4.13.2009

Aromáticos recuerdos




Por Ajenjo



Con mucho cariño y recuerdo al ya fallecido sacerdote Aldo Alvarez



Entre los 14 y 23 años, una etapa bastan importante en la vida de cualquier ser humano, habité el barrio de Chorrillos, en Viña del Mar.
Arrendábamos una casa en el pasaje Portugal, donde éramos vecinos del gran hombre y cineasta Aldo Francia, quien forjó gran parte de mi personalidad artística.
En ese barrio pasaron muchas cosas esenciales, desde terribles caídas en bicicletas que terminaron con grandes cicatrices en la frente hasta los primeros y sufridos amores de adolescencia.
Mi familia era católica y durante muchos domingos de mi vida fui a misa a la parroquia de Chorrillos, donde al padre Aldo Alvarez realizaba las liturgias.
El sacerdote había sido amigo de mi padre cuando joven y siempre visitaba la casa y nos daba buenos consejos.
Para el terremoto de 1985, muchas casas que tenían conexiones a gas de cañería quedaron sin ese servicio, y el padre Aldo llegaba todos los días a nuestro hogar para poder ocupar la ducha que funcionaba con los tradicionales balones de gas licuado.
Hace poco supe la noticia de su muerte y me dio mucha pena, ya que siempre fue una gran persona y además tuvimos una divertida anécdota que siempre nos sacaba en cara.
Con un grupo de amigos de Chorrillos, con quienes me fumé mis primeros cigarrillos marca Hilton, escondidos en la línea del tren, siempre andábamos jugando alrededor de la parroquia.
El padre nos pidió que por favor asistiéramos a la misa de la tarde, ya que necesitaba nuestra ayuda. Nosotros no le pusimos ningún problema y todos nos comprometimos para estar a las 19.00 horas en punto.
Ese día nos jugamos una sudada pichanga en la cancha de fútbol del antiguo seminario San Rafael de Viña del Mar y llegamos directamente desde la cancha a la parroquia.
Ahí el padre nos avisó que seríamos sus ayudantes para la ceremonia de lavados de pies y casi se nos cae la cara de vergüenza, ya que estábamos todos bastante cochinos y "aromáticos".
El padre Aldo nos lavó nuestros pies, en esa tradicional ceremonia religiosa, y después nos retó por haber llegado en ese estado.
¡Qué recuerdos de Chorrillos y toda su gente!
¿A dónde vivirán todos esos recuerdos de infancia y juventud? ¿Dónde?




ajenjoverde@hotmail.com

4.03.2009

¿Han comido costillar ahumado de Sethmacher?


Por Ajenjo


Mi gran amigo Tísico, conocido con ese apodo porque hace algunos años padeció de una flacura extrema, decidió irse a probar suerte a Nueva Zelanda y le organizamos una gran despedida.
El lugar elegido fue El Tabito, que son unas cabañas ubicadas en el litoral sur de nuestra región.
Todos los invitados eran santiaguinos y yo, junto a mi novia, éramos los únicos porteños y pensamos llevarles una gran sorpresa: costillar y longanizas de la tradicional chanchería Sethmacher, ubicada en el corazón del Barrio Chino.
Me habían dicho que había que reservar la carne, por lo tanto llamé por teléfono y les dije que me guardaran un par de costillares. "¿Lo quiere ahumado?", fueron las palabras mágicas que emitió el teléfono. ¿"Ahumado"?, respondí con tono de duda y reflexión. "Sí, muchacho, y le aseguro que a todos los comensales les dará mucha sed"...
Fue así como llegué a la carnicería a buscar mis reservas y me encontré con la gran sorpresa de que sólo el costillar ahumado, que era de tremendas dimensiones, me salía más de 18 lucas.
Le pedí la mitad del costillar ahumado y del normal, más diez longanizas blancas, diez longanizas rojas, seis prietas y cuatro gordas.
Con ese tremendo paquetito llegué a la fiesta, donde la parrilla se encendió un viernes en la noche y se apagó el domingo en la mañana.
Uno de los invitados, que tiene el apellido como mi seudónimo, se convirtió en el "guardián de la parrilla" y dejó en claro que cualquier persona que se acercara podía, fácilmente, recibir un golpe.
El costillar ahumado salió como a las cinco de la tarde. El experto asador (a quien catalogo como el mejor parrillero de Chile) lo dejó a fuego lento y por un par de horas.
Con varios litros de cerveza y vino en el cuerpo atacamos la presa y le sacábamos grandes pedazos con un cuchillo y, sin exagerar, les puedo afirmar que era como comer jamón-jamón de primera clase.
Con Tísico lo devorábamos, mientras yo ya estaba en un estado cercano al nirvana y hacía imitaciones, contaba chistes, recitaba poesías y hablaba estupideces como una orate metralleta.
Cerca de la una de la mañana me fui a acostar y al otro día casi llamo a una ambulancia para que recogiera las partes de mi estómago y cerebro que habían quedado esparcidas en El Tabito.
¡Adiós, Tísico, y buena suerte en tu aventura!


ajenjoverde@hotmail.com

3.30.2009

Un “kabaret” en el Barrio Chino


Por Ajenjo


Hace varios años que dejé de ir a carretear al Barrio Chino de Valparaíso; esencialmente, esta decisión fue tomada porque no poseo la fuerza para enfrentar a pandillas de flaites en busca de celulares y carteras.
Hace cuatro años mi novia sufrió un robo en el "Éxodo" y hasta hablé con los ladrones por teléfono celular, quienes me invitaron cordialmente a la Iglesia La Matriz, donde lanzarían la cartera con los documentos inservibles.
Después visité el restaurante Journal, donde me comí unas machas a la parmesana preparadas con un tremendo pedazo de queso gauda en su interior. Mal, muy mal.
Siempre iba en taxi y me retiraba en taxi, pero al final ya no valía la pena seguir intentando ingresar a este barrio. ¡Ni siquiera la inauguración de la discoteca Blondie me motivó un poquito!
Hace pocas semanas, tuve la valentía de volver al Barrio Chino y simplemente por la invitación de mi amigo personal Alejandro Cid, a quien siempre he respetado por su postura consecuente en torno a la bohemia porteña.
Este artista tiene fe en lo que hace y se cree el cuento, lo que causa motivación entre el público que hace años sigue sus performances y actuaciones teatrales.
Después de ver "Slumdog millionaire", con mi correspondiente petaquita de ron, tomé la micro y me dirigí al "Club Cigale", encontrándome con una de las mayores sorpresas de los últimos tiempos.
Como diría mi brother oftalmólogo, "¡éste sí que es una local de categoría!".
Todo el decorado fue traído desde Santiago por el propio Alejandro Cid, quien escogió desde las telas para forrar los muebles hasta la ubicación de la barra.
En la recepción hay garzones vestidos a la antigua que te llevan a tu mesa (yo me fui al segundo piso) y te ofrecen una variada carta de tragos en un ambiente de relajo, lejos totalmente del bullicioso mundo de las piscolas a 600 pesos y las cervezas de litro.
Los baños son de antología (no hay diferencia entre hombres y mujeres) y me ofrecieron participar gratis de la degustación de un pastelillo.
El edificio es una bodega antigua y uno se siente como en esos loft de Nueva York.
Aquí hay buen gusto, seguridad y tranquilidad. Además hay teatro, coreografías (a mí me tocó una de los tiempos del nazismo) y muy buen público.
¡Todo un hallazgo que ojalá triunfe y recupere definitivamente este barrio porteño!


3.24.2009

Un matrimonio de alto vuelo...


Por Ajenjo


Nuevamente voy camino a la localidad de Pirque, al matrimonio de mi gran amiga "La Marilyn Manson", quien después de vivir muchos años en la Isla de Pascua, decidió dar el paso definitivo y casarse en el continente con su "yorgo".
El novio, un gran brother, es un pascuense de tomo y lomo, y obviamente el matrimonio tuvo características polinésicas que aquí, mis queridos lectores, les paso a detallar.
Pero antes les contaré sobre algunos de mis compañeros de mesa, con quienes me tocó convivir y reírme a mandíbula batiente. Una de las parejas era Papito, el ex presidiario y ahora agitador cultural de la ex Cárcel, junto con su señora periodista. Después estaba "El Kaleidoscopista", quien integró por muchos años el grupo de teatro La Patogallina y quien era el único que no era de Valparaíso.
Papito, antes de empezar a comerse la entrada de ceviche de atún de la Isla de Pascua, le dijo al Kaleidoscopista: "Tú no soi choro porteño". El santiaguino, quien aseguró que era porteño de adopción, tomo una gran copa de vino blanco y se la bebió entera en un microsegundo, sacando aplausos de la concurrencia y presagiando lo que sería una noche bastante etílica.
Tomé blanco y del otro y después me empecé a tirar unas whiskolas, que es mi trago preferido en los matrimonios. Una orquesta se lanzaba las medias cumbias y de repente salió un grupo pascuenses y todos empezamos a bailar onda sau sau. Es que con el estanque lleno, pueden poner la música más extraña del mundo y soy capaz de sacarle el ritmo (obviamente dejando a la vergüenza ajena sentada en la mesa).
Se tocaron "Flaca", de Calamaro, en versión Rapa Nui. Yo estaba que lloraba, pero mis lágrimas de curadito se aguantaron hasta que salió la novia, con un erótico y power vestido pascuense y, junto a una isleña, que era profesora de baile, se mandaron una coreografía que dejó a todos turulatos.
Después el novio, con otros pascuenses, hicieron una danza ritual de gritos y movimientos violentos, que también sacó aplausos de una concurrencia que estaba feliz y con un trago en la mano.
En la fiesta había todo tipo de invitados, y pude visualizar hasta una ministra, que también le hacía empeño al baile polinésico.
También había un chicoco terneado, que tratada de bailar pascuense a todo ritmo, pero que nos dejó con arcadas de tanto reírnos.
Como a la seis de la mañana nos retiramos con rumbo a Santiago. En el auto iban todos tirando tallas y comentando que el matrimonio había sido "de categoría y de alto vuelo" . Yo pensaba en que el novio no tiró la liga de la novia, pero lo que más recordaba era la playa de Anakena, donde conocí a la mujer más bella del mundo, y el amor volvió a mi vida para no despegarse nunca más.
¡Felicidad al nuevo matrimonio y que vengan los "yorgos" chicos a este mundo!


3.17.2009

¿Quién vigila a los vigilantes de Valparaíso?


-¿Sabes qué me gustaría? Me gustaría que toda la escoria de la Tierra estuviera en una sola garganta, y tener mis manos en torno a ella.
Rorschach, personaje de la película "Watchmen".


Voy por la calle Salvador Donoso, una de mis preferidas de Valparaíso, y me meto a las empanadas "Famosas". El negocio está a punto de cerrar y me zampó rápidamente una empanada frita de queso y una cerveza chica.
Me preparo para ir a ver la película "Watchmen: Los Vigilantes" y para seguir mi tradición, llego hasta la botillería Caruso a comprar una petaquita de ron y endulzar mi bebida en el cine.
El dueño del local, con una polera del Everton, discute con un empleado wanderino. El ambiente está futbolizado, ya que los oroycielo juegan contra Lanus en Sausalito. El caturro grita que "la única vez que llenan el estadio es cuando juegan con el Wanderers".
Yo patudamente me introduzco en la discusión y le explico que el fútbol no se gana por la cantidad de espectadores que se lleve, sino que por los goles. El dueño me felicita y sigue la conversa, mientras me pasa mi botellín de un licor denominado irónicamente "Flor de caña".
Llego al cine y me compro una bebida mediana y lentamente la voy regando con el alcohol, mientras veo las tremendas sinopsis de "Transformers 2" y "X-Men: Wolwerine".
Después comienza a desfilar una de las mejores películas de superhéroes que he visto en mi vida, donde frases de Nietzche se mezclan con escenas de violencia y sexo.
El trago me pasaba feliz por el gaznate mientras uno de los personajes, llamado ElComediante, le disparaba a una turba de hippies pacifistas que protestaban y pedían amor y paz para el mundo.
También es estéticamente power ver un tipo azul, de 15 metros de estatura, haciendo explotar a soldados vietnamitas, en la famosa guerra donde intervino Estados Unidos.
Los superhéroes han sido trascendentales en mi vida cinematográfica, pero lejos esta es la película más torcida, extraña y bella que ha pasado por mis ojos .
La cinta dura cerca de tres horas y tuve que ir dos veces al baño, provocando la pifiadera de las butacas.
Después salí con fuegos artificiales en el cerebro y pensaba en la frase "¿Quién vigila a Los Vigilantes?", que aparece varias veces en la película. Me fui a "El Moneda de Oro" y me senté en la barra, donde me consumí una cerveza chica, mientras me hablaban sobre el partido del Everton.
Después mi novia me avisó por teléfono que estaba con unas amigas en el bar karaoke Acqualuna y llegué a sentarme en una mesa y zamparme el último ron nocturno, mientras un animador me ponía un micrófono y yo cantaba "Flaca", de Calamaro, en un tono muy parecido al de un cordero degollado en un matadero clandestino.
Me fui a acostar sólo pensando que tengo que ir a ver la película de nuevo y estar atento, muy atento y vigilante.

ajenjoverde@hotmail.com

3.08.2009

Reconciliación y sacrificio


Por Ajenjo


Toda reconciliación, de cualquier naturaleza, tiene una cuota de sacrificio.
En esa frase, y en la muerte del poeta Miguel Serrano, pensaba mientras esperaba a mi novia debajo del reloj Turri, para celebrar su cumpleaños y tratar de reconciliar nuestras diferencias.
Una de las cosas que más le gusta en la vida es conocer restaurantes caros, por lo tanto decidí desempolvar la tarjeta de crédito y nuevamente empezar a usarla, sabiendo perfectamente los dolores de cabeza y bolsillo que me traerá más adelante.
Vamos subiendo por el ascensor y trato de mantener a raya los dolores estomacales que me invaden como si fuera un quinceañero en mi primera cita. Le advierto que no tengo reserva para el restaurante "Pasta e Vino", pero que tratare de "tollar" para encontrar una mesa. En la entrada se ubica una pareja con un computador. Parecen modelos sacados de alguna publicidad de Benetton. Ella, con un dejo de esperanza, revisa la pantalla y pone una cara que me alegra, sin embargo el tipo le dice otra cosa y lamentablemente nos quedamos afuera.
De regalo llevaba el libro "Valparaíso a la mesa", del periodista Carlos Reyes y de ahi sacamos la información de un restaurante llamado "Montealegre", ubicado precisamente en esa calle que lleva el nombre de árbol.
Partimos y me di cuenta que ese lugar pertenece al hotel más cuico de Valparaíso, y que antes de transformarse, fue la casa de una amiga donde se realizó mi primer matrimonio.
Con ese nervioso dato entró al restaurante y me encuentro en otra dimensión. Lejos y sin ninguna duda, este sitio es el más refinado y complejo lugar para cenar de Valparaíso. Todo es perfecto, desde la terraza con una vista amplia y singular de la bahía, hasta sus servilletas de género negro y su servicio que brilla hasta hipnotizar.
Me lance un pisco sour perfecto y helado. Ella bebía cerveza y pidió de entrada un plato denominado Machas y Machas. Eran tres pocillos llenos de lenguas, donde algunas estaban marinadas en vodka y menta, mientras otras desarrollaban una estética espuma marina.
De fondo me comí unos filetes de congrio fritos espectaculares. La cobertura dorada y crujiente de mi pescado es la más sabrosa de toda mi vida. Ella devoraba unos canelones gigantes verdes rellenos con pulpo. Inlcuso el plato traía un baby o mini pulpo, y me lo devoré recordando la cinta "Old Boy".
Tomamos vino y hablamos de nuestras diferencias y de las posibilidades reales de reconciliación. El futuro es incierto y la única certeza es la cuenta que me llegará a fin de mes, pero claro: "toda reconciliación exige sacrificio".


ajenjoverde@hotmail.com

2.23.2009

Mi cuerpo es una celda



Por Ajenjo

"Soy incapaz ante las relaciones de dinero y las relaciones de influencia, y no puedo resistir el amor: es algo mucho más fuerte que todas mis fuerzas, y me las ha desbaratado".
Andrés Caicedo.


Voy en tren rumbo a Limache leyendo el libro "Mi cuerpo es una celda", que corresponde a textos, manuscritos, críticas de cine y cartas del colombiano Andrés Caicedo y que recopiló nuestro taquilla escritor Alberto Fuguet.
Desde hace mucho tiempo que no leía textos tan honestos, donde la tristeza más profunda y la desesperación por no sentirse integrado a la sociedad son la tinta de una pluma que vale la pena leer.
Muchas veces he sostenido que la honestidad al escribir literatura o periodismo es un factor fundamental a la hora de tener lectores. Si uno cuenta la verdad sin muchos adornos, tal como sucedió, la gente quedará atrapada en esa realidad y para más remate se entretendrá.
El libro "Mi cuerpo es una celda" es eso: honestidad pura. Parte con una hermosa carta suicida dirigida a la madre de Andrés Caicedo, donde el atormentado muchacho explica que la muerte será la liberación de su dolor interno. Al final el joven colombiano tomó 60 pastillas de seconal y se despidió del mundo a sus 27 años.
Personalmente, jamás he pensado seriamente en el suicidio y creo que si tuviera que tomar la extrema decisión, seguiría los pasos del personaje Ben Anderson en la lacrimógena película "Adiós a Las Vegas".
Para los que no la han visto, se trata de un loquito que cobra su indemnización laboral y se la gasta toda en trago fuerte. Para amenizar su suicidio, se enamora de una prostituta.
Yo creo que llegaría con un camión aljibe al Moneda de Oro y pediría que me lo llenaran de cola de mono. Contrataría un chofer para que subiera el vehículo hasta mi casa y con una manguera me serviría el lechoso licor hasta que mi cerebro emitiera la última luz de realidad.
El suicidio es algo serio y no es una situación para tomarla a la chacota. Tengo un primo que se ahorcó en su casa y su madre jamás pudo recuperar la luz de sus ojos. Por ahora no tengo ni la plata ni las ganas para contratar el camión aljibe y llenarlo de colemono. Sólo me queda seguir juntándome con los brothers en el bar y ver el sangriento noticiario de Chilevisión, jugando al cacho y murmurando sobre fútbol y política y de esta manera tratar de encontrar un pequeño sentido a esta extraña aventura que llamamos vida.





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2.17.2009

Divorcio on the rocks


Por Ajenjo


El juez golpea con su martillo en la mesa y exclama: "Ha lugar al divorcio".
Mi abogada me mira con cara de felicidad, mientras de mi espalda se extienden dos grandes alas que desempolvan muchos años de amor y conflictos.
Les digo a mis testigos con voz emocionada: "los invito a todos a almorzar al Cinzano", sin embargo un sólo amigo, junto a la joven abogada, aceptaron la propuesta.
Fue así como los pisco sour y el vino tintolio fueron los primeros golpes que recibimos esa tarde, donde celebrábamos el término jurídico de una relación.
Al salir del Cinzano nos pasó la típica de los buenos para el trago: se nos calentó el hocico. A las cuatro de la tarde bebíamos ron con cocacola como si fuera agua de la llave en el Moneda de Oro, mientras la legüleya nos advertía que se había emborrachado sólo cuatro veces en su vida y nunca de día.
Su afirmación nos sacó risas y decidimos subir a mi casa de Yerbas Buenas y destapamos unas botellas de champaña y le agregamos licor de cassis, para continuar bebiendo Kir Royal.
Después rematamos con unas copas de ajenjo y fue ahí que noté que uno de los testigos amigos ya necesitaba dormir, mientras la abogada pedía un taxi a grito limpio para retornar a su hogar.
Todo se solucionó rápidamente y se cumplieron los deseos de ambos, mientras yo hablaba con mi celular con gente que seguramente entendió la mitad de las cosas que trataba de explicar.
En la noche me habían invitado a un cumpleaños en un pub llamado Alimapu, donde apenas pude tomarme unas cervezas reponedoras.
Como a la una de la mañana el grupo decidió ir a un local llamado El Tablón Rufino, que es como El Huevo, pero con loquitos en su mayoría entre 30 y 40 años.
Extendí mis alas de mi nueva soltería y como un ave fénix que renace al carrete porteño me lanzó a una nueva aventura bohemia.
El local, llamado también Área, es bastante entretenido. Lo que más me gustó fue el primer piso, donde una banda en vivo tocaba temas ochenteros y el vocalista cantaba a ras de piso, mientras dos señoritas le bailaban pegadas a su cuerpo.
El grupo cumpleañero transpiraba bailando reggaeton y yo nuevamente extendí mis alas y fui en busca de mi almohada para soñar con un futuro lejano a todo conflicto y pelea y donde el amor, mis amigos, mi familia, mi hijo y las buenas personas estén siempre a mi lado.


2.10.2009

¿Cuál es la capital mutante de Chile?


Por Ajenjo


Llegué de regreso a mi querido Valparaíso, ciudad a la que he calificado durante muchos años como "la ciudad más mutante de Chile", sin embargo ahora tengo mis serias dudas relacionadas con ese término, ya que estuve algunas horas en Calama y puedo asegurar que ese también es un territorio terrible de freak.
Don Aníbal, quien fue el taxista que me trasladó a diversos lados, me aseguraba que Calama era conocida en todo el país por el sobrenombre de "Jalama", ya que la cocaína y la pasta base han causado estragos en estos lados.
Me quedé a dormir en una residencial llamada "Casa de Huéspedes", a escasas cuadras de una de las plazas principales. Era atendida por un antiguo trasher de cara gorda y completamente calvo. Tenía un perro enano y de pelo crespo de nombre Asesino. Las piezas costaban 5 lucas por persona y se notaba bastante limpio y decente. Mi hijo no reclamó por el lugar y sólo le molesto el baño comunitario.
Una noche salimos a recorrer la plaza y un grupo de bailarines religiosos se abalanzó frente a nosotros y nos gritaban "tómense unas fotos para que las pongan en el facebook". Los locos bailaban con sus trajes multicolores y gritaban como borrachos felices.
Otro día se nos ocurrió ir al mall de la ciudad. Queríamos engullir comida chatarra ya que los 10 días en San Pedro de Atacama nos habían dejado flacos y débiles. No se si habrá sido una coincidencia, pero casi todos los muchachos que nos atendieron en los negocios tenían un aspecto de gay. Las personas que se paseaban por el centro comercial eran todos raros. Los hombres se visten con gorra, polera y pantalones ajustados y de marca. Las mujeres son tímidas y caminan siempre atrás de sus esposos, juntos a su camada familiar.
En la ciudad se respira siempre algo raro, como si fuera a pasar algo malo, sin embargo lo único que siempre está presente es un sol potente que atonta a los habitantes y turistas.
¿Será Calaa más raro que Valparaíso?
Honestamente no lo podría asegurar, pero tengo la certeza de que en el ranking de rarezas humanas están dos ciudades entran fijo a la pelea y quizás Calama podría destronar a Valparaíso como la capital del Patrimonio Mutante de la Humanidad.


2.05.2009

La maldición de Valparaíso me persigue


Por Ajenjo


No se si es una maldición o una bendición, pero Valparaíso me persigue a todos lados.
Ahora estoy en un centro de internet en la calle Caracoles de San Pedro de Atacama, en el extremo norte chileno, y quiero escapar de todos los fantasmas porteños que me acosan y vigilan sin darme tregua.
Con mi hijo estamos acampando en las afueras del pueblo, en el camping Los Chañares que cuesta tres mil pesos diarios por persona. Cansados de comer fideos que se cocinan en cinco minutos, decidimos cenar en una fuente de soda de comida rápida. La mesera, con sus bellos rasgos altiplánicos, me dice: ¿Quiere probar nuestra especialidad llamada chorillana? Obviamente no acepté la propuesta, pero pude observar como al lado se engullían un generoso plato de papas fritas, carne, longaniza, y tres huevos fritos con la yema bien dorada. Al parecer la chorrillana es un plato que proviene del Perú, específicamente del barrio limeño de Chorrillos y no es una invención porteña. ¡Vaya uno a saber!
Decidimos visitar el “Pozo 3”, que es un oasis donde existe una gigantesca piscina setentera. Nos lleva un fletero que tiene una camioneta y que se autodenomina “El Tata”. El conductor nos pregunta de donde venimos y lanza un grito de emoción: ¡Yo viví 30 años en Playa Ancha! Al anciano no lo detuvo nadie y con su bla, bla, bla, nos dejó mareados y sólo el agua nos calmó de su verborrea porteña y buena onda.
Un día partimos a la plaza del pueblo ya que se había montado una feria. Había títeres y nos pusimos a ver la obra muy animados. El argumento era sobre un pescador que se enamoraba de La Pincoya y que sufría de amor en los… ¡cerros de Valparaíso! Era la compañía porteña “La Matiné” montando uno de sus espectáculos. En una parte de la obra el pescador se iba a un típico barucho del plan de la ciudad y bebía hasta emborracharse, para después mandarse la media vomitada.
He visitado el Valle de la Luna, la impresionante laguna Cejar y el Salar de Atacama, las cavernas de sal y otros maravillosos paisajes, sin embargo la maldición porteña ahí está, acechándome, como un gato salvaje a punto de arrancarme los ojos.


ajenjoverde@hotmail.com

1.27.2009

Camino a San Pedro de Atacama


Por Ajenjo


Voy camino a San Pedro de Atacama, el antiguo centro alucinógeno de los Incas, hoy convertido en una especie de Disneyworld arqueológico.
Durante mi etapa de hippie irresponsable y loco visité varias veces este pequeño pueblo, que siempre me acogió muy bien.
La primera vez llegué a dedo a San_Pedro desde La Calera. Fue un viaje increíble a bordo de tres camiones y con una polola playanchina, que cuando se enojaba, me lanzaba grandes tarros de champú por la cabeza.
En esa ocasión conocí la alucinante Quebrada de Jerez, una cicatriz verde en medio del desierto, que nos permitió acampar y bañarnos en ricas pozas con cascadas.
Después volví con una antigua pareja y conocí los geyser y el Valle de la Muerte.
Tuve la posibilidad de tomarme unos tragos de vino de garrafa con un loco llamado "el tur", ya que se paraba afuera del terminal de buses y les ofrecía a las gringas conocer San_Pedro de su brazo en un improvisado "tour a pata".
Estaba bastante alcoholizado y con lo que le pagaban las turistas se rajaba en las noches con unos garrafones de mal tinto, que bebíamos en el camping relatando y escuchando historias y mentiras que sólo el trago saca.
Hace diez años fui por última vez y me encontré que San_Pedro ya estaba cambiado y la negra uña del comercio consumista se estaba apoderando del lugar.
Unos gringos con pinta de vaqueros de Malboro no me dejaron bañarme en unas aguas termales que bajaban por un río, "ya que está reservado para turistas extranjeros".
Reclamé, pero cuando llegaron varios Malboro arremangándose las mangas de la camisa, tuve que salir.
Ahora, que viajo a este lugar para mostrarle a mi hijo uno de los territorios más distorsionados de Chile, me meto a internet y encuentro que el pueblito está lleno de hostales y restaurantes del tipo "finoli étnico", donde te cobran un ojo de la cara por una pizza con un poco de choclo y un poto de alcachofa en el medio.
Yo, porfiado como pocos, sigo con mi carpa a cuestas, para tratar de revivir experiencias que están tatuadas en mi memoria, pero que corresponden a una etapa de la vida que ya no volverá, pero que uno se empeña en resucitar.


1.16.2009

La Flor de Viña


Por Ajenjo


Estoy con la cabeza negra. Es como si tuviera un guarén muerto en el cerebro que se pudre lentamente. Ojalá pase rápido el proceso de descomposición, pero para resguardarme de ataques de locura sólo estoy bebiendo cerveza.
Con este panorama partí a la Feria del Libro de Viña del Mar 2009 donde, después de mirar los precios de los textos, más se me pudrió la mente.
¡Quién será el parlamentario valiente que retome la idea de que Valparaíso sea Puerto Libre Cultural y los libros no paguen IVA y ningún otro impuesto!
Pateando la perra me fui al bar "La Flor de Chile", donde se junta una variada fauna de amigos que es adicto a este local. Los loquitos ya son parroquianos y se tutean con las bellas garzonas y con todo el público del restaurante.
Me pedí mi Escudo tres cuartos, mientras le explicaba a mis amigos sobre el ratón gigante que se pudre en mi cerebro. Ellos me escuchaban cariñosamente y me daban sanos consejos para retomar la vida.
El bar restaurante tiene bastante fama entre los viñamarinos buenos para el tinto. En la barra hay un grupo de vejetes que, con sus ternos del siglo pasado, se empipan de lo lindo y se ríen de la muerte a mandíbula batiente.
El local está dividido en dos. En la primera parte están los que beben más y comen menos, por lo tanto se puede fumar. En la otra sala se come bien y a la española y no lo conozco.
A la Flor de Chile, ubicada en 8 Norte, llegan periodistas y arquitectos del municipio viñamarino, reporteros del Congreso Nacional y el famoso "Tío Lucho", que al parecer está desaparecido por algunos problemas generados al interior del recinto.
Mientras me comía dos empanadas de queso con pimentón, donde el relleno estaba bastante helado en el centro, me encontré con la dueña del parvulario donde estudió mi hijo, en el Cerro Alegre. Entre litros de cerveza que pasaban raudamente, la felicité por el excelente trabajo que realizó con el chicoco, ya que intelectualmente no tiene grandes fallas.
¡Por esa sola razón deberías estar feliz!, me dijo la profesora y en eso me quedé pensando mientras retornaba a Valparaíso tratando de olvidar a ese ratón en mi adolorida cabeza.


1.08.2009

¿De dónde salen tantos punkis?


Por Ajenjo


Son las dos de la mañana del primero de enero del año 2009 y estoy sentado frente a la puerta de la recién inaugurada discoteca Blondie de Valparaíso, en la calle Cochrane.
Ese fue el punto de encuentro para juntarnos con unos amigos que jamás llegaron, pero que nos permitieron observar un espectáculo punk bastante extremo.
Una banda de chicos santiaguinos, con sus casacas rojas y negras y sus pelos parados y puntiagudos, como crestas doradas, tomaban y conversaban en una esquina.
Un joven borracho pasó y les gritó algo. La pandilla rápidamente actuó y le pusieron varias patadas en la cabeza y en la cara en cuestión de microsegundos.
Todo esto sucedía a escasos metros de mi grupo de amigos, quienes salieron arrancando y bastante atemorizados volvimos a la casa en busca de un poco de paz.
¿De dónde sale tanto punk?, me pregunto mientras camino por el mar humano que quiebra botellas de vidrio y sube por una escalera hacia el paseo Yugoslavo, clonando la imagen de los Orcos invadiendo un castillo en la película El Señor de los Anillos.
Siempre he tratado de ser tolerante con todo el mundo, pero la violencia no cuadra conmigo y no comprendo los golpes y las patadas.
Cada vez que pasó por fuera de un supermercado en la calle Brasil, a un costado de una feria de artesanía, veo como un alcoholizado, hediondo y alterado grupo de seudos punk piden plata a la gente con su cántico: "flaquito, colabora con una monedita por favor".
Mi hijo les tiene temor y yo no comprendo cómo pueden seguir ahí, orinando, golpeándose y tomando en su garrafas de plástico sin que nadie haga algo.
Al final terminé el AñoNuevo algo apestado por estos pensamientos y sólo me calmó la buena conversa con los músicos Andrés "Che" Hernández (del ya desaparecido grupo Raudales) y el jazzista Gabriel Reyes, quienes me llevaron a la playa de Quintay a degustar mariscos y a olvidar la enajenante violencia.
Siempre he sido un poco punk para mis cosas, pero jamás le he pegado un combo a nadie y sigo convencido que la violencia es un maldito cáncer social.


ajenjoverde@hotmail.com

1.02.2009

Breve resumen de los pataches del año pasado


por Ajenjo

Seguramente está crónica será leída por los fieles seguidores con un gran vaso de agua con hielo y un leve dolor de cabeza producto de los excesos cometidos durante las fiestas de fin de año. Sólo queda reponerse y retomar el ritmo de la vida.
En este momento me encuentro haciendo resúmenes de todo, por lo tanto entregaré el recuento de los bares y restaurantes que el año pasado pasaron por el paladar y la pluma de este curagüilla cronista.
Entre los restaurantes nuevos que llegaron a la zona cabe destacar al Trevien y el Amaya. Estos dos nuevos lugares para comer y beber nacieron bajo el alero del ya tradicional Caruso, sin embargo se independizaron y crearon fórmulas nuevas para atraer a los amantes de la gastronomía en Valparaíso. Ambos tienen fuerza y creatividad y seguramente se convertirán en referentes culinarios de este nuevo Valparaíso.
En Concón conocimos a La Gatita, que ya es un clásico para los que buscan buenos mariscos. El único problema es que hay que llegar muy temprano que las poquitas mesas que tienen se llenan altiro. Recomiendo el plato La Gatita (surtido de mariscos), que para dos y con un buen vino blanco se transforma en un lujo.
En la Plaza Victoria visitamos el Kuukai, un restaurante de sushi para volverse adicto. Hay un sake sour que llega rápidamente a las neuronas y sus platos son estéticamente una obra de arte. También recorrimos Urriola y comimos esas tapas españolas, que son sabrosísimas, sin embargo el único problema es cuando llega la cuenta a la mesa. ¡Bajen los precios muchachos ya que estamos en plena crisis económica!
En pleno invierno recorrimos la costa nortina de la región, desde Concón a Papudo y encontramos el Punta Mai en Maitencillo, donde nos mandamos unos erizos de lujo. También comimos machas a la parmesana y unos locos en la terraza del Chiringuito y sinceramente no existe en la región un lugar tan paradisíaco.
También celebramos el cambio del Danubio Azul, ahora simplemente Danubio, ubicado en la calle Esmeralda. Ojalá que este año se afirme y sus fiestas nocturnas se transformen en un clásico de la noche bohemia.
En desayunos nos quedamos este año con los huevos y las tostadas amasadas con palta de El Mastodonte. Llegar con la caña y tomarse esos ofertones mañaneros son una bendición.
De los clásicos nos quedaremos siempre con El Cinzano (aunque todavía lloramos la partida de Carmen Corena), el Moneda de Oro (donde ya no me quieren boxear), el "Café Turri" (donde están haciendo todo los esfuerzos posibles para mejorar) y nuestro querido Caruso, donde los ceviches, los blancos heladitos y la buena conversa siguen siendo parte de una tradición que ojalá ninguna crisis económica la detenga.

ajenjoverde@hotmail.com

12.29.2008

Nuevo manual para sobrevivir al Año Nuevo porteño


Por Ajenjo


Nadie quiere terminar como el tipo que sale en la fotografía superior de esta columna, ya que además de ser muy ordinario puede causar un severo daño en la salud mental y física, por lo tanto nuevamente daré algunos sabios consejos para que no anden pintado el mono en este Año Nuevo que se acerca en forma imparable.
Antes que nada recuerde que no hay que ponerse a tomar antes de las doce de la noche. Esta es una de las reglas de oro que siempre hay que cumplir, ya que he visto tipos babeando a las ocho de la noche y que pasan el Año Nuevo durmiendo, con fuegos artificiales que explotan desde su estómago hacia el exterior.
Váyase siempre con calma, pensando que hay gente a su alrededor. Tenga mucho cuidado con la traicionera champañita, ya que más de tres copas lo pueden llevar a un camino sin retorno. Las mujeres deben tomar este trago francés con mucha cautela, ya que tiene fama de ser afrodisiaco. Se ha escuchado cada historia por ahí... y la única excusa es que "se me subieron las burbujas a la cabeza". Evite a toda costa las champañas envasadas con fruta en su interior y si al final se atreverá con este licor bendito, trate de que sea "Brut".Otro dato importantísimo, y que impide andar "llamando a Guajardo", es comer con cautela.
No ande metiéndose medio kilo de pavo con ciruelas y papas fritas y un postre gigante de helado casata tricolor, para después andar devolviéndoselo a la gente. Eso es muy, pero muy feo.Hay que cenar suave, con calma y después rematar siempre con el mismo copete.
Si va a tomar ron, no ande mezclándolo con vodka, vino, pisco y whisky. Yo siempre he tratado al trago como a las mujeres: con fidelidad y respeto. Si me tiro ron con cocacolita, permanezco toda la noche bajo la bandera de Cuba Libre.
Esta fidelidad alcohólica asegura que en la mañana no duela tanto la cabeza y los fantasmas del malgenio y el pesimismo se pueden alejar más rápido posible.Además no se meta a fiestas pagadas (la fiesta es la calle). No se le ocurra comer mariscos en la mañana o tomar una cervezita para arreglar la caña.El mejor consejo es dormir y soñar que el 2009 será un gran año para todos.
¡Ojalá así sea!


ajenjoverde@hotmail.com

12.22.2008

El "paraíso" de Mauricio Celedón


Por Ajenjo

¿Se imagina una ciudad donde toma un trole y adentro está el escritor Marco Antonio de la Parra dando una charla a los pasajeros? ¿O Isabel Parra cantando gratis en medio de los vendedores de chupete helado? ¿O están proyectando una película?
Así seguramente se debe imaginar el Paraíso celeste el gran dramaturgo chileno Mauricio Celedón, quien el fin de semana pasado reventó la ciudad con una de las mayores intervenciones artísticas a que Valparaíso ha sido sometida en su historia.
Lamentablemente no pude asistir el domingo en la mañana a la avenida Argentina. Un fotógrafo me contó que se había armado el medio escándalo, ya que los vendedores de ropa usada no entendían los gritos que proferían decenas de mujeres forradas en plástico y con maletas rojas.
¿Será parte de la nueva propuesta del "Negro" Castro?, se preguntaban los más desubicados.
Yo me sumé a la intervención como a las 20.00 horas. Tomé un trole en la plaza Echaurren y me encontré de sopetón con Claudio Di Girólamo, que realizaba una fomeque charla sobre la importancia del teatro y "lo cara que son las entradas".
Me bajé junto a mi novia justo frente al monumento a Prat, donde se estaba preparando el montaje de la obra teatral "Paraíso", que era como la guinda de la gran torta de Celedón.
Estuve sentado en galería dos horas para esperar la función, que realmente me pareció muy críptica y "volada".
Mientras me tomaba un café, pensaba que podría haber traído mi petaquita y endulzar con ron mi bebida, sin embargo me tuve que mamar sobrio todo el espectáculo, que muchas veces me pareció más raro que "una gallina con orejas".
Sólo el final de la obra, que tenía que ver con la guerra del petróleo, logró emocionarme. Decenas de cuerpos con aceite y plástico se revolcaban en una sola masa en el suelo, mientras un niño completamente vestido de blanco, con una bandera con flores, pasaba por sobre el montículo humano.
Eso fue increíble y alcancé a ver atisbos geniales de ese Mauricio Celedón que cuando joven me voló los sesos con "Mala sangre".
¿Por qué no vuelve a esa intimidad tan elegante, preciosa y perfecta?
Vuelve a la realidad. Aquí te estamos esperando.


12.18.2008

Los poderosos sabores de Amaya


Por Ajenjo


Tengo en mi mano la boleta 0001 del recién inaugurado restaurante Amaya, ubicado en el pasaje Rudolph, en el cerro Bellavista de Valparaíso.
Es la noche de inauguración y junto a un simpático grupo de amigos nos sentamos en la terraza del local.
Pedimos unos pisco sour "Catedral". Seguramente su nombre proviene de los enormes vasos que llegaron y les puedo asegurar, sin exageraciones etílicas, que es una de las combinaciones de pisco y limón mejores que he tomado en mi alcohólica vida.
Después vino un piqueo peruano. Recuerdo un suave ceviche, trozos de pulpo a la oliva, jaiva y palta. Todo muy fresco y rico. Esa entrada alcanza en forma perfecta para dos personas.
Luego pedimos un tacutacu de mariscos, riñones al jerez y un ají de gallina de campo, que venía con grandes trozos de esa sabrosa ave.
Nos empipamos unos tintos y salimos más que satisfechos.
La ex chef peruana del restaurante Caruso, Úrsula Franco, junto a su socia Soledad Oviedo, sacaron las alas y se independizaron, creando este nuevo restaurante que seguramente se transformará en un nuevo ícono gastronómico de Valparaíso.
Yo les pedí que me regalaran la boleta 00001 y accedieron sin ningún problema. De esta manera mi fetiche colección de entradas a eventos y boletas exclusivas tiene un nuevo integrante.
Después de comer en el Amaya la vida se hace más ligera y divertida y decidí asistir a la función de "Monga: La mujer simio", que se está montando en la plaza Bismark y que se inserta en el festival de teatro container.
Siempre he sido un admirador de Monga y muchas veces, en los veraniegos juegos del estero de Viña del Mar, me asusté y grité como un loco cuando el gorila se escapaba de la jaula.
Muchas niñas decían que algunos tipos se dedicaban a "toquetearlas", en medio de todo el barullo y la corredera que se armaba.
Ahora la compañía de teatro OANI, que trabaja con muñecos, realiza un homenaje a Monga y monta un hermoso y terrorífico cuento que trata sobre la diferencia y la tolerancia entre los hombres.
Llevé a mi hijo de ocho años, quien comenzó a asustarse cuando del container apareció un muñeco deforme que invitaba a ingresar al espectáculo. El público estaba conformado sólo por 10 personas.
En un momento de la obra se repite el show de Monga y mi hijo empezó a emitir gemidos de terror, mientras yo le decía al oído que se calmara y que sólo era una obra de teatro. En un momento el gorila comenzó a golpear la reja, las luces se prendían y apagaban, y el corazón del niño ya se salía por la boca.
La función terminó y la cara de terror infantil no se podía disimular. Al salir les dije a los actores: "mi hijo no olvidará nunca esta función".
"Le vimos la cara de susto que tenía", dijeron entre risas.
Al final nos fuimos caminando por la Avenida Alemania, hablando sobre historias de gorilas y fantasma, como los dos mejores amigos que somos.


ajenjoverde@hotmail.com

12.10.2008

El señor de los helados


Dos grandes "cooler" llenos de latas de cerveza y hielo son la principal atracción de un paseo al lago Peñuelas, donde nuevamente con un grupo de amigos nos "tomamos" este hermoso Parque Nacional de Valparaíso.
La patota se junto en un supermercado, donde compramos las cosas que nos faltaban y partimos en un pequeño bus de transporte escolar.
Eran las 11.30 de la mañana y todos, con una latita de cerveza, entonaban canciones de paseo.
"En el fondo de la mar" (gritaba yo), mientras el coro repetía "paranpanpán".... Y así nos fuimos cantando y chacoteando hasta que llegamos al hermoso parque.
Los niños estaban felices ya que la naturaleza los saca de la sicótica urbe de cemento y caca de perro, mientras nosotros tirábamos choripanes, tutos de pollo y uno que otro pedazo de vacuno, que comíamos en pedacitos.
En la mitad del asado escuchamos el clásico sonido del cacho que tocan los antiguos heladeros.
Un vendedor, seguramente vecino del sector, con su caja de madera llena de paletas a 150 pesos recorría el lugar tranquilamente.
Lo llamamos, les compramos unos helados y con la humildad que entrega el vino tinto, lo invitamos a comerse su choripan.
El heladero se fue contento, pero al rato volvió a sentarse a la mesa y lo recibimos con un gran tuto de pollo.
"Ustedes son muy simpáticos, pero hay uno que está bastante curadito ya", decía entre risas, mientras el acusado se sonrojaba y seguía empinando el codo.
Yo conté la historia de un heladero de Quillota, a comienzos de la década de los 80, cuando las fábricas de estos productos no eran tan profesionales.
Los envoltorios no eran herméticos y corría el mito de que el heladero, debido al calor imperante, chupaba las partes finales de los helados. Los niños de la Villa Los Queltehues tenían que comprobar que el color del chupete no fuera blanco, ya que eso significaba que ya había sido repasado.
El heladero se enojó un poco y me dijo que nadie, en su oficio, podría hacer una cochinada tan grande. "Somos humildes vendedores, pero somos conocidos como Los señores de los helados, por nuestra noble tarea".
Todos le aplaudieron, mientras el más curadito del grupo trataba de tocar el cacho del heladero, en un acto que nos siguió sacando carcajadas toda la tarde.


12.03.2008

Y otra botella de Absenta cruzó el mar


Por Ajenjo


La más chica y revoltosa del clan Romero (que tiene como monarca a la famosa Carmen y su Teatro a Mil) llegó a mi casa con una botella de absenta debajo de su brazo.
Varias veces he hablado de ese licor, que también se llama ajenjo o absinthe, según el idioma o la preparación que se quiera utilizar.
La Romero chica se paseó por toda Europa y Corea con la obra de teatro "Neva" y me escribió un correo electrónico desde Barcelona. Inmediatamente le dije que por favor me trajera la botella de ese condenado licor que tiene más de 70 grados y un anisado color verdoso fosforescente.
Para pagarle su favor, preparé tres kilos de machas a la parmesana a la mediterránea, con unos ostiones y un ceviche de tres colores. Tomamos vino blanco y del otro, además de una buena dosis de humeante absenta.
La Romero relató que mientras estaba en una pieza de Seúl, la capital coreana, sintió que tocaban su puerta. Toda la compañía estaba reunida y el director le dijo: "Te tenemos que informar que tu padre ha muerto en Chile". Ella se trastornó un poco y trató de llegar al funeral de su amado progenitor, sin embargo, al final tuvo que seguir viajando y mientras se empipaba un absenta, señalaba que el fantasma de su viejito la acompañó hasta en los aviones.
Me fui a acostar esa noche pensando en la supuesta demolición del edificio de la Casa de Italia, en Viña del Mar.
Los efectos de la absenta me llevaron al pasado, a 25 años atrás, cuando fui a una fiesta de 15 años en ese castillo de la calle Alvares. Fue la primera vez que tomé champaña y con la fuerza de las burbujas doradas fui donde la niña que me gustaba, que danzaba con un cadete de la Escuela Naval. Le dije: "¿quieres bailar conmigo mejor?". Ella movió la cabeza negativamente, mientras su compañero de baile cerraba sus puños en señal de pelea. Totalmente mareado por el rechazo, terminé jugando videos y fliper en los Delta de calle Quinta, en un desesperado intento de no dejar la infancia.
¿A quién se le habrá ocurrido intentar demoler la Casa Italia, que está llena de recuerdos de numerosas generaciones de viñamarinos?
Al que tuvo esa idea, le recomiendo tomar absenta y ponerse a soñar por un buen rato y dejar de andar planificando estupideces arquitectónicas para la bella Ciudad Jardín.


ajenjoverde@hotmail.com

Tomándose los tragos con el Matías Bize


Por Ajenjo

Mi novia me invita al matrimonio de su mejor amiga del colegio y me dice que en la fiesta estará Matías Bize, el director de la película chilena "En la cama", quien también estudió en su colegio santiaguino.
El evento es en una casa campesre de La Reina, donde vive un connotado ginecólogo, padre de la novia.
Llego como a las siete de la tarde y después de la ceremonia civil empiezo a bajarme un pisco sour, mientras observo a Matías Bize, que se pasea tranquilamente conversando con sus ex compañeros de colegio.
A mi me hubiera gustado decirle en forma inmediata que en el tiempo que cubría el Festival de Cine de Viña del Mar pude observar la emoción del director Silvio Caiozzi, quien al término de la cinta "En la cama" lo abrazó como quien sabe que saluda a un pequeño genio.
La emoción en los ojos de Caiozzi era verdadera y honesta. A mi también me emocionó la película y lo di como ganador del certamen. No me equivoqué, ya que esa película ha obtenido más medallas que cualquier vino chileno.
Me hubiera gustado decirle que ojalá no se cumpliera la sentencia del poeta Jorge Teiller, quien afirmaba que cada artista sólo lograba una vez en la vida crear una joya y que después se diluía en el mar de la fama y los excesos.
Me hubiera gustado decirle muchas cosas y apuraba mi pisco sour para sacar fuerzas de flaqueza, sin embargo, en la ronda de conversación hablamos de moteles y él mostró una tarjeta VIP para ingresar al mítico Hotel Valdivia de Santiago.
Después vino la fiesta. Yo me senté en la mesa número 1, de los novios, y conversé con el simpático ginecólogo, quien me servía generosos pedazos de carne en mi plato.
Después los primos de la novia se mandaron el tremendo show travesti. Las mujeres disfrazadas de huaso y los hombres de china hicieron un baile que sacó carcajadas de los asistentes.
Como a las tres de la madrugada y con cinco "whiskolas" en el cuerpo, me acerqué a Matías Bize, quien bailaba como un trompo cucarro.
Le alcancé a decir algunas cosas, seguramente con una modulación muy peculiar. Me preguntó donde trabajaba como periodista, me quedó mirando por algunos segundos y dijo: "¡Grande La Estrella de Valparaíso!".
Salud por Matías Bize y sus próximas películas.

11.17.2008

San Antonio: ¡Qué puerto distorsionado!


Por Ajenjo

El dueño del bar Cinzano me envió un correo electrónico donde me dejaba claramente especificado que su vino con frutilla jamás se ha fabricado con licor de garrafa y que estaba un tanto sentido y enojado por la polémica crónica publicada hace un par de semanas.
El bar Cinzano debe ser uno de los más míticos y poderosos de Valparaíso y jamás fue mi intención desprestigiar a todo ese gran equipo humano que por años me han servido los mejores vodka naranja (con jugo natural) y suculentas parrilladas.
Todo fue un gran enredo que ya está subsanado ¡y que viva el Cinzano y todos sus cantantes!
Pensando en estos líos y confusiones tomé una micro hacia el puerto de San Antonio, que por esos azares de la vida jamás había conocido.
La obra de teatro del gran Andrés Pérez, “La Negra Ester”, había creado una imagen fuerte en mi cerebro, que estaba basada en prostitutas y travestis bastante caricaturescos.
Me bajé en la plaza principal, donde un payaso me recibió de golpe y me dijo: “Buenas tardes, señor ministro, lamentablemente no hemos terminado la construcción del casino, pero le aseguro que en unos meses más las obras estarán listas”.
Le di 200 pesos al gracioso payaso callejero y avancé hacia el puerto, en busca de una picada para comer.
Mucho público engullía ceviches en potes plásticos, sin embargo el olor que estaba en el aire no me invitaba a degustar nada.
Una de las imágenes más tremendas que pude ver fue a una mujer que le daba cabezas de pescado a unos gigantescos pelícanos, mientras un lobo marino con su gran cabeza y colmillos la miraba a punto de comerle todo el brazo. Era un loco zoológico marino.
“¡Que distorsionado!”, pensé, mientras entraba a “Donde Juanito”, una típica picada costera, donde me serví una empanada de macha queso y una pescada frita con ensalada, con varios botellines de cerveza. La atención, el precio y el servicio fueron excelentes. ¿Por qué en la Caleta Portales los precios son tan elevados para los mismos platos? ¿Cuál es la gran diferencia?
Sinceramente, creo que San Antonio es una urbe bastante rara, pero que ha logrado crear en su costa una franja gastronómica que invita, por su variedad y precios, a ingresar a sus picadas a comer y pasarlo bien. Eso sí, tenga cuidado con los animales salvajes que circulan por el agua las rocas y los cielos.

ajenjoverde@hotmail.com

11.11.2008

Me querían puro boxear en el Moneda


Por Ajenjo

Siempre he dicho que mi segunda casa, mi segundo hogar, es el porteño bar “Moneda de oro”, ya que desde hace muchos años he bebido el mejor cola de mono que se prepara en Chile, además de compartir con mis amigos gratos momentos de esparcimiento y ocio.
Además de todo esto, yo me siento como parte de la familia. Los garzones Ernesto, Alonso y Fernando son como hermanos y siempre me han servido generosas dosis de ron, además de exquisitas empanadas camarón queso , parrilladas, chorrillanas y sandwich de todo tipo.
Su dueño Don Rene (sin acento) y su bella señora siempre han sido muy cariñosos y han levantado uno de los bares bohemios donde pueden convivir rockeros, poetas, músicos y viejitos jugando al dominó.
Por esta razón me pareció muy raro que me llamaran desde el bar, muy enojados, por la nota que apareció la semana pasada, donde, por un error de entendimiento, aparecía que el vino con durazno de este local no era muy bueno.
Inmediatamente me retracté y en la noche fui al bar a conversar y aclarar en buenos términos esta confusión.
Entré a la cocina y hablé con DonRene. Los mozos me lanzaban irónicas tallas y me decían: “aquí le traigo su vinagrillo”, haciendo alusión a la maldita crónica que nos confundió a todos.
Mi jefe en el diario se reía a mandíbula batiente y me decía que “jamás hay que morder la mano que te da de beber”. Nunca fue mi intención y la nobleza obliga a retractarse, reconocer el error y bajar el moño.
“Te quieren puro boxear en el Moneda”, me aseguraba mi brother oftalmólogo, en medio de risas y tallas que ya me estaban entrando a molestar.
Al final me reconcilié con mi segunda casa, mi bar querido, que siempre estará en mi memoria junto a sus gigantescas banderas donadas por marinos que algunas vez invadieron este distorsionado puerto latinoamericano.
Ahora, con mi ron en la mano y mi pedazo de chacarero en la otra, pienso en lo guantes de box que hay colgados en una de las murallas del bar.Me imagino al garzónFernando instalándose estos guantes y saliendo a un ring a defender el honor de su vino con durazno.
Sólo les puedo decir a todos que me ganarían por nocaut y que ahora queda seguir bebiendo, comiendo y carreteando en este Valparaíso que como una bizarra caja de sorpresas tiene de todo para seguir adelante y con toda la familia reunida y feliz.

ajenjoverde@hotmail.com

11.06.2008

Violenta apología al vino con frutilla


por Ajenjo

Estoy jugando al “cacho” con mis dos brothers en una casa en la localidad de San Pedro. Los dados rebotan en la mesa al mismo ritmo que un vino con frutilla baja por nuestras gargantas. ¿Han visto las hermosas frutillas que ofrecen este año las ferias? Bueno, les recomiendo comprar medio kilo, sacarles el pequeño y duro tallo, lavarlas bien, cortarlas en cuatro y depositarlas en un jarro. Después bañarlas con un vinito de luca embotellado, tirarle unas cucharas grandes de azúcar y dejar reposando el material dentro del refrigerador un par de horas. El resultado es un líquido que se bebe como “agüita de la llave” y que para más remate quita el hambre.
La última recomendación es guardar todas las frutillas que quedan en el jarro y comérselas con crema. Cada fruto es una esponja que chupa todo el vinito (¿no tendremos una gran frutilla en el estómago?) y se convierte en un pequeño bombón de licor.
El problema es que la temporada de frutillas dura muy poco, por esta razón recomiendo comprar un par de kilos y congelarlas. De esa manera, y a mediados del caluroso febrero, puede beber esa mixtura y acabar con todos los problemas de la vida.
En Valparaíso existen varios locales que tiene grandes jarras de vino con fruta en sus barras. Algunas tienen frutilla y otras durazno. Se ven muy bonitas e hipnotizantes, sin embargo el vino que le tiran encima es de tan mala calidad que al final se convierten en tragos bastante desagradables. He visto cómo los mozos levantan garrafas de plástico y llenan los jarrones con fruta con un vinagre de muy mala ley.
He probado el vino con frutilla en el Cinzano y los preparados de vino blanco y durazno en el Moneda de Oro. Ninguno de los dos son bebidas recomendables. Para qué les voy a contar como se amanece... ¡Elhachazo de Michimalonco es poco!
Conocí una vez un hijo de pescador, en Maitencillo, que siempre decía que a su padre lo había matado el vino con frutilla. “¿Pero cómo?”, le preguntábamos nosotros, “¿acaso se alcoholizó tanto que le reventó el hígado?”.
El muchacho movía la cabeza en forma negativa y decía que a su padre le dieron un vaso de vino con frutilla en un asado. Se lo tomó rápidamente y levantó el vaso, empezando a golpear la parte de abajo para que la fruta descendiera; terminó cayéndose violentamente de la silla y pegándose en la cabeza. Resultado final: tec cerrado y muerte.
¿Podrán matarnos a nosotros los litros y litros de vino con frutilla?

10.27.2008

Otra agitada noche en Santiasco


Por Ajenjo


Salgo de la obra "Sin sangre", que están dando en el Teatro de la Universidad Católica de Santiago, en Ñuñoa, y es como si me hubieran dado un mazazo en el cerebro.
Apenas puedo articular palabras para expresar la fuerza y belleza de esta pieza teatral que, personalmente, se convertirá en un referente estético a la hora de hablar de vanguardia bien hecha en Chile. Así como una vez me emocioné hasta las lágrimas con "La Negra Ester", aquí me impacté por la violencia del texto y una de las puestas en escena más impecables que he visto en mi vida.
En las afueras del teatro me espera Dióscoro Rojas, con quien decido conocer un poco del barrio de Ñuñoa, más conocido como Ñuñork por la taquilla de Santiasco.
Vamos a Las Lanzas, un local famoso, pero donde nos atienden después de media hora de sentarnos . Los tragos son cortos, los sandwich chicos y en una de las mesas hay un tipo que "atraca" literal y violentamente con una chica que parece ser su secretaria .
Dióscoro me dice que tiene que juntarse con Pablo Mackenna, el ex animador de "CQC", que choca borracho, que dice ser poeta y que se casó con una de las mujeres más bellas y sexies del país.
Lo acompaño en taxi hasta Providencia, donde entra al bar Normandie, lleno de famosos y políticos. Mi timidez provinciana no se la puede con este cuadro y le digo a Dióscoro que volveré más tarde.
Cruzo la calle hacia uno de los famosos Liguria. Me pido un arrollado con puré picante y una botella de vino. Todo rico, bien atendido y la música excelente. ¡Qué buen local!
Ya son las dos de la mañana cuando vuelvo a juntarme con Dióscoro, quien conversa animadamente con el tal Mackenna. Los saludo, mientras el rey guachaca me explica que el ex animador escribirá un libro de poesía.
¿No será el libro de las papas cocidas?, le pregunto yo, mientras el tipo me responde algo como: "No, éste es nuevo y se llamará la esencia de la intrascendencia de las profundidades del ser humano".
Después de escuchar el título decido largarme al Barrio Bellavista a esperar a mi novia que venía de su fiesta con puros abogados. Llego a un bar, cuyo nombre ya no puedo recordar, y el mozo me dice que hay una oferta para los trasnochados de dos rones a cuatro mil pesos. "¿Qué le hace el agua al pescado", me dice mi conciencia interior y mientras el dulce licor baja para adormecer mi dañada cabeza, siento una mano que se posa en mi hombro. Era mi novia que llegaba justo al rescate de la anestesia total en esta nueva aventura en Chantiasco.



10.20.2008

Los erizos me están matando


Por Ajenjo


Después de hacer un asado dominguero con longanizas argentinas, pollo y entrañas a la hora de almuerzo, en la bella localidad de San Pedro (cerca de Quillota), decidimos realizar un juego antiestrés con una botella de plástico llena de piedrecillas.
La idea era lanzarla contra una muralla mientras los participantes gritaban lo que más odiaban. Debido al exquisito vino tomado, los gritos eran bastante chistosos. Mi novia lanzó un alarido que decía: "odio no ser millonaria", mientras mi hijo azotaba la botella y decía con su tierna voz: "odio el italiano".
Por motivos de discreción no diré lo que dijo mi brother médico. Tampoco publicaré lo que yo odio: son cosas personales.
La cuestión es que después de ese largo fin de semana desperté el lunes y estuve literalmente arrastrando los pies. Me sentía muy raro y mal y tuve que darme un baño de tina con coquitos de eucaliptus para calmarme un poco.
¿Qué me está pasando?, me preguntaba cada segundo, hasta que recordé que nuevamente caí en el pecado del erizo, ese marisco que lentamente me está dejando pasado a gladiolo. Cada vez que como, termino con un violento ataque de gota y mi pie derecho no soporta ni siquiera el peso de la sábana. El dolor es muy violento.
Ahora tomo remedios para esa enfermedad y pienso que puedo cometer algunos excesillos, como los erizos.
Este sábado partí con un platillo de ostras con el borde negro y una champaña numerada que mi brother sacó del refrigerador, para brindar por las nuevas vidas que invaden el mundo. Después vino una panzada de erizos con pan con mantequilla y en la noche una bandeja al horno llena de ostiones a la parmesana, con unos pequeños cubos de tomate en su concha. ¡Qué banquete marino!
Al otro día rematamos con ese asado, donde todos terminamos jugando a la botella y al odio que tenemos acumulado en el cuerpo y en la conciencia.
Sinceramente odio no poder comer erizos a destajo. Odio no poder mandarme kilos y kilos de ese marisco tan particular.
Con mucha nostalgia recuerdo cuando bebía, en unos puestos de la ciudad de Talcahuano, un elixir fabricado con jugo de erizos, de picoroco y aguardiente. ¡Era algo ultrapowermetal para el estómago y el cerebro!
Pero finalmente es mejor no odiar. La experiencia me ha llevado a pensar que el amor es más entretenido y buena onda. Aunque todos sabemos que estos dos conceptos muchas veces se mezclan y se confunden en un pastiche bastante alucinante. Amo lo que odio y odio lo que amo. ¡Salud!


ajenjoverde@hotmail.com

10.14.2008

Chuchi en la Plaza Victoria


Por Ajenjo


Cerca del famoso “Sexy Show”, donde gordas con cicatrices de cesárea bailan desnudas entre oficinistas ebrios y estudiantes excitados, está una restaurante japonés llamado Kuukai, que lleva varios años ofreciendo sushi a los porteños y turistas que se acercan a las inmediaciones de la plaza Victoria.
Nunca había entrado ya que no soy fanático de estas preparaciones de pescado crudo y sabores raros, pero mi novia, con su mágica influencia en mi cerebro, me terminó convenciendo para conocer el local.
Un garzón, que al parecer llevaba horas trabajando en el lugar , nos ofreció la carta y nos instaló dos platitos con servilletas de tela húmedas y calientes. ¿Qué onda?, digo, mientras trato de mirar a otras mesas y percibo que debe ser una costumbre oriental para lavarse las manos.
También instalaron unos envases con verduritas aliñadas y pedimos una tabla de nueve lucas con muchos rolls y tipos de “chuchi” diferentes.
El plato que llegó a la mesa era digno de una fotografía. Sus colores y el diseño de cada bocado era perfecto. Daba pena meterse a la boca los pedazos de salmón con arroz y destruir la obra de arte del cocinero japonés.
Yo me entusiasmé con un sake sour. El sake debe ser como el pisco para los japoneses y por dos lucas me bebí un excelente y estimulante trago nuevo.
A la hora de irnos le pasé una luca de propina al mozo, que preguntaba al dueño cada 5 segundos que significaban los platos de la carta. El garzón se lo entregó al japonés propietario del restaurante. Yo le insistí que ese dinero era la propina, ganada por su esforzada atención, sin embargo me contestó, en un tono bastante bajo “que todo el dinero debo entregárselo a él”. Seguramente, pensé, después se los distribuirán entre todos los trabajadores. Ojalá así sea.
Con este nuevo descubrimiento culinario viajé a Chantiasco para tratar de levantarle el ánimo a mi suegra con un buen asado.
Me llevé de la calle Pirámide alcachofas, paltas, queso de cabra y queso fresco, ya que todo es el doble más barato que en Las Condes. Le saqué la comida a cada hoja y molí toda la carne, incluido el “potito” de las alcachofas. Compré ricota y rellené las paltas con esa mezcla.
Después encontré una oferta de filete y me mandé dos asados en 10 horas. Terminé tratando de cruzar una puerta de vidrio que estaba cerrada. El golpe sonó fuerte y por suerte no atravesé el cristal. Ahí me di cuenta que ya era hora para irse a dormir y volver a mi querido Valparaíso.


ajenjoverde@hotmail.com

10.05.2008

Nacimiento, muerte y despedida


Le cuento a Dióscoro Rojas que mi cuñado se va a estudiar un doctorado en historia a París por cuatro años y que le voy a regalar unos euros . Mi intención era colocar los billetes en un sobre bonito o en una caja con diseño para que la cosa no fuera tan fría.
El Gran Guaripola de los Guachacas me dice que cuando sus amigos se largan de Chile, él tiene la costumbre de regalarle una caja de fósforos donde sale la Cordillera de Los Andes y así pueden recordar estos grandes cerros nevados y no olvidarse de la patria querida.
Decido hacer lo mismo y compro una caja de fósforos grande, le meto los euros adentro, y le escribo un texto para que entienda las razones del peculiar envase.
Las despedidas siempre emocionan y tienen una alta carga de sensibilidad, especialmente cuando la gente se va por mucho tiempo.
Con este daño neuronal llego al Moneda de Oro, donde mi brother me cuenta que será papá por primera vez a los 37 años de edad. ¡A brindar por la nueva vida que llega al mundo!, le digo, mientras el garzón Fernando carga los tremendos vasos de ron y hielo para celebrar tamaña declaración.
“Ser padre es la experiencia más trastornante del mundo compadre y la más hermosa y hay que prepararse para querer por toda la vida a la pequeña criatura que viene en camino”, le digo con una parada de consejero sabio que ni yo mismo me la creo.
Entremedio de la conversación me cuentan que se murió el Tío Pin, quien durante la década de los ‘80 nos prestó su casa en Maitencillo para veranear y pasarlo bien.
“¡Qué triste!”, le digo a mi brother, mientras recuerdo todas las aventuras vividas en esa casa, que era la única que tenía un sauna en esa época y que nosotros le sacamos el jugo y tuvimos nuestros primeros acercamientos amorosos frentes a las cuicas santiaguinas que pululaban por ese balneario.
Pienso en la muerte, la vida y las despedidas y me doy cuenta que la vida pasa como un tren desbocado y que todo puede cambiar en un par de segundos.
“No somos nada, no somos nada”, me digo para mí mismo, mientras le exijo al garzón otro vaso de ron que anestesie esta histeria existencialista que a mis casi 40 años me ataca con todo.
Ahora sólo queda prepararse para pensar en las nuevas vidas que vendrán a poblar este maravilloso y asombroso planeta llamado Valparaíso.


10.02.2008

Unas “Rari” Fiestas Patrias en Colbún


Ya casi es medianoche y estoy entrando por un camino de tierra hacia el Lago Colbún, en la Séptima Región. Veo un pequeño negocio rural con un cartel que dice “Tome Rari Cola”. Me explican que es una bebida de fantasía propia del lugar, que se hace en el pueblo de Rari y que es muy sabrosa. Aburrido de los tacos infernales y de las ocho horas que llevaba viajando desde Valparaíso pienso en el gentilicio del pueblo de Rari y mi mente se dispara hacia un gran vaso de ron con cualquier bebida cola.
Llego a una casa sacada de la más cuica de las revistas de vivienda y decoración. Es una pequeña mansión moderna de madera, enclavada a la falda del lago, en un bosque de árboles originarios. Su living está gobernado por una gigantesca pintura colonial, que según me contó la propietaria, era el cielo de una casa donde había vivido el santo Alberto Hurtado y que la encontraron en una demolición abandonada. ¿Será verdad?, me pregunto, mientras me invitan a dar un paseo en lancha por los alrededores del lago.
Colbún es muy hermoso, pero su belleza depende radicalmente de la cantidad de agua que tenga el lago. Ahora estaba bastante lleno y con la cordillera nevada de fondo proyectaba una imagen perfectamente sureña.
El 18 de septiembre el anfitrión sacó el trozo de carne más grande que había visto para un asado. Era un sólo pedazo de lomo que fue cocinado “a la Argentina”, con carbón y leña y su grasa recubriendo la carne. Compraron empanadas de pino fabricadas en horno de barro por lugareños y podría afirmar, sin caer en frases gastronómicas exageradas, que fueron las más ricas de mi vida. El 19 fue el turno del pollo y el 20 del chancho.
Para entretenerse había una videoteca con decenas de películas, una consola XBox 360 y el famoso Wii. Nunca había tenido la posibilidad de jugar con esta tecnología, que te deja agotado de practicar tenis, boxeo o bowling. Armaron una mesa de pinpón de verdad y di “cancha, tiro y lado”, percatándome que ese deporte es como andar en bicicleta: jamás se olvida.
Para tomar había un gran bar, sin embargo, los habitantes de la casa eran recatados en ese sentido. Yo soy de los que hago sobremesa de las dos de la tarde a las dos de la mañana, pero aquí la cosa era bastante contenida.Tomé vinos exquisitos, daiquiris y uno que otro ron loco. Fueron unas Fiestas Patrias etílicamente sobrias, pero donde comí y descansé rodeado de gente buena y de una arquitectura natural que jamás podré olvidar.
ajenjoverde@hotmail.com

9.27.2008

De nuevo grito: ¡Que viva el Inacap!


Chile está goleando a la selección de fútbol de Colombia y, junto a mi brother fotógrafo, nos bebemos unos rones a la espera de asistir a un nuevo encuentro culinario con los muchachos del Inacap. Hace algunos años titulé una crónica de la misma manera y no tengo empacho en volver a hacerlo. ¿Por qué?, se puede preguntar el lector desprevenido. Simplemente porque los jóvenes que ahí estudian materias gastronómicas son espectaculares y nuevamenten nos entregaron una cena llena de sabor.
Lamentablemente tengo la memoria corta bastante dañada y generalmente no puedo recordar a perfección que fui lo que bebí y comí y, cuando se me ocurre anotar en una libreta, lo más probable es que jamás la encuentre. ¡Es que uno termina bastante chispeado y emocionado en este tipo de tertulias!
Nos recibieron con un trago de ron con crema. Exquisito. Después nos sentamos a la mesa y nos llegaron unos finísimos trozos de lengua con una suave salsa verde. Sólo les puedo decir que se deshacían en la boca. Después una entrada de salmón cuyas características no recuerdo mucho y el remate final fue de película: pato. Muy pocas veces he comido esa ave en mi vida. En Venezuela, un italiano muy simpático nos invitaba a cenar el resultado de sus aventuras de caza. Había que tener cuidado en no tragarse las municiones que portaba la fina carne. Ahora los estudiantes nos entregaron un plato estrella, con un hongo shiitake que coronaba la sabrosa carne.
Envalentonado por el vino blanco Sutil y por un mosto tinto de muy buena ley llamé al futuro chef de nombre Juvena ly le dije: 'este es el mejor pato que me he comido en mi vida. Te felicito'. El, muy humilde, me señaló que era un trabajo grupal y que el reconocimiento había que hacerlo expansivo a todos.
Desde esta columna nuevamente los felicito a todos. La atención, el empeño, la dedicación extrema, los detalles, son cosas que quedan grabadas en la memoria de este sibarita porteño. Ahora se viene el II Congreso Gastronómico Hotelero Internacional del Cono Sur y seguramente será un evento magnífico. Por eso, y por muchas más, vuelvo a gritar: ¡Qué viva el Inacap!

9.21.2008

La pequeña España en Urriola



Me salgo de la mitad del concierto de Sol y Lluvia en el Teatro Municipal de Valparaíso para acompañar a mi brother oftalmólogo, quien me había convidado a degustar unas “tapas” a un restaurante de la calle Urriola.
El local se llama “383” , por el número de la calle, y es atendido por su bella dueña. Yo conocía a su ex pareja, Rