa (que ya no es tan santa) me dice que irá a una despedida con sus compañeros de trabajo al pub “La Piedra Feliz”, que es catalogada por un brother como “La ciudad del pecado”(onda “Sin City”). Aprovechando mi viudez del viernes en la noche, me meto a Facebook, y me doy cuenta que Umbría en Kalafate tocaba en el Teatro Mauri y lanzaba su nuevo disco a los cuatro vientos.
Hago un par de llamadas y algunos socios engancharon con el carrete.
Bajo al plan para buscar un colectivo que me lleve al Teatro Mauri, cuando siento que alguien me toma de mi chaqueta y literalmente me secuestra hacia el bar “Mariella”, de la Subida Ecuador. Es mi viejo amigo Radye, quien junto a su bella novia, se tomaban unos vinos junto al dueño del local.
En la década del ’90 tuve la oportunidad de recitar poesía en ese bar. Eran tiempos de mucha locura acumulada, de tomar hasta perder la conciencia en medio de los gritos de muerte del siglo que se iba. Me bebí una chelita de litro junto a Radye y subí a las alturas de la Avenida Alemania.
El Teatro Mauri estaba repleto. Yo me aseguré con mi petaquita de ron Bacardi en el bolsillo y pagué las dos lucrecias de la entrada. Adentro estaba muy buena onda y pudimos llegar hasta adelante, donde habían sillas plásticas para ver elshow sentado.
Hace ocho años, escribí la segunda columna “Crónicas de Medianoche”, sobre este grupo. Tocaban en el Sindicato de Estibadores y el crítico musical René Cevasco se las daba deDj. Mucha agua (y vino) ha cruzado por el río desde esa época, pero sentí que los sonidos guardaban la misma potencia y energía de esos años.
A la bajista, Pax, la conocí en la universidad. Nunca fuimos amigos amigos, pero sí compinches de carretes fuertes . Ella, muy buena onda, me reconoció y me saludó.
Cuando iba a salir al escenario llevaba una vara con una gran pelota de incienso en la punta, como una sacerdotisa del sicofolclor. Al pasar por mi lado, me tocó la cabeza y me sentí bendecido por esta música que seguiré escuchando hasta que no exista ningún árbol en la tierra.
ajenjoverde@hotmail.com
La Cuisine o el restaurante que me gustaría tener en mi vida
Por Ajenjo
Una de mis metas es lograr montar un pequeño restaurante en algún momento de mi vida. Me lo imagino pequeño, con una seis o siete mesas, manteles cuadriculados de color azul y rojo con servilletas de género. Me gustaría servir pescados frescos y pastas, además de ricos postres. Una breve pero buena carta de vinos y cervezas. Un lugar cálido, amable, buena onda, sin grandes pretensiones, sin precios inflados, sin comida con nombres exóticos como “espuma de jaiva en aire de palta”. Un lugar don de un joven pueda pedirle formalmente a su pareja ser su novia, donde se escuchen conversas de cine, de libros, de política, de hijos, de la tele. En resumen, un restaurante donde uno vaya y diga: “pucha que estaba rica esta cuestión y no era nada de caro”.Mi proyecto no está ligado a enriquecerme. Quiero terminar mis días cocinando en mi querido restaurante.
Hay un restaurante en Viña del Mar, que conocí gracias a dos bellas mujeres (una era mi santa esposa) y que podría tener ciertas características que lo acercan a mi sueño: LaCuisine.
Aquí la onda es francesa, como estar en un pequeño local al lado del Sena. Debe tener seis mesas dentro del local, que son las que me interesaron.
Deben caber unas 20 personas. Era un martes y obviamente estaba todo lleno. Pedimos el menú.
Me llegó una palta rellena. Lamentablemente, la palta estaba más dura que una roca, pero el relleno era para llorar. Mis acompañantes pidieron una sopa, que también estaba deliciosa. Después apareció una merluza austral, acompañada de una salsa de mariscos. Todo exquisito, exquisito, exquisito.
De postre un panqueque con helado. Bueno también.
Todo debe haber salido por siete mil 500 pesos por persona, con bebida chiquitita incluida.
El restaurante te invitaba a la buena conversa, de filosofía, de la vida, de la muerte y el más allá. Megustó mucho y sentí que por ahí va la mano. Quiero algo no tanf rancés, más italiano y porteño.
Ojalá me resulte y ahora a estudiar cocina.
ajenjoverde@hotmail.com
Con la luz apagada en las noches luminosas de los cerros porteños
Por Ajenjo
Parece un chiste, pero es la realidad. Se me anduvo apagando la luz en una actividad denominada“NochesLuminosas”, que el fin de semana pasado se realizó en los cerros Alegre,Concepción, Bellavista y Cárcel de Valparaíso.
Todo comenzó a las 13.30 horas, en un tradicional asado hogareño.Compré empanadas de pino en Las Famosas y masa de sopaipillas congeladas en Los Ferruzola, además de un costillar y lomo vetado para la parrilla. Mientras freía las sopaipillas y esperabala llegada del pebre, que prometió traer un brother que vive en Mantagua, me encontré
con una botella de vodka Stolichnaya en el congelador del refrigerador. Ahí comenzó el error. Me tome algunos vasillos del licor ruso con aguatónica y la goma de borrar en las
neuronas comenzó su maldito efecto.
Llegarontodos los amigos, con guaguitas y niños incluidos.Yo freía y freía sopaipillas, mientras calentaba las empanadas y preparaba el carbón en la parrilla. El vodka seguía y seguía haciendo su efecto.
Almorzamos como a las cinco de la tarde y la conversa de sobremesa estaba bastante entretenida, con varias botellitas de vino incluidas, hasta que alguien dijo: vamos a una feria de diseño que hay en la sede de Balmaceda 1215, cerca de la calle LautaroRosas”. Para allá partimos.
Recuerdo,no con mucha claridad, comprar unos bombones de chocolate con diversos aromas de hierbas. También unalibreta roja que le regalé a mi hijo. Cuando nos estábamos retirando decidí bajar por una calle empedrada y me tropecé. Las risas continuaron de inmediato y me apoyé con una mano y mi rodilla derecha. Luego di
una vuelta de carnero y me paré rápidamente. Las carcajadas continuaron y cada vez eran más sonoras.
Al llegar a la casa me di cuenta que mi nuevo pantalón, que sólo llevaba dos posturas, tenía un gran hoyo. “Al zurcidor chino”, dije en forma positiva, mientras todos los invitados me miraban con cara de “la sacaste barata con esa tremenda caída”.
A veces pienso que tengo un ángel que me cuida y que debe estar hasta la coronilla de tanto trabajo.
ajenjoverde@hotmail.com
6.30.2011
En un tour chelero por Valparaíso
Por Ajenjo
Cuando estudiábamos en la universidad tomábamos sólo cerveza Escudo ya que tenía los buscados 5.5 grados alcohólicos que necesitaba nuestro juvenil cuerpo.
Es que en ese tiempo las monedas escaseaban y la mayoría de los estudiantes se tomaba la plata para la micro y las fotocopias y al final uno volvía a su casa a pie y con un tremendo dos en la prueba. Creo que si se pudiera cuantificar la cantidad de cerveza que bebimos con mis amigos durante los cinco años de universidad podríamos llenar fácilmente varias piscinas olímpicas.
Todo comenzaba a las 10 de la mañana, con un simple: “¿Para que vamos a entrar a clases si ese viejo habla puras estupideces? Vamos a tomar al Club Social o simplemente a las escaleras del cerro Recreo”. Siempre se compraba Escudo, ya que la Cristal tenía menos grados alcohólicos y un sabor aguachento que hasta el día de hoy no soporto.
El fin de semana pasado tuve una ilustre visita en mi casa. El amigo se declaró cervecero fino y lo llevé por un tour chelero por diversos lugares, onda cuicoide, de Valparaíso.
Primero caímos en un clásico: El Vinilo. Ahí nos mandamos unos botellines de la cerveza Cerro Alegre, que produce mi amigo personal y dueño del boliche Alan Lara. Eran rubias y estaban bastante frescas y con harto sabor a líquido artesanal.
Después de eso llegamos al paraíso de las chelas: El Irlandés. Ahí yo me tomé una cerveza norteamericana de marca Rouge, de 11 grados, que parecía que la hubieran hecho en la planta nuclear de Fukushima. Mi amigo se tomó una cerveza belga de ¡5 lucas! y también de 11 grados. La probé y era una verdadera exquisitez. Me explicó que los belgas son los maestros mundiales en el arte de hacer cervezas, ya que por cientos de años el dorado líquido estuvo bajo el mandato de los monjes, que al parecer, eran terribles de curados. Lo importante es que salimos muy felices y contentos de El Irlandés. Al otro día lo llevé a comer calugas de pescado al Caruso y probamos unas Damm, que venían de Barcelona. Simplemente una delicia.
Y le dije que no se podía ir sin probar la Cerveza del Puerto, que los hermanos argentinos hacen en la ciudad hace unos años y que ya es famosa en Chile por su power y su rico sabor.
ajenjoverde@hotmail.com
Los mejores: Allegretto en el Concepción y La Cocó en el Alegre
Por Ajenjo
Mi hijo es fanático de la comida italiana y decidimos ir a comer al Allegreto” (Pilcomayo 529), uno de los lugares emblemáticos y famosos del astronómico Cerro Concepción. Hace miles de años, cuando vivía cerca de la plazuela San Luis, me tiraron una publicidad donde se ofrecían llevar pizzas a la casa. No era cualquier pizza, eran gourmet. Recuerdo que pedimos una con salsa blanca y vegetales y una rubia, acompañada de su hijito, llegaron hasta la puerta con el sabroso producto. Eran los comienzos del “Allegreto”, ahora con hostal incluido.
El ambiente exquisito. Pocas mesas, poco ruido. La conversación de unos gerentes santiaguinos, a gran volumen, entorpecieron un poco la buena onda. Con mi bella esposa nos comimos una pizza con nombre de ascensor ¿Polanco?, puede ser, pero no tengo la seguridad. Estaba para rechupetearse los dedos. Todo acompañado de grandes shop. Mi hijo se comió, para mi gran impresión, unos ñoquis con salsa blanca, tocino y vino blanco. Se lo zampó todo y cuando le dijimos que la salsa estaba cargada al vinito, se sugestionó, y se mandó una parodia de borracho que nos sacó lágrimas de las risas.
En síntesis, todo rico, bien atendido, del uno y lo mejor, que los precios son realistas, accesibles, alejado de toda esa maraña arribista, donde para que la cosa funcione los platos deben costar más de 10 lucas y, para más remate, quedan en la muela.
Lo nuevo que encontré hace poco en el Cerro Alegre fue la sanguchería “La Cocó” (Montealegre 546). Al parecer es de una santiaguina que se instaló donde funcionó, fallidamente, un salón de te estilo alemán. Aquí también el ambiente es re buena onda. Uno se siente mochilero en su propio cerro. Escuchas conversaciones de viajeros y en diferentes idiomas.
Personalmente soy adicto al pan y los sandwich. En la semana me como entre cinco o seis, incluyendo su completito loco. “La Cocó” tiene pancito amasado propio y hay miles de ingredientes, carnívoros, vegetales y marinos, para instalar en la miga.
Imagínense que hay hasta de lengua... toda una delicia. Me tomé una limonada gigante a la albahaca, que me quitó toda la sed del mundo. Lo mejor de todo es que hay ¡derecho
a corcho!, es decir que uno puede llegar con su propio vino y por 2.200 pesos tomárselo en el local, acompañando los ricos emparedados. Para ser una sanguchería, lo precios están relativamente caros, pero vale la pena gastarse unas lucas en estas delicias.
Seguramente pronto tendré que abandonar estos cerros y creo, sinceramente, que lo único bueno es que bajaré como 20 kilos de peso y dejaré de llegar a fin de mes con mi cuenta corriente en 0 y la línea de crédito destruida. Pero en fin, ¿quién te quita lo comido, lo bailado y lo...?
ajenjoverde@hotmail.com
Desintoxicándose en los míticos baños turcos de Valparaíso
Por Ajenjo
En los meses de abril y mayo mi cuerpo sufre un proceso de intoxicación más profunda de lo normal. A esto hay que sumarle el recital de Slayer, en Viña del Mar, que me dejó
con el cerebro como huevo revuelto.
Siempre me llamó la atención que el guitarrista de los Rolling Stones, Keith Richards sufriera transfusiones de sangre completa para poder desintoxicar su cuerpo de la mala vida.
¿Qué puedo hacer yo?, le pregunte a mi brother del diario. “Vamos a los baños turcos que están al frente del Parque Italia”. Fue así como el martes pasado, aprovechando que hay una promoción de siete lucas, partimos por primera vez al mítico lugar del cuál muchos hablan y muy pocos conocen.
Hay que decir la verdad: cualquier sitio donde andan muchos hombres semi desnudos, da para hablar y crear rumores y mitos.
Un poco asustados llegamos a la entrada, pagamos nuestro boleto y subimos al tercer piso, donde están los famosos baños turcos. Ahí un par de dependientes nos explicaron el asunto. “Primero tiene que cambiarse de ropa en un box que quedará errado con candado. Ahí hay chalas y una sabanilla blanca. Si quiere lleva la llave o la deja aquí”. Yo llevaba mi traje de baño y mis chalas personales, por lo tanto no utilicé esos utensilios. Después nos hicieron un rápido recorrido.
Primero está el sauna seco, de madera, que adentro tiene rocas volcánicas. Después atravesamos un pasillo donde varias personas, de la tercera edad, descansaban en sillas
de plástico. Llegamos hasta una pequeña piscina de agua fría. Posteriormente atravesamos una sala donde habían un hombre desnudo que era frotado con un guante (esa parte fue cuática). Pasamos por salas de sauna con vapor y llegamos finalmente al Toro. La sala El Toro es heavy. Deben haber como 100 grados y la sensación del calor corporal es tremenda. Hay que darse una ducha fría cada un minuto para soportarlo. Ahí, en El Toro, uno se da cuenta como el cuerpo bota todo lo malo, pero que en un momento fue bueno.
Estuvimos como 45 minutos rotando de sala en sala. Los hombres circulaban con sus sabanitas en la cintura y otros simplemente desnudos. Nadie pesca y se habla muy poco, ya que el cansancio es tremendo.
Cuando salimos, nos encontramos con un bar y nos tomamos dos cervezas Corona, mientras el dependiente nos preguntaba: ¿y, como estuvo? Le dijimos que estaba bueno y que realmente nos sentíamos desintoxicados. Al lado un hombre revisaba su notebook y se comía una parrillada. Hay pantallas gigantes con noticieros y todo es organizado.
Realmente se pasó y creo que volveré en algunas semanas a botar toda la bohemía que se junta en el cuerpo...
ajenjoverde@hotmail.com
Día del Patrimonio o cómo debería ser Valparaíso siempre
Por Ajenjo
Para ser sinceros mi cabeza sólo piensa en el histórico recital de Slayer, que hoy se efectuará en el Gimnasio Polideportivo de Viña del Mar. Mientras leen esta crónica, yo estaré comprando pescados y unos buenos trozos de carne, ya que junto a otros brother mutantes celebraremos la previa del recital con un ceviche, un asado, litros de cerveza, vino, vodka y ron.
Pero vamos a lo nuestro. El fin de semana pasado se celebró el Día del Patrimonio y viví una jornada de excelencia, que demuestra que con organización y empeño la ciudad puede transformarse en un verdadero espejo de su pasado y mostrar a turistas y sus propios habitantes lo hermoso que alguna vez fue esta urbe puerto.
Primero fui a escuchar un concierto de órgano a la Iglesia anglicana del cerro Concepción. Mi hijo me acompañó y llevó un libro para leer. A mi casi se me caen las lágrimas cuando el organista tocó uno de los temas de la película La Misión (El Oboe de Gabriel).
Después nos fuimos a tomar un chocolate submarino en El Desayunador. Es un gran tazón de leche caliente con una gran barra de chocolate que se va deshaciendo lentamente. Eso actuó casi como una Red Bull y seguimos el recorrido tomando gratis el ascensor El Peral, que nos depositó muy cerca de la tumba de Arturo Prat, que ¡estaba abierta! Entramos a ese subterráneo lleno de mármol y salimos hacia el Edificio de la Primera Zona Naval. Para que mi hijo entendiera bien la historia, le expliqué que hasta 1973 ese hermoso e imponente edificio era la Intendencia Regional ¿Por qué
nunca lo devolvieron?, me pregunta el pequeño y yo lo miro con cara de “no tengo idea”.
Después nos subimos a un trole, también gratis, que nos llevó a la Maestranza, ubicada en un pasaje de la Avenida Colón. Ahí un trabajador nos explicó graciosamente unas fotos antiguas, donde salían los troles que llegaban hasta Chorrillos, en Viña del Mar.
Después un mecánico abrió el motor de unos de esas máquinas y nos explicó su mágico funcionamiento. Se contó una historia terrorífica sobre una anciana, que junto
al chofer del trole, murieron electrocutados en un extraño episodio en la década del 60 o 70. Los niños se subían a los trole y los manejaban. Fue espectacular.
Terminamos en la antigua ratonera. No hay palabras para describir lo que hizo el Duoc en ese lugar. Parece un milagro y es un ejemplo para todo Valparaíso y Chile sobre rehabilitación patrimonial.
ajenjoverde@hotmail.com
Bebiendo con puros famosos o la obsesión de parecerse a...
Por Ajenjo
No se si fue el alcohol o la sobredosis de programas de imitadores que están dando en la televisión chilena, pero en un cumpleaños celebrado en El Moneda de Oro, terminamos todos convirtiéndonos en curiosos personajes famosos y las risas estallaron durante casi toda la noche.
El asunto fue que la cuasi esposa de mi brother fotógrafo cumplía 27 años. Él, que ya está a punto de entrar a las cuatro décadas, recibía, no con mucha gracia, al calvo cantante que entonaba emocionado: “cuarenta y veinte”, en medio de nuestras sonoras carcajadas. Algunos amigos llegaron al bar sin conocer de la existencia del cumpleaños y se integraron cómodamente.
Mis socios de vida nunca han tenido mucha relación con mi edad. Puedo tomarme vinos cómodamente con jubilados y abuelitos o bajarme un Stolichnaya con energizados veinteañeros. Sólo se pide que sean buenas personas y que tengan una mediana conversa.
Esa noche la mesa abarcaba el gran espectro de la edad. La menor comensal tenía 27 años y el mayor 65. Después que salieron las chorrillanas, los vinos y el ron, la conversa empezó a ponerse picante.
Alguien encontró parecido a uno de los invitados al pianista Roberto Bravo (moreno con canas blancas) y de ahí empezó una obsesión por las comparaciones. Fue así como en la mesa estaba Manuel Bustos (dirigente fallecido de la CUT), Omar Sharif (actor), Peter Ustinov (actor), Luis Dimas (cantante), Angela Contreras (actriz), Faloon (modelo) y Carol Dance (animador). Entre todo el bullicio que teníamos apareció un hombre que hace retratos y caricaturas. Juntamos algunos billetes y el hombre dibujo a la cumpleañera. No es por ser mala onda o pesado, pero el dibujo no estaba muy acorde a la realidad y el artista instaló varias arrugas que no existían. Yo casi me caigo riéndome, mientras todos los famosos seguían brindando.
ajenjoverde@hotmail.com
6.02.2011
Cómo sobrevivir a la Cumbre Guachaca y no morir en el intento
Esta crónica está dedicada a todos los que hoy o mañana asistan a la Cumbre Guachaca Marinera, que se inaugura en El Huevo de Valparaíso.
Primero que todo: hay que llegar temprano, a la hora que abran las puertas. Esto es muy parecido a un matrimonio, donde uno come, toma y baila. Sin mesa la cosa se pone media fome, por lo tanto hay que asegurarse un lugar con los amigos y la familia y no moverse más.
Lo segundo y muy importante es no tomar ese licor llamado terremoto en abundancia. Esta bien uno, dos y hasta tres vasos grandes, pero después les aseguró que viene el “borrón”. Lo he experimentado varias veces con mi amigo el fotógrafo. Una vez nos tomamos varias jarras y el asunto se puso terrible de cuático. Yo desperté sin saber, todavía, como llegué a mi casa. Ese licor está fabricado con pipeño, fernet y helado
de piña, lo que envuelve todo en un dulzor muy peligroso. El año pasado también se me anduvo pasando la manito con ese tragullo y me senté en una mesa, me comí unos huevos duros que no eran míos, una vieja me pinto el tremendo mono y después me quería llevar uno de los punkis alcohólicos del Líder de Bellavista para la casa.
Mal, muy mal.
Lo tercero es ir con su señora o polola. En la Cumbre Guachaca se baila harto, por lo tanto hay que estar preparado para mover el esqueleto durante varias horas con cumbias, cuecas, boleros y lo que ponga el Dj Pebre. Si va con una amiga, lo más seguro es que pasará a ser más que amiga...
Una vez un brother terminó bailando con varias señoras curadas que le tocaban el cuerpo como si fuera un vedetto. Cuático, muy cuático y divertido.
Lo último y más importante es relajarse y no andar pintando el mono. En la cumbre todos andan arriba de la pelota y en buena onda y nadie quiere sacos de plomo o tontos serios y buenos para la aleta.
Si se encuentra con Dióscoro Rojas, abrácelo. Estuvo el miércoles pasado de cumpleaños, por lo tanto hasta le puede llevar un regalito. No le invite trago, sólo convérsele y sea amigable.
¡Salud!
ajenjoverde@hotmail.com
La caracola de Maitencillo
Por Ajenjo
Hace algún tiempo encontré, en un pequeño recuadro de una revista de diseño, una noticia relacionada con la reapertura de un restaurante en Maitencillo llamado La Caracola.
Maitencillo, o MásSencillo como lo llaman los que veranean en Zapallar y Cachagua, es uno de los balnearios que ha marcado mi vida, ya que además de ser el escenario de mis primeras borracheras juveniles, es ahora el sitio de descanso para salir de la ajetreada vida porteña.
Junto a unos amigos y mi bella esposa partimos en Semana Santa a relajarnos un poquito y entre mis planes estaba conocer el restaurante La Caracola.
El día elegido fue el Sábado Santo. Reservamos para la hora de almuerzo y nos tenían un excelente mesa con vista al mar para seis personas.
Pedimos unas machas a la parmesana y algunos mariscos para picotear. Las machas no venían en su concha, sino en el llamado “librillo” (plato de greda). Estaban ricas, pero todos reclamaron, ya que están acostumbrados a saborear ese marisco en su propio esqueleto.
La especialidad de la casa es la paella española, pero para servirla en la mesa tiene que haber dos comensales que la pidan. Aquí habían tres, por lo tanto no existió ningún conflicto.
Yo me tomé una cerveza artesanal de apertitivo que, según el mozo, provenía de la fábrica del hermano del dueño del restaurant, o algo así... Estaba bien buena.
El asunto es que la cosa se empezó a demorar. Pasó casi una hora y no llegaban nuestros platos. El mozo se empezó a poner nervioso y nos regalaron unos exquisitos
canapés de mariscos y una botella de vino blanco. ¡Ojalá todos los restaurantes tuvieran ese cuidado con sus clientes!
Nosotros obviamente nos dejamos querer y seguíamos a la espera. Al llegar la paella olvidé todo el tiempo y tomé mi vinito blanco más feliz que nunca, ya que el plato estaba de lujo.
Cuando salimos, caminé unos pasos por la arena y casi me caigo... de la felicidad. Un dato muy recomendable.
ajenjoverde@hotmail.com
Los sueños si se hacen realidad: Tom Araya en Viña del Mar
Jamás pensé en mi vida que tendría la oportunidad de escuchar en vivo a la extrema banda Slayer en Viña del Mar, incluso ahora, que los poster con la dorada águila romana inundan las calles de la ciudad, no lo puedo creer.
Para la gente de mi generación que pasó su juventud con una pata en los 80 y otra en los 90 el personaje de Tom Araya siempre fue un mito. Algunos decían que había nacido en Villa Alemana (la ciudad de la locura) y que había sido alimentado con sangre humana en su niñez. Otros decían que era de Quilpué y que era súper buena para jugar a la pelota. Los que se acercaba más a la realidad lo asociaban con Viña (su ciudad natal).
Lo único real y verdadero es que Tom Araya era el vocalista de Slayer, uno de los grupos de trash metal más extremos que escuché en mi vida (antes de Mortician, Nile y todo la ola negra que llegó después).
Mi grupo de amigos eran llamados los Intillimaiden, ya que fácilmente podíamos escuchar un disco de Sol y Lluvia y después azotarnos la cabeza con Sepultura y el grupo de Tom. Obviamente era una esquizofrenia musical, pero respondía claramente
a los tiempos que estábamos viviendo en esos días.
Ahora sueño con ese 3 de junio y pienso que Tom Araya saldrá al escenario con la polera del Everton y empezara con Angel of Death. Quedaría satisfecho sólo si sonara
Raining Blood y Seasons in the Abyss. Nada más.
Ese día tenemos pensado organizar un asado. Tomarnos sus buenas cervezas, su vino tintolio y su remate de ron o vodka. Después tomar la micro hacia el Polideportivo de Sausalito y ahí comenzar a concretar un sueño de muchos años.
Las chascas y las poleras negras están expectantes. El ejército de bototos y nostalgia está listo para marchar cuando Tom Araya lancé el primer grito de guerra...
ajenjoverde@hotmail.com
5.03.2011
Echando de menos al diputado René Alinco
Por Ajenjo
Estoy junto a mis brothers en mi segunda casa: El Moneda de Oro. Mientras mis amigos hablan y discuten sobre la realidad nacional, miro alrededor del bar y veo a los caballeros que juegan dominó. También escucho al cantante que entona una canción de Calamaro, mientras el garzón Ernesto sirve un tremendo congrio con papas fritas.
Sigo observando y hay algo que echo de menos. Pienso que a lo mejor sacaron las banderas gigantes o Don René, el dueño del local, realizó algún cambio estético o de diseño, pero nada. La parte física, arquitectónica y decorativa está igual. ¿Qué pasa entonces?
Veo a mis tres amigos, los mismos de siempre. Está el vendedor de gas licuado y el supuesto siquiatra de los bomberos en la barra. Están casi todos los parroquianos... y ahí se me cae recién la teja: falta el diputado René Alinco.
Durante años este popular parlamentario visitaba el local y nos alegraba la vida a todos.
Primero hay que decir que jamás lo vimos pasado de copas o en algún estado cuático. Siempre se sentaba con nosotros y nos hacía reír con sus bromas. Pelábamos de lo lindo y el tiempo corría feliz en la noche porteña.
Recuerdo que los primeros años venía acompañado del díscolo diputado Esteban Valenzuela, que actualmente vive con una tribu de indios en un país centroamericano.
Valenzuela era más serio, mientras que Alinco siempre se nos acercó a conversar y juntos fueron testigos de ese glorioso 3 de junio cuando el Everton derrotó a Colo Colo en Sausalito y salió campeón el 2008.
Estaba con mis brothers viendo la tele del Moneda de Oro y de pura alegría dimos vuelta la mesa con todos los rones encima. ¡Qué locura!
La última vez que lo vimos fue en la despedida de Bielsa. Conversamos mucho y nos sacó grandes carcajadas y después sucedió el incidente, el que ya todos olvidamos.
Que no se tome esta columna como una incitación a que el parlamentario beba, sino por el contrario, como un llamado para que vuelva a conversar sobre lo humano y lo divino con todos los amigos que dejó en ese lugar.
Cuando el parlamentario Alinco entraba al restaurante, siempre el lugar se conmovía. A veces venía acompañado por el sindicato de trabajadores del Congreso, que él mismo creó, o con amigos de la pega.
Aunque ni el mismo diputado nos crea, lo echamos de menos y esperamos que alguna vez vuelva, donde será recibido con un gran apretón de manos y un fuerte abrazo.
ajenjoverde@hotmail.com
Estoy junto a mis brothers en mi segunda casa: El Moneda de Oro. Mientras mis amigos hablan y discuten sobre la realidad nacional, miro alrededor del bar y veo a los caballeros que juegan dominó. También escucho al cantante que entona una canción de Calamaro, mientras el garzón Ernesto sirve un tremendo congrio con papas fritas.
Sigo observando y hay algo que echo de menos. Pienso que a lo mejor sacaron las banderas gigantes o Don René, el dueño del local, realizó algún cambio estético o de diseño, pero nada. La parte física, arquitectónica y decorativa está igual. ¿Qué pasa entonces?
Veo a mis tres amigos, los mismos de siempre. Está el vendedor de gas licuado y el supuesto siquiatra de los bomberos en la barra. Están casi todos los parroquianos... y ahí se me cae recién la teja: falta el diputado René Alinco.
Durante años este popular parlamentario visitaba el local y nos alegraba la vida a todos.
Primero hay que decir que jamás lo vimos pasado de copas o en algún estado cuático. Siempre se sentaba con nosotros y nos hacía reír con sus bromas. Pelábamos de lo lindo y el tiempo corría feliz en la noche porteña.
Recuerdo que los primeros años venía acompañado del díscolo diputado Esteban Valenzuela, que actualmente vive con una tribu de indios en un país centroamericano.
Valenzuela era más serio, mientras que Alinco siempre se nos acercó a conversar y juntos fueron testigos de ese glorioso 3 de junio cuando el Everton derrotó a Colo Colo en Sausalito y salió campeón el 2008.
Estaba con mis brothers viendo la tele del Moneda de Oro y de pura alegría dimos vuelta la mesa con todos los rones encima. ¡Qué locura!
La última vez que lo vimos fue en la despedida de Bielsa. Conversamos mucho y nos sacó grandes carcajadas y después sucedió el incidente, el que ya todos olvidamos.
Que no se tome esta columna como una incitación a que el parlamentario beba, sino por el contrario, como un llamado para que vuelva a conversar sobre lo humano y lo divino con todos los amigos que dejó en ese lugar.
Cuando el parlamentario Alinco entraba al restaurante, siempre el lugar se conmovía. A veces venía acompañado por el sindicato de trabajadores del Congreso, que él mismo creó, o con amigos de la pega.
Aunque ni el mismo diputado nos crea, lo echamos de menos y esperamos que alguna vez vuelva, donde será recibido con un gran apretón de manos y un fuerte abrazo.
ajenjoverde@hotmail.com
Villa+Discurso más el eterno retorno al Roma
Por Ajenjo
Mi esposa no conocía la UPLA y sus alrededores, y la invité a ver la obra de teatro Villa+Discurso que se exhibió en el hermoso teatro de esa casa de estudios porteña. Llegamos muy temprano ya que no teníamos entradas reservadas y yo no quería perderme esta tremenda obra.
Como teníamos una hora y media para recorrer la zona la invité a degustar algo a la fuente de soda Amalfi. Caminamos entre medio de neumáticos humeantes, que fueron testigos de una violenta protesta. Ninguna novedad ya que siempre hay manifestaciones en esa zona.
En el Amalfi pedí un churrasco palta tomate. La sorpresa fue grande cuando el cocinero sacó de una despensa el pan con la carne ya lista y lo puso en un viejo microondas. Hacía años que no comía un sandwich tan mal preparado. Le dije a mi señora que conociéramos el Roma, que yo catalogaba en mi época estudiantil como "el gimnasio de los curados". Ahora está cambiado, pintado, más bonito. Ahí me comí el tremendo completo y una cerveza. Todo rico. Le hablé sobre los recitales rock que viví ahí adentro, de las tremendas borracheras a punta de cerveza, de los pololeos que duraban un día con niñas de nombres desconocidos y que estudiaban carreras desconocidas (ahí se anduvo enojando un poco).
Después partimos al teatro, donde participamos de una verdadera liturgia artística. La obra era espectacular, más aún que estaba escrita y dirigida por Guillermo Calderón, quien personalmente lo catalogo como el mejor dramaturgo chileno actual. Ver una obra escrita y dirigida por su propio autor ya es un gran premio y siento que me gané el Loto con lo que pude observar.
Villa+Discurso son dos obras de teatro. Villa se trata sobre Villa Grimaldi y la discusión de tres mujeres sobre el destino de ese centro de torturas. Uno pasa de la risa a quedarse para adentro en cuestión de microsegundos. Después viene discurso que es como ingresar al cerebro de Michelle Bachelet en tres voces.
A mi se me ocurrió ir con un chaleco de lana chilota y en la obra ironizaban muchas veces sobre los que "usaban chalequitos artesanales" (me dio un poco de vergüenza y risa).
Al final, con los ojos llenos de lágrimas, aplaudí las dos obras de teatro. La actuación soberbia y el texto era poderosísimo y te dejaba pensando mucho rato.
Ojalá llegara más teatro de esta calidad a la región.
ajenjoverde@hotmail.com
El pintor Mena
Por Ajenjo
Me encuentro con el pintor Mena cerca de la puerta de mi casa. Viene a buscar a su hijo para salir de paseo. Está leyendo La Estrella, donde aparece una entrevista y una gran foto de su última gran obra: el mural en el edificio de la Contraloría.
A Mena lo conozco superficialmente desde hace muchos años y siempre me ha proyectado una visión de un tipo muy repiola, pacífico, pensante y agradable. Tiene un tono lento de conversación, como si cada palabra fuera pensada dos o tres veces antes de salir de su boca. Bromeó con que mi perro se había comido mis libros y mis discos compactos y me sacó una sonrisa mientras bajaba al plan de la ciudad.
Yo ya había visitado la tremenda exposición que montó en el subterráneo del Consejo de la Cultura, junto al maestro Loro Coirón y un escultor. Entré con mi hijo y quedé "peinado para atrás".
A Loro Coirón le he visto muchos de sus trabajos, pero el cuadro de Carmencita Corena me voló los sesos. La desaparecida artista salé cantando con su rostro en gloria y majestad, mientras la bohemia se dispersa por los restos de la obra. ¡Que bonito homenaje Loro Coirón, muchas gracias!
Después llegué donde no sólo están los cuadros de Mena, sino que su vida escrita en las paredes por su mismo pincel. Ahí cuenta de sus primeras pinturas desaparecidas, de que después de una fiesta gitana creo una obra con los dedos y no paro más. También relata de sus profundos enamoramientos, de su hijo, de los viajes a México, y muchas cosas más.
Me quedé pegado en una pintura que muestra al desaparecido bar "Los Cotetos". Ese lugar era más tóxico que la planta nuclear de Fukushima. En sus alrededores se movía cualquier droga y adentro era un verdadero zoológico humano. Vi muchas cosas en ese lugar en mi época juvenil, que por respeto verguenza es mejor que se pierda en los intrincados laberintos de la memoria negra. El cuadro, a pesar de reflejar oscuridad, muestra el lado humano de "Los Cotetos", algo que sólo los artistas puedan descifrar de estos lugares que ya no existen.
Felicité a Mena varias veces por su trabajo y me fui pensando, con sana envidia, en el poder de decir tantas cosas con la pintura. Personalmente trato de dibujar una casa y me sale un perro y me hubiera gustado mucho tener ese power metal en mis manos y mi cerebro.
Eres grande Mena, como tu último cuadro, como la esperanza que todavía anda desparecida en esta triste ciudad llamada Valparaíso.
ajenjoverde@hotmail.com
Me encuentro con el pintor Mena cerca de la puerta de mi casa. Viene a buscar a su hijo para salir de paseo. Está leyendo La Estrella, donde aparece una entrevista y una gran foto de su última gran obra: el mural en el edificio de la Contraloría.
A Mena lo conozco superficialmente desde hace muchos años y siempre me ha proyectado una visión de un tipo muy repiola, pacífico, pensante y agradable. Tiene un tono lento de conversación, como si cada palabra fuera pensada dos o tres veces antes de salir de su boca. Bromeó con que mi perro se había comido mis libros y mis discos compactos y me sacó una sonrisa mientras bajaba al plan de la ciudad.
Yo ya había visitado la tremenda exposición que montó en el subterráneo del Consejo de la Cultura, junto al maestro Loro Coirón y un escultor. Entré con mi hijo y quedé "peinado para atrás".
A Loro Coirón le he visto muchos de sus trabajos, pero el cuadro de Carmencita Corena me voló los sesos. La desaparecida artista salé cantando con su rostro en gloria y majestad, mientras la bohemia se dispersa por los restos de la obra. ¡Que bonito homenaje Loro Coirón, muchas gracias!
Después llegué donde no sólo están los cuadros de Mena, sino que su vida escrita en las paredes por su mismo pincel. Ahí cuenta de sus primeras pinturas desaparecidas, de que después de una fiesta gitana creo una obra con los dedos y no paro más. También relata de sus profundos enamoramientos, de su hijo, de los viajes a México, y muchas cosas más.
Me quedé pegado en una pintura que muestra al desaparecido bar "Los Cotetos". Ese lugar era más tóxico que la planta nuclear de Fukushima. En sus alrededores se movía cualquier droga y adentro era un verdadero zoológico humano. Vi muchas cosas en ese lugar en mi época juvenil, que por respeto verguenza es mejor que se pierda en los intrincados laberintos de la memoria negra. El cuadro, a pesar de reflejar oscuridad, muestra el lado humano de "Los Cotetos", algo que sólo los artistas puedan descifrar de estos lugares que ya no existen.
Felicité a Mena varias veces por su trabajo y me fui pensando, con sana envidia, en el poder de decir tantas cosas con la pintura. Personalmente trato de dibujar una casa y me sale un perro y me hubiera gustado mucho tener ese power metal en mis manos y mi cerebro.
Eres grande Mena, como tu último cuadro, como la esperanza que todavía anda desparecida en esta triste ciudad llamada Valparaíso.
ajenjoverde@hotmail.com
En el Lollapalooza o en la juguera con el botón rojo apretado
Por Ajenjo
Nunca en mi vida había asistido a un recital de rock tan bien organizado.
La historia es la siguiente. Son las 11.30 horas de la mañana y me bajo, junto a mi brother, del auto de mi esposa, quien nos deja en el Parque O´Higgins, en Santiago, para ingresar al Loolapalloza 2011. No tenía muy claro cómo sería este evento, pero algo en el aire indicaba que sería histórico e inolvidable. Y así no más fue. La revisión de carabineros en la entrada fue normal. Después venía un largo camino donde te regalaban vasos de bebida. Nos dieron el folleto explicativo del evento, con mapa incluido, y partimos a ver a Devil Presley, como lo teníamos planeado. Mientras caminábamos por los tremendos terrenos, la cantante Francisca Valenzuela comenzó su show al aire libre. Nosotros entrábamos a La Cúpula, donde estaba "todo pasando". El sonido del grupo rockero era increíble. Uno se imaginaba que eran las dos de la mañana, ya que todo estaba oscuro, pero eran las 12.30 del día, lo que anunciaba que la cosa era maratónica. El sonido era tremendo y el escenario y la iluminación al más alto nivel. Y eso que este era el escenario más chico. Después, y para descansar el tímpano, me tiré en una sombrita para escuchar a Los Bunkers y sus canciones de Silvio Rodríguez. Más tarde apareció Cypress Hill y comenzó a quedar la embarrada. El medio show chicano hiphopero rockero rapeado potente. Terminado ese show nos fuimos a conocer la cueva de los electrónicos: El Arena Santiago. Ahí estaba Zeta, de los Soda Stereo, intentando mediocramente hacer bailar a la masa. Nos fuimos a comer unas hamburguesas, ya que eran como las 4 de la tarde, al ritmo de James y Ben Harper. Vuelta al escenario electrónico, donde un tipo con el símbolo de Space Invaders tenía a todos locos. Vino The National y Deftones, el mejor show de la noche con violencia y rock. Por un buen dato llegamos nuevamente al Arena, donde tocaba Empires of the Sun, que nos dejó arriba del techo. Eran unos locos disfrazados como animé japoneses, que bailaban como locos y hacían el medio teatro. Uno rompió una guitarra y la lanzó al público en medio de imágenes espaciales. Todo terminó con Fatboy Slim y The Killers.
No vendían copete. Algunos locos caminaban como si estuvieran en Marte. Gente linda a camionadas con la cara iluminada. Me fui contento a la casa y me tomé casi un litro de vodka. El próximo año estoy anotado para los dos días.
ajenjoverde@hotmail.com
A pocas horas de ingresar al "Lolopelusa"
Por Ajenjo
Nunca pensé que un festival como Lollapalooza llegaría Chile. Y no porque la parrilla de artistas es tremenda o porque el show es catalogado como la "escena independiente mundial".
Es por Los Simpson.
El capítulo en que Homero es contratado para la sección de los freak y debe recibir una bola de plomo en el estómago en todos los recitales de Lollapalooza en Estados Unidos es de culto. Y nunca pensé que algo de culto de Los Simpson podría llegara Chile.
¿Buenos Aires, Río de Janeiro, Sao Paulo, Ciudad de México? Esas eran opciones más viables y seguras, pero la suerte tiró los dados y cayó en Santiago de Chile, a sólo una hora y media de Valparaíso.
Yo me compré mi entradita hace varias semanas. Me aseguré para el día sábado. Sinceramente no cacho a casi nadie de los que van a tocar. Nunca los he escuchado en mi perra vida, salvo a Deftones y Fatboy Slim, que lo vi en el Muelle Barón, en un recital donde andaba más loco que una cabra.
Pero a lo que voy, más que a un recital, es a una liturgia rockera, a una misa musical extrema. Observo el mapa del evento y me imagino un Disneyworld de la distorsión. Hay una zona tibetana, con hamacas y pastito, para descansar. Habrá restaurantes... ¿venderán cerveza? No lo creo, los chilenos se ponen muy dementes con el licor.
Yo voy acompañado de un brother. Seguramente pasearemos de recital en recital, donde escucharemos hip hop, metal, electrónica, y otros ritmos actuales.
Entre los que se subirán al escenario está un viñamarino, un periodista que hizo la práctica (y con mucho orgullo) en nuestro diario La Estrella. Es el guitarrista de Devil Presley, una banda chilena que la está rompiendo. Hace poco hablé con él por un chat recordamos cuando hicimos una fiesta en su casa y terminamos todos imitando a una banda de rock.
Ahora mi amigo está cumpliendo el sueño de millones y él estará en el escenario, tocando la guitarra como los dioses, y yo estaré abajo, loco, como una cabra...
ajenjoverde@hotmail.com
Y se nos fue el viejito italiano del Cerro Alegre...
Por Ajenjo
Llevo varios años peregrinando entre casas del cerro Concepción y Alegre y pude conocer a Nicolás Giacomino, un viejito que se sentaba a tomar el sol en los 14 asientos y le metía conversa hasta los pajaritos.
Siempre me contaba sus historias de Italia, con ese acento que jamás abandonó. Era un admirador de Benito Mussolini y aseguraba que el escuchó por la radio “cuando anunció que pagaría sueldo a todas las amas de casa”. Al principio le discutía y si me pillaba con muchas cervezas en el cuerpo hasta le nombraba la palabra “fascista”, pero al final siempre terminábamos amigos.
Se ponía a cantar “funiculí, funiculá” y me explicaba que esa canción la habían creado cuando inauguraron un ascensor, muy parecidos a los de Valparaíso. Cuando me separé de mi primera mujer me lo encontré en la calle. Me pregunto qué me pasaba y le conté mi drama. Sus ojos se llenaron de lágrimas y me abrazó. Me relato sus historias de amor y desamor y me di cuenta que no estaba solo en el desierto de la desesperación.
Nicolás Giacomino fue testigo de la aparición de todos los boliches del cerro Alegre y se asentó en el restaurante Vinilo, donde todas las mañanas leía el diario y conversaba con los parroquianos (ver foto tomada por Alan Lara).
A veces me encontraba con él en el plan y lo usaba para una sección del diario ya desaparecida llamada “La calle opina”. El entrega sus respuestas muy serio y lúcido.
Tenía una cabeza admirable y sus recuerdos eran frescos cuadros de la antigua Italia del siglo pasado.
Cuando el chef del Vinilo me dijo que Don Nicolino había muerto me dio harta pena, pero que se diluyó en los buenos recuerdos que mantengo de su presencia. Es cosa de cerrar los ojos y verlo sentado en los 14 asientos, esperando alguna oreja conocida o desconocida y comenzar a relatar sus aventuras.
¿Con quién estarás hablando ahora Nicolino? ¿En que lugar estarás sentado?
ajenjoverde@hotmail.com
Llevo varios años peregrinando entre casas del cerro Concepción y Alegre y pude conocer a Nicolás Giacomino, un viejito que se sentaba a tomar el sol en los 14 asientos y le metía conversa hasta los pajaritos.
Siempre me contaba sus historias de Italia, con ese acento que jamás abandonó. Era un admirador de Benito Mussolini y aseguraba que el escuchó por la radio “cuando anunció que pagaría sueldo a todas las amas de casa”. Al principio le discutía y si me pillaba con muchas cervezas en el cuerpo hasta le nombraba la palabra “fascista”, pero al final siempre terminábamos amigos.
Se ponía a cantar “funiculí, funiculá” y me explicaba que esa canción la habían creado cuando inauguraron un ascensor, muy parecidos a los de Valparaíso. Cuando me separé de mi primera mujer me lo encontré en la calle. Me pregunto qué me pasaba y le conté mi drama. Sus ojos se llenaron de lágrimas y me abrazó. Me relato sus historias de amor y desamor y me di cuenta que no estaba solo en el desierto de la desesperación.
Nicolás Giacomino fue testigo de la aparición de todos los boliches del cerro Alegre y se asentó en el restaurante Vinilo, donde todas las mañanas leía el diario y conversaba con los parroquianos (ver foto tomada por Alan Lara).
A veces me encontraba con él en el plan y lo usaba para una sección del diario ya desaparecida llamada “La calle opina”. El entrega sus respuestas muy serio y lúcido.
Tenía una cabeza admirable y sus recuerdos eran frescos cuadros de la antigua Italia del siglo pasado.
Cuando el chef del Vinilo me dijo que Don Nicolino había muerto me dio harta pena, pero que se diluyó en los buenos recuerdos que mantengo de su presencia. Es cosa de cerrar los ojos y verlo sentado en los 14 asientos, esperando alguna oreja conocida o desconocida y comenzar a relatar sus aventuras.
¿Con quién estarás hablando ahora Nicolino? ¿En que lugar estarás sentado?
ajenjoverde@hotmail.com
3.24.2011
De lo único que estoy seguro es que me voy a curar
Por Ajenjo
Mientras está leyendo esta crónica, yo iré caminó al pueblo de Santa Cruz, donde participaré por primera vez en mi vida de una fiesta de la vendimia, donde se celebra la cosecha de la nueva uva que dará como fruto la bebida más rica del mundo: el vino tinto. Como nunca he participado de una fiesta de este tipo, tengo todo un batallón en la imaginación que me hace pensar muchas cosas. La primera es que me imagino a cientos de mujeres con coloridos pañuelos en la cabeza pisando racimos de uva en grandes toneles de madera mientras entonan canciones italianas. Mucha tele.
También mis neuronas me llevan soñar con litros de vino tinto que caerán gratuitamente en las gargantas del sediento público que viene a agradecer a la tierra por este fruto bendito. Todos en el pueblo con los labios, lengua y dientes morados, hablando y filosofando esas ideas que sólo el buen tintolio puede sacar de las cabezas humanas. Mucha tele.
Además Santa Cruz es territorio de uno de los hombres más millonarios de este país: Carlos Cardoen. Este hombre, que no puede salir de Chile ya que los norteamericanos tiene una orden de detención internacional en su contra, ha construido su propio país en este pueblo. El tatuador Polako, que estuvo en estas zonas, me contó que el museo, de propiedad del millonario, era tremendo. "Hay armas de todo tipo, y las armaduras de los guerreros ninjas son increíbles". Me imagino paseando en este recinto, con un litro de un buen mosto en el estómago, mientras observó la colección de arte indígena más poderosa del país. A lo mejor me encuentro con Carlos, y su bella esposa, y aprovechó a hablar sobre arte, historia y ese mundo tan peculiar.
A lo mejor le invitó una copa de buen vino colchagüino y terminamos abrazados y convertidos en los mejores amigos. Mucha tele.
Dentro de pocas horas resolveré todas las dudas y podré hablar con toda propiedad sobre lo que significa estar en una fiesta de la vendimia. Pero de lo único que estoy seguro es que voy a quedar bien curado...
ajenjoverde@hotmail.com
Mientras está leyendo esta crónica, yo iré caminó al pueblo de Santa Cruz, donde participaré por primera vez en mi vida de una fiesta de la vendimia, donde se celebra la cosecha de la nueva uva que dará como fruto la bebida más rica del mundo: el vino tinto. Como nunca he participado de una fiesta de este tipo, tengo todo un batallón en la imaginación que me hace pensar muchas cosas. La primera es que me imagino a cientos de mujeres con coloridos pañuelos en la cabeza pisando racimos de uva en grandes toneles de madera mientras entonan canciones italianas. Mucha tele.
También mis neuronas me llevan soñar con litros de vino tinto que caerán gratuitamente en las gargantas del sediento público que viene a agradecer a la tierra por este fruto bendito. Todos en el pueblo con los labios, lengua y dientes morados, hablando y filosofando esas ideas que sólo el buen tintolio puede sacar de las cabezas humanas. Mucha tele.
Además Santa Cruz es territorio de uno de los hombres más millonarios de este país: Carlos Cardoen. Este hombre, que no puede salir de Chile ya que los norteamericanos tiene una orden de detención internacional en su contra, ha construido su propio país en este pueblo. El tatuador Polako, que estuvo en estas zonas, me contó que el museo, de propiedad del millonario, era tremendo. "Hay armas de todo tipo, y las armaduras de los guerreros ninjas son increíbles". Me imagino paseando en este recinto, con un litro de un buen mosto en el estómago, mientras observó la colección de arte indígena más poderosa del país. A lo mejor me encuentro con Carlos, y su bella esposa, y aprovechó a hablar sobre arte, historia y ese mundo tan peculiar.
A lo mejor le invitó una copa de buen vino colchagüino y terminamos abrazados y convertidos en los mejores amigos. Mucha tele.
Dentro de pocas horas resolveré todas las dudas y podré hablar con toda propiedad sobre lo que significa estar en una fiesta de la vendimia. Pero de lo único que estoy seguro es que voy a quedar bien curado...
ajenjoverde@hotmail.com
La verdad del mítico Hotel Valdivia
Por Ajenjo
Cumplí un año de matrimonio y mi bella esposa decidió regalarme una noche en el mítico Hotel Valdivia, en Santiago, considerado uno de los moteles de culto de Chile.
Para los que no lo ubican, este motel aparece en una de las escenas de la película Sexo con Amor. En la pieza, la actriz Sigrid alegría, completamente desnuda, juega en un carrusel de caballitos de mar.
Bueno, pero vamos al grano. Llegamos como a la una de la mañana. Un gran muro sucio, con una pequeña entrada de estacionamiento, recibe a los visitantes. Un abuelito guía a los conductores hacia un lugar cubierto por una cortina (más vieja que el mismo abuelito). Ahí una pantalla de TV anuncia las instrucciones: "no salga de su auto, hasta que llegue la camarera".
En el cubículo de al lado se escuchaba la voz de una colombiana y varios tipos... raro, muy raro...
La cosa es que llegó la camarera y nos llevó a la pieza árabe, a través de un laberinto de pasillos, puertas y cortinas. Costaba casi 50 mil pesos la gracia. La pieza era chica y no tenía casi nada que la identificara como árabe. Todo estaba muy limpio, pero estaba sacado de una película de la década del 60. El jacuzzi ya casi no respiraba. La tele tenía cuatro canales y la radio estaba mala (nos había advertido la camarera).
El desayuno tenía el té más barato que se puede encontrar en un supermercado y cuatro pastelillos incomibles.
Lo único rescatable eran los espejos en todas las paredes, pero eso lo tiene cualquier motel.
En Valparaíso el Blue Nuit tiene la pieza de la caverna a mitad de precio y le pega 20 patadas en el hocico.
ajenjoverde@hotmail.com
Cumplí un año de matrimonio y mi bella esposa decidió regalarme una noche en el mítico Hotel Valdivia, en Santiago, considerado uno de los moteles de culto de Chile.
Para los que no lo ubican, este motel aparece en una de las escenas de la película Sexo con Amor. En la pieza, la actriz Sigrid alegría, completamente desnuda, juega en un carrusel de caballitos de mar.
Bueno, pero vamos al grano. Llegamos como a la una de la mañana. Un gran muro sucio, con una pequeña entrada de estacionamiento, recibe a los visitantes. Un abuelito guía a los conductores hacia un lugar cubierto por una cortina (más vieja que el mismo abuelito). Ahí una pantalla de TV anuncia las instrucciones: "no salga de su auto, hasta que llegue la camarera".
En el cubículo de al lado se escuchaba la voz de una colombiana y varios tipos... raro, muy raro...
La cosa es que llegó la camarera y nos llevó a la pieza árabe, a través de un laberinto de pasillos, puertas y cortinas. Costaba casi 50 mil pesos la gracia. La pieza era chica y no tenía casi nada que la identificara como árabe. Todo estaba muy limpio, pero estaba sacado de una película de la década del 60. El jacuzzi ya casi no respiraba. La tele tenía cuatro canales y la radio estaba mala (nos había advertido la camarera).
El desayuno tenía el té más barato que se puede encontrar en un supermercado y cuatro pastelillos incomibles.
Lo único rescatable eran los espejos en todas las paredes, pero eso lo tiene cualquier motel.
En Valparaíso el Blue Nuit tiene la pieza de la caverna a mitad de precio y le pega 20 patadas en el hocico.
ajenjoverde@hotmail.com
Altzaga: Un restaurante Biutiful en Valparaíso
Por Ajenjo
Salgo del cine con un verdadero daño cerebral. La angustia todavía la tengo atravesada en el estómago. La película "Biutiful" es una terrible denuncia de las infrahumanas condiciones de vida de los inmigrantes chinos y africanos en la primermundista Barcelona, donde actualmente muchos chilenos estudian postgrados con becas estatales o con recursos de su propia familia. Para poder hacer desaparecer ese mal neuronal, decidí revisitar el restaurante Altzaga, ubicado en el Pasaje Gálvez, en el cerro Concepción. Hace algunos meses fui invitado por la Universidad Santa María y en esta ocasión fui con mi propio dinero a invertir en buena comida y bebida. Este restaurante debe estar, actualmente, entre lo mejor de Valparaíso, tratando de desplazar de su trono al Pasta e Vino, que se ha quedado en los laureles gastronómicos.
En el Altzaga la onda es que cada comensal tenga una experiencia culinaria particular. Llegamos a la hora de almuerzo e inmediatamente el barman se acercó para pedir la orden de aperitivos. Pregunto amablemente cuál era el destilado favorito, y según otros gustos personales se mandó los medios cócteles. Fruta, cítricos, vodkas aromatizados, fueron parte del alcohólico principio.
Para comer pedimos unas empanaditas de mil hojas que estaban de rechupete. Después un pulpo, que se deshacía en la boca. Todo en su exacto punto de cocción y sabor. De segundo me lancé de nuevo con un atún, pero en esa ocasión no venía sellado con pimienta. Antes de servirnos este plato el mozo nos trajo, de regaló, una trilogía de pequeñas porciones de pastas rellenas, que nos dejaron viendo a la Santísima Trinidad. Todo esto lo bañamos con un tintolio de lujo, ya que la carta es poderosa y variada.
Una de las cosas más destacables es la atención donde el mozo, además de dar una pequeña clase de vinos, nos habló hasta del Festival de rock Lollapalloza.
ajenjoverde@hotmail.com
Salgo del cine con un verdadero daño cerebral. La angustia todavía la tengo atravesada en el estómago. La película "Biutiful" es una terrible denuncia de las infrahumanas condiciones de vida de los inmigrantes chinos y africanos en la primermundista Barcelona, donde actualmente muchos chilenos estudian postgrados con becas estatales o con recursos de su propia familia. Para poder hacer desaparecer ese mal neuronal, decidí revisitar el restaurante Altzaga, ubicado en el Pasaje Gálvez, en el cerro Concepción. Hace algunos meses fui invitado por la Universidad Santa María y en esta ocasión fui con mi propio dinero a invertir en buena comida y bebida. Este restaurante debe estar, actualmente, entre lo mejor de Valparaíso, tratando de desplazar de su trono al Pasta e Vino, que se ha quedado en los laureles gastronómicos.
En el Altzaga la onda es que cada comensal tenga una experiencia culinaria particular. Llegamos a la hora de almuerzo e inmediatamente el barman se acercó para pedir la orden de aperitivos. Pregunto amablemente cuál era el destilado favorito, y según otros gustos personales se mandó los medios cócteles. Fruta, cítricos, vodkas aromatizados, fueron parte del alcohólico principio.
Para comer pedimos unas empanaditas de mil hojas que estaban de rechupete. Después un pulpo, que se deshacía en la boca. Todo en su exacto punto de cocción y sabor. De segundo me lancé de nuevo con un atún, pero en esa ocasión no venía sellado con pimienta. Antes de servirnos este plato el mozo nos trajo, de regaló, una trilogía de pequeñas porciones de pastas rellenas, que nos dejaron viendo a la Santísima Trinidad. Todo esto lo bañamos con un tintolio de lujo, ya que la carta es poderosa y variada.
Una de las cosas más destacables es la atención donde el mozo, además de dar una pequeña clase de vinos, nos habló hasta del Festival de rock Lollapalloza.
ajenjoverde@hotmail.com
Entre el punk de pánico y los garabatos de Daniel Vilches
Por Ajenjo
A una botella de vodka Stolichnaya no le quedó nada de su transparente líquido, lo que se convirtió en el punto de partida para asistir, junto a un amigo de la universidad (un sobreviviente), a tirarle un ojo al recital de Carlos Cabezas y Pánico, en el Muelle Barón.
La actividad gratuita estaba inserta en el Rockódromo y su organización era de lujo: guardias, pantalla gigante, excelente audio y todo muy ordenado.
Llegamos con mi brother hasta la reja, al lado del escenario. Al parecer nuestra pinta de cuarentones rockeros espantaba un poco a la muchachada. Ahí nos encontramos con el cineasta Tevo Díaz y su hermosa acompañante, quien también disfrutaba del espectáculo.
Mi amigo sacó una metálica petaca desde su bolsillo y me dijo: "yo soy mochilero viejo", mientras se empinaba el fuerte licor que guardaba en el envase.
Escuchamos a Carlos Cabezas (excelente como siempre) y parte de Pánico, y nos retiramos mientras los punkies bailaban a puñete limpio en el muelle.
Quedé como si me hubieran agarrado a palos, pero eso no me impidió ir a ver el show de Daniel Vilches en el Teatro Mauri.
Salió una vedette que subía por el caño como una serpiente que tomó Red Bull; un cantante que estaba ultra tieso y que interpretó "Granada" como el mejor tenor y un humorista de más de cien kilos que mató de la risa al público.
Entre los asistentes había una pareja de curaditos que molestaba a los artistas. Un humorista, flaco como una escoba, les lanzó una cantidad de groserías e insultos impresionante, que logró apaciguarlos por un rato. Después que se terminó la función, que duró tres horas, los borrachitos casi reciben una paliza de parte del los asistentes, quienes ya no soportaban su estúpida actitud.
Me fui feliz a la casa con dolor de guata de tanto reírme con los extremos chistes y creo que hasta soñé que Daniel Vilches era el último sobreviviente de la tribu de los punk. ¡Un personaje de culto total!
ajenjoverde@hotmail.com
A una botella de vodka Stolichnaya no le quedó nada de su transparente líquido, lo que se convirtió en el punto de partida para asistir, junto a un amigo de la universidad (un sobreviviente), a tirarle un ojo al recital de Carlos Cabezas y Pánico, en el Muelle Barón.
La actividad gratuita estaba inserta en el Rockódromo y su organización era de lujo: guardias, pantalla gigante, excelente audio y todo muy ordenado.
Llegamos con mi brother hasta la reja, al lado del escenario. Al parecer nuestra pinta de cuarentones rockeros espantaba un poco a la muchachada. Ahí nos encontramos con el cineasta Tevo Díaz y su hermosa acompañante, quien también disfrutaba del espectáculo.
Mi amigo sacó una metálica petaca desde su bolsillo y me dijo: "yo soy mochilero viejo", mientras se empinaba el fuerte licor que guardaba en el envase.
Escuchamos a Carlos Cabezas (excelente como siempre) y parte de Pánico, y nos retiramos mientras los punkies bailaban a puñete limpio en el muelle.
Quedé como si me hubieran agarrado a palos, pero eso no me impidió ir a ver el show de Daniel Vilches en el Teatro Mauri.
Salió una vedette que subía por el caño como una serpiente que tomó Red Bull; un cantante que estaba ultra tieso y que interpretó "Granada" como el mejor tenor y un humorista de más de cien kilos que mató de la risa al público.
Entre los asistentes había una pareja de curaditos que molestaba a los artistas. Un humorista, flaco como una escoba, les lanzó una cantidad de groserías e insultos impresionante, que logró apaciguarlos por un rato. Después que se terminó la función, que duró tres horas, los borrachitos casi reciben una paliza de parte del los asistentes, quienes ya no soportaban su estúpida actitud.
Me fui feliz a la casa con dolor de guata de tanto reírme con los extremos chistes y creo que hasta soñé que Daniel Vilches era el último sobreviviente de la tribu de los punk. ¡Un personaje de culto total!
ajenjoverde@hotmail.com
2.16.2011
Tomando cerveza peruana hasta casi reventar
Por Ajenjo
Antes de partir a Buenos Aires la empresa peruana de cervezas Cusqueña nos invitó a participar de un evento culinario, donde un chef nos enseñaría a preparar ceviches al ritmo de las heladas chelitas.
El lugar era en el Club Árabe de Viña del Mar y junto a mi brother fotógrafo llegamos tempranito y con mucha sed.
Desde el comienzo la cosa se notaba atrasada. Nos llevaron a un sector de la piscina y nos dijeron: “chiquillos esperen que llegue la micro con los invitados santiaguinos y comenzamos. ¿Quieren tomarse una cerveza por mientras?”. La respuesta fue un rotundo sí.
Cada cinco minutos, y luego que nosotros vaciábamos los botellines, aparecían bellas promotoras con más licor espumante y helado. ¡Pasaba como agua de la llave!
A las cuatro de la tarde todos los invitados éramos amigos. Tuve la ocasión de conocer al periodista gastronómico Carlos Reyes y hablamos sobre el Caruso y muchos restaurantes de la zona. Una conversa de lujo.
Por motivos que no vale la pena detallar tuve que abandonar el evento antes que apareciera el chef y sólo se quedó el reportero gráfico, quien logró cocinar unos ravioles con pescado y centolla.
Me contó que cada invitado recibió todos los ingredientes y que poco a poco fueron armando los ricos platos.
El chef probó todas las preparaciones y entregó premios a los ganadores.
La idea fue muy buena y creo que todavía se realizará durante todo el verano.
Lo malo fueron las tremendas horas de atraso, que sólo fueron calmadas por los litros de cerveza que tragaron los participantes.
Por mi parte me sigo quedando con mi ceviche tricolor: pimentones amarillo, verde y rojo, más ají verde, cebolla morada limón y una buena reineta. Mientras lo prepara vaya bebiendo vinito blanco helado, del bueno.
¿Qué más felicidad?
ajenjoverde@hotmail.com
Infierno en Buenos Aires
Por Ajenjo
En la tele dicen que hay "alerta naranja" y que los niños y ancianos deben estar en lugares frescos y no deshidratarse. Hay una sensación térmica que supera los 40 grados en las calles de Buenos Aires y yo camino con mi hijo en busca de algún lugar que tenga aire acondicionado. El ambiente es irrespirable y tomamos un taxi a la Avenida Santa Fe, donde tenemos como destino la librería El Ateneo. El vehículo está fresco y su amable chofer nos habla del Loco Bielsa y la gran estupidez que cometería el futbol chileno si lo deja ir. Le señaló a Maradona, para seguir con su conversa deportiva, pero me dice que en su taxi esas palabras no se puede nombrar. Lo odia a muerte.
Al bajar del taxi nos llega un combo en el hocico de calor. Ingresamos a la librería y quedamos "peinados para atrás de la impresión". El recinto, un antiguo teatro, es más que hermoso. Es la librería más impresionante, enorme y estética en la que he estado en mi vida. Aprovecho de comerme un sandwich en una cafetería mientras hojeo libros. Mi hijo baja hacia la zona infantil y me dice que no se moverá de ahí hasta que pase el calor.
Después de un par de horas salimos hacia la galería Bond Street, también ubicada en Santa Fe. Hay gente tatuándose y otros poniéndose piercing en el rostro. Todos tienen cara de embrutecidos. Es el agobiante calor. Salimos a la calle y el pequeño se saca la polera. Camina como un flaite chileno, mientras me clama que le lance el agua mineral en la cabeza y el cuerpo.
Nos vamos al tradicional y cuico barrio de Recoleta, al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). Ahí quedamos nuevamente impactados con la muestra de la excéntrica artista Marta Minujín. Es una mujer totalmente loca y poderosa. Amiga de Andy Warhol. Levantó un Carlos Gardel del porte del Obelisco y lo quemó. Hizo un Partenón de libros tamaño natural en la calle Corrientes para celebrar el retorno a la democracia. En una sala había una pieza de colchones, donde nos metimos y descansamos largo rato.
Visitamos el zoológico, uno de los más amables del mundo con los animales y comimos empanadas de queso roquefort con crema en la pizzería Kentucky.
Al final del viaje cenamos en un restaurante llamado como la casa de la Nonna, en la calle Lavalle. Pido un bife de lomo a punto, donde la sangre en su centro se mezcla con una gran Quilmes heladita, que con ese calor tremendo, jamás tuvo alguna influencia cerebral y sólo actuaba como un sutil anestésico e hidratante.
Si el diablo quiere ir de vacaciones, sin duda que escogerá Buenos Aires en verano.
ajenjoverde@hotmail.com
En la tele dicen que hay "alerta naranja" y que los niños y ancianos deben estar en lugares frescos y no deshidratarse. Hay una sensación térmica que supera los 40 grados en las calles de Buenos Aires y yo camino con mi hijo en busca de algún lugar que tenga aire acondicionado. El ambiente es irrespirable y tomamos un taxi a la Avenida Santa Fe, donde tenemos como destino la librería El Ateneo. El vehículo está fresco y su amable chofer nos habla del Loco Bielsa y la gran estupidez que cometería el futbol chileno si lo deja ir. Le señaló a Maradona, para seguir con su conversa deportiva, pero me dice que en su taxi esas palabras no se puede nombrar. Lo odia a muerte.
Al bajar del taxi nos llega un combo en el hocico de calor. Ingresamos a la librería y quedamos "peinados para atrás de la impresión". El recinto, un antiguo teatro, es más que hermoso. Es la librería más impresionante, enorme y estética en la que he estado en mi vida. Aprovecho de comerme un sandwich en una cafetería mientras hojeo libros. Mi hijo baja hacia la zona infantil y me dice que no se moverá de ahí hasta que pase el calor.
Después de un par de horas salimos hacia la galería Bond Street, también ubicada en Santa Fe. Hay gente tatuándose y otros poniéndose piercing en el rostro. Todos tienen cara de embrutecidos. Es el agobiante calor. Salimos a la calle y el pequeño se saca la polera. Camina como un flaite chileno, mientras me clama que le lance el agua mineral en la cabeza y el cuerpo.
Nos vamos al tradicional y cuico barrio de Recoleta, al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). Ahí quedamos nuevamente impactados con la muestra de la excéntrica artista Marta Minujín. Es una mujer totalmente loca y poderosa. Amiga de Andy Warhol. Levantó un Carlos Gardel del porte del Obelisco y lo quemó. Hizo un Partenón de libros tamaño natural en la calle Corrientes para celebrar el retorno a la democracia. En una sala había una pieza de colchones, donde nos metimos y descansamos largo rato.
Visitamos el zoológico, uno de los más amables del mundo con los animales y comimos empanadas de queso roquefort con crema en la pizzería Kentucky.
Al final del viaje cenamos en un restaurante llamado como la casa de la Nonna, en la calle Lavalle. Pido un bife de lomo a punto, donde la sangre en su centro se mezcla con una gran Quilmes heladita, que con ese calor tremendo, jamás tuvo alguna influencia cerebral y sólo actuaba como un sutil anestésico e hidratante.
Si el diablo quiere ir de vacaciones, sin duda que escogerá Buenos Aires en verano.
ajenjoverde@hotmail.com
Un padre y un hijo en la conquista del Río de la Plata
Por Ajenjo
Acabo de llegar a Montevideo. Partí en un viaje de mochila junto a mi hijo de 10 años a conquistar el Río de la Plata. Todo comenzó en Buenos Aires, que está convertido en un infierno. Caminamos con una sensación térmica de 40 grados. No se puede respirar y pasamos largas horas en librerías con aire acondicionado. Vivimos en un hostal en pleno centro, en una pieza que parece sacado de un centro siquiátrico: es muy pequeña y está pintada completa de un amarillo canario.
Cenamos en el Palacio de la Papa Frita, donde mi hijo entró corriendo y se sentó sin que nadie lo parara. Ahí me tome la única cerveza Quilmes que llevo en mi cuerpo. Con la transpiración excesiva
siento que me estoy desintoxicando. Sin embargo, los bifes de chorizo le ponen el toque de contaminación al organismo.
Tomamos un lento ferry hacia Uruguay, específicamente a la ciudad de Colonia. Creo que es lo más cerca que estaré de un crucero lujoso. Ahora, ya en Montevideo, me siento más tranquilo. Estamos en una pieza en el hostal Che Lagarto en la plaza Independencia, que está rodeada de edificios sacados de la película “Metrópolis”, de Fritz Lang. La gente es amable y el clima más pacífico. Fuimos a comer a un lugar llamado El Chivito de Oro, en alusión al sandwich más famoso de Uruguay: El Chivo, que lleva pan, carne, lechuga, tomate y huevo duro. El pequeño se comió un “panchito” (hot dog) con la salchicha envuelta en jamón y queso. Le dieron ganas de ir al baño y cuando llegamos al santo lugar
nos encontramos con una tamaña sorpresa: ¡no había taza! Dos marcas de zapatos y un hoyo eran todo lo imaginable.
El lugar estaba muy limpio y moderno y no entendíamos la situación. Al final, con lágrimas en los ojos de la risa, realizó sus necesidades en ese raro lugar.
Estamos en la mitad de la travesía. Viajar todo el tiempo con un niño es bastante loco. Yo le hablo desde mi mundo y él del suyo. Los dos nos cansamos, pero seguimos adelante, a pesar del calor que nos ha dejado casi desmayados. Lo importante es seguir caminando y continuar soñando con nuevos lugares, nuevos mundos y nuevas personas.
ajenjoverde@hotmail.com
2.15.2011
Reflexiones derivadas de empujar una silla de ruedas en Valparaíso
Por Ajenjo
Llevo a mi mujer en una silla de ruedas por la calle Lautaro Rosas del Cerro Alegre. Hacía varios días que la pobrecita estaba encerrada en la casa, producto de un accidente que la dejó inmovilizada de un pie por 45 días.
La llevó a almorzar a la pizzería Malandrino, donde comemos como reyes y bebemos un vino tinto Sutil Carmenere del Valle de Colchagua, donde están fabricando los mejores caldos de este país.
Estábamos celebrando que me gané una beca de creación literaria del Fondo del Libro, donde podré reunir las mejores crónicas y describir sin límites a los personajes y lugares más distorsionados de este Puerto maldito y bendito.
Yo me lancé unas cervezas Tiger y varias copas de vino, además de una pizza cuatro quesos de alto poder saborizante. Después saqué a mi señora del local y con el impulso del buen alcohol transportaba la silla de ruedas a gran velocidad por la avenida Almirante Montt.
Decidí parar en el Vinilo, donde me tomé un bajativo de ron, mientras mi señora degustaba su trago preferido: Kir Royal.
Salí bastante dañado y conducía la silla de ruedas como un loco. Me lancé a la calle y hacía sonar una bocina bocal (imitando a los camiones), para que nos dejaran pasar.
Los turistas nos miraban curiosos y muchos pensaron que terminaría con mi bella y paciente esposa, cuan larga es, tirada en el pavimento. El aparato crujía entero y en muchas ocasiones pensé que las ruedas explotarían o que las piezas reventarían violentamente. Al final llegamos sanos y salvos a la casa y dormimos una larga siesta.
Con esto de la silla de ruedas me he percatado lo difícil que debe ser para los que están postrados en estos aparatos andar por los cerros porteños. La geografía de las veredas y de las calles es terrible, más aún si uno se ha puesto algunos cañonazos cerebrales.
Debe costar mucho dinero adecuar veredas y calles para las sillas de ruedas, pero es un esfuerzo que debe finalmente ejecutarse.
Nadie ha elegido estar sentado en estas sillas.
ajenjoverde@hotmail.com
Con Madonna y Elvis Presley en el Lago Villarrica
Por Ajenjo
- A Baltasar, para que salga adelante con
todas las fuerzas de la vida -
El lago Villarrica se extiende como un delicado ojo de agua. En su superficie navega un gran velero chilote que trae en cubierta a una feliz pareja de novios. Ella viene con un vestido que lleva una red verde y el novio viene uniformado de Almirante.
Los invitados esperan en el muelle. Las mujeres portan unos delicados paraguas de madera que junto a un amigo tuvimos que repartir en una gran cesta. La escena corresponde a un matrimonio que asistí el fin de semana pasado en el verde sur chileno, donde tuve la posibilidad de conocer el bello y cuico Pucón y sus alrededores.
Llegue dos días antes de la fiesta y fui invitado a almorzar al restaurante Las Brasas, donde el anfitrión Cristian nos trasladó con sus videos musicales a la época del 60 y mientras desgastábamos unas ricas truchas con puré al merquen, Sandro y Elvis Presley nos cantaban en la oreja.
También tuve la posibilidad de cenar en el Senso de Pucón, donde la especialidad son las pastas italianas. Me mande unos fetuchinis con una salsa “al fileto”, que todavía me tiene soñando.
Nos estábamos quedando en el Hotel del Lago, donde era el matrimonio, por lo tanto me puse mi terno, caminé cuatro pasos y llegue a la ceremonia civil. Los novios ingresaron rodeados de bellas musas vestidas de rojo al ritmo de la canción del verano 2011: Soul Sister.
Después vino la fiesta donde el grupo musical Metrópolis se transformó en el plato fuerte de la noche.
El vocalista, quien es el carisma hecho artista, comenzó cantando una canción de Frank Sinatra y siguió por todos los éxitos bailables que uno pueda imaginar. Bromeaba constantemente (en vez de gritar“Américo” se declaraba “Alcohólico”), salió disfrazado de Elvis Presley, incluso hizo un tremendo cuadro travesti imitando a Madonna.
Yo tomaba Johnny Walker con energizante como agua de la llave y terminé saltando como mono de circo, como si estuviera en el mejor recital de rock.
Al abandonar el lago Villarrica, donde los anfitriones nos atendieron de lujo, me dio un poco de pena, pero pensé en mi Valparaíso querido y todo se calmó.
ajenjoverde@hotmail.com
2.14.2011
Esos extraños seres humanos llamados "santiaguinos"
Por Ajenjo
Estoy saliendo del restaurante Caruso donde realizamos la previa del Año Nuevo en un almuerzo lleno de calugas de pescados, empanaditas de mariscos y chorrillana. Por segundo año consecutivo almuerzo en este lugar el 31 de diciembre, para tratar de detener la ansiedad que se toma, no sólo mi cerebro, sino que también a Valparaíso completo.
Bebimos pisco sour, cerveza y vinito blanco, mientras los amigos santiaguinos de mi señora llegaban a instalarse a la casa. Fuimos a comprar unos botellones de cerveza para amenizar la tarde y nos encontramos con el dueño del bar Vinilo, quien nuevamente repitió el mismo y hermoso gesto del año pasado y sacó una poderosa champaña mendocina de su refrigerador y nos dejó totalmente locos. Mientras estábamos sentados en unas bancas en la calle Lautaro Rosas, pasó un grupo de “encantadoras” señoras santiaguinas que intentaron entrar a la casa de mi amigo bajo el argumento de que son tan lindas estas residencias antiguas”. Aquí todos saltamos inmediatamente y detuvimos la desfachatez capitalina con un “pero ubíquese por favor, no ve que es una casa particular y están los niños y su mujer”. La viejuja hizo como un desprecio y siguió su camino altanero.
Después volvimos a mi casa y bebimos toda la tarde a la espera de los fuegos artificiales. Los invitados subieron al altillo para tener una mayor amplitud de vista, mientras yo, ya cansado de ver lo mismo todos los años, comenzaba a prender el carbón en la parrilla y a preparar los choripanes, el pollito, el costillar y el lomo vetado.
Como a las dos de la mañana uno de los amigos santiaguinos de mi mujer me pidió que “si podía invitar unas personas a la casa, que estaban en la calle”. Le mandé un rotundo “no” y la situación me empezó a incomodar. Luego los invitados decidieron irse a beber a la calle con sus “amigos” y sacaban el trago de mi casa para bebérselos junto a sus compadres en la vereda. Ni siquiera participaron del asado en la mesa y fueron mis amigos, los porteños y viñamarinos, quienes levantaron el evento.
Fue en ese preciso momento que recordé que los santiaguinos son una raza especial y que hay que tener mucha paciencia y tolerancia. No todos son iguales, pero muchos cargan en los genes esa falta de educación y buen trato que nosotros, los provincianos, tenemos adosados en nuestro chip cerebral en forma natural y cariñosa.
Igual fue un Año Nuevo entrete, pero los he pasado mejores.
ajenjoverde@hotmail.com
Todo lo comido, lo bailado y lo gozado en este distorsionado 2010
Por Ajenjo
Es hora de los resúmenes y es mi obligación relatar lo mejor que comí y chupé en este año que estuvo bastante distorsionado desde cualquier punto de vista que se le mire.
Personalmente lo más importante fue mi matrimonio con mi bella esposa, a quien admiro y amo con todas las fuerzas que me da el roncito con cocacolita. La fiesta, según los invitados, estuvo re buena y hasta Dióscoro Rojas se pegó el tremendo discurso y dio hasta unos pequeños pasos de baile.
Durante el verano pasado volvimos a comprobar que el Bric a Brac (Isidro Gaete 25 esq. Av del Mar) sigue siendo lo mejor de Maitencillo y es un pecado no pasar a comer en ese rico lugar.
En el cerro Alegre nos encontramos con varias novedades que hay que destacar. Primero que todo el descubrimiento de Malandrino (Almirante Montt 532), que con un horno instalado len pleno comedor se está despachando las mejores pizzas de Valparaíso, en un ambiente acogedor y familiar.
También tenemos el Norma´s (Almirante Montt 391) , donde me comí unos de los mejores bistec a los pobre del año. Me encanta su nombre y la casa con las vigas al aire. Sus precios no son exagerados y la atención es de lujo.
En el cerro Concepción tenemos a Tama (Almirante Montt 60), donde hay un sushi fresco y original, especialmente los que son fritos. De ahí pasamos al Vía Vía Café (Almirante Montt 217), de propiedad de unos belgas, donde en su terraza están los mejores menú de almuerzo y hay unas cervezas internacionales para capear este calor veraniego.
El Altzaga (Papudo 416) también fue todo un descubrimiento y me mandé el mejor atún sellado a la pimienta de toda mi vida, donde la boca todavía me pica y el recuerdo del vino fue espectacular.
En el centro de Valparaíso me quedo con el nuevo Shawarcreps (Huito local 10) que ya lleva dos puestos. Aquí se reinventó esta comida árabe y le puedes echar todos los ingredientes inimaginables.
La resurrección del Bar Renato (Manuel Rodríguez 473) fue espectacular y también cabe dentro de lo mejor del año. Se quemó entero y sus dueños, en una titánica tarea, lo recuperaron para todos los amantes del borgoña y de los riñones al jerez.
Frente a los carretes es esencial nombrar la ramada de la Zuliana para el 18 de septiembre y los carretes del Forum de las Culturas, especialmente Los Jaivas y Pedro Aznar gratis en la plaza Sotomayor.
Como también no nombrar la tremenda paella española que nos ofreció Tatiana y Gino, los padres del mejor amigo de mi hijo.
Ahora sólo queda abrazar a los seres amados y pensar que en este año conquistaremos todos nuestros sueños e ilusiones.
¡Salud a todos los hombres de buena voluntad!
ajenjoverde@hotmail.com
Es hora de los resúmenes y es mi obligación relatar lo mejor que comí y chupé en este año que estuvo bastante distorsionado desde cualquier punto de vista que se le mire.
Personalmente lo más importante fue mi matrimonio con mi bella esposa, a quien admiro y amo con todas las fuerzas que me da el roncito con cocacolita. La fiesta, según los invitados, estuvo re buena y hasta Dióscoro Rojas se pegó el tremendo discurso y dio hasta unos pequeños pasos de baile.
Durante el verano pasado volvimos a comprobar que el Bric a Brac (Isidro Gaete 25 esq. Av del Mar) sigue siendo lo mejor de Maitencillo y es un pecado no pasar a comer en ese rico lugar.
En el cerro Alegre nos encontramos con varias novedades que hay que destacar. Primero que todo el descubrimiento de Malandrino (Almirante Montt 532), que con un horno instalado len pleno comedor se está despachando las mejores pizzas de Valparaíso, en un ambiente acogedor y familiar.
También tenemos el Norma´s (Almirante Montt 391) , donde me comí unos de los mejores bistec a los pobre del año. Me encanta su nombre y la casa con las vigas al aire. Sus precios no son exagerados y la atención es de lujo.
En el cerro Concepción tenemos a Tama (Almirante Montt 60), donde hay un sushi fresco y original, especialmente los que son fritos. De ahí pasamos al Vía Vía Café (Almirante Montt 217), de propiedad de unos belgas, donde en su terraza están los mejores menú de almuerzo y hay unas cervezas internacionales para capear este calor veraniego.
El Altzaga (Papudo 416) también fue todo un descubrimiento y me mandé el mejor atún sellado a la pimienta de toda mi vida, donde la boca todavía me pica y el recuerdo del vino fue espectacular.
En el centro de Valparaíso me quedo con el nuevo Shawarcreps (Huito local 10) que ya lleva dos puestos. Aquí se reinventó esta comida árabe y le puedes echar todos los ingredientes inimaginables.
La resurrección del Bar Renato (Manuel Rodríguez 473) fue espectacular y también cabe dentro de lo mejor del año. Se quemó entero y sus dueños, en una titánica tarea, lo recuperaron para todos los amantes del borgoña y de los riñones al jerez.
Frente a los carretes es esencial nombrar la ramada de la Zuliana para el 18 de septiembre y los carretes del Forum de las Culturas, especialmente Los Jaivas y Pedro Aznar gratis en la plaza Sotomayor.
Como también no nombrar la tremenda paella española que nos ofreció Tatiana y Gino, los padres del mejor amigo de mi hijo.
Ahora sólo queda abrazar a los seres amados y pensar que en este año conquistaremos todos nuestros sueños e ilusiones.
¡Salud a todos los hombres de buena voluntad!
ajenjoverde@hotmail.com
Sabios consejos para llegar sanitos al 2011
Por Ajenjo
Durante varios años, en estas fechas, trato de dar algunos consejos a los porteños y visitantes que llegan a la ciudad para poder sobrevivir a las fiestas de fin de año, especialmente la noche de Año Nuevo, que en Valparaíso siempre es como una especie de "acabo mundo".
Ante todo hay que tener claro que la ciudad se transforma en un gran parque mutante de diversiones, por lo tanto no es necesario estar pagando 15 o 20 mil pesos para ingresar a una fiesta.
Los eventos pagados en estas fechas están colapsados. Hace algunos años se me ocurrió pagar por una fiesta que prometía "bar abierto toda la noche". Para poder conseguir un ron en vaso de plástico tuve que matar a cuatro tipos. En los afiche de estas fiestas la imaginación puede proyectarse hasta casi el infinito y se promete "todo, todo, todo", pero al final casi nada resulta como lo planificado.
Lo mejor es quedarse en alguna fiesta en la plaza, en la calle, en la casa de un amigo o en algún bar muy piola.
Otra cosa importante es no dañarse mucho el 30 de diciembre. Generalmente la ansiedad causa que uno se pegué un tremendo carrete en esa fecha y el 31 amanezca dando la tremenda pena, con arcadas y chuteando las ojeras.
La cosa se trata de estar presentable y poder abrazar a la pareja amada, la familia y los amigos con dignidad y en buena presencia.
El 31 de diciembre tampoco hay que ponerse a empinar el codo muy temprano, ya que conozco casos que a las 10 de la noche están abrazando a la taza del water y todo termina mal, muy mal.
Como siempre les advierto, no hay que mezclar mucho. Si uno parte con una cerveza tipo seis de la tarde, para después ponerse unos pisco sour a la vena (como dice mi querida suegra), bajarse una botellita de vino en la cena, y rematar con fuertones, la pintada de mono no la despinta nadie.
Hay que beber con moderación y buena onda y no recibir el nuevo año llamando al despreciable Guajardo.
Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo a todo el mundo y ojalá sigan mis consejos, especialmente yo, que generalmente terminó como el muy querido Padre Gatica.
La historia de un perrito llamado Pampero
Por Ajenjo
La dueña del bar Moneda de Oro se comunicó telefónicamente conmigo para avisarme que el bar Renato sería reinaugurado "y debe venir con los periodistas y el oftalmólogo, ya que serán invitados de honor".
El equipo llegó hasta la calle Rodríguez, donde justo en ese momento estaba hablando el alcalde. El barman nos puso unos buenos pisco sour y varios canapés de crudo y paté. Después le siguió el vinito y terminamos en una mesa con una botella del venezolano ron Pampero, bebidas y un gran plato de pichanga.
A las 11.30 de la noche el daño en nuestras cabezas era casi total. Saqué fuerzas de flaqueza y recité mi tradicional poema a las prostitutas de Valparaíso. Saqué aplausos en la concurrencia y decidimos retirarnos en paz y calma.
Tomé una micro en la Avenida Pedro Montt y llegué hasta un carrito de comida, ubicado a un costado de un supermercado en Bellavista.
Decidí comerme un sandwich y sobrellenar mi estómago y de esta manera engañar a la mareada cabeza. Me senté con mi churrasco palta tomate en un asiento de cemento y apareció un cachorro, negro, pequeñísimo, y me miró con esa cara que parte el corazón de los más duros del Viejo Oeste. Saqué la carne de mi sandwich y se la entregué. En un par de segundos se la había devorado. Le di un poco de pan y comencé a caminar. El pequeñín me seguía como a su amigo más fiel. Lo volví a mirar, lo tomé entre mis brazos, lo instalé en mi hombro y partí rumbo a mi casa con mi nuevo compañero.
Una punki alcohólica, de esas que pululan por ese sector, gritó de alegría porque me llevaba al perro y me aplaudió por varios segundos.
Crucé la plaza de la Intendencia, tomé un taxi, abrí la puerta y lo deposité en el pequeño patio. Saqué un poco de leche del refrigerador y se la di, mientras junto a mi bella y paciente señora le preparábamos una caja como improvisada cama.
El pequeño fue bautizado Pampero (es obvio su nombre) y ya fue al veterinario y come esos pelet especiales para cachorro.
Ahora, mientras saco su olorosa caquita del patio me pregunto: ¿No aparecerá pronto un gato llamado Stolichnaya?
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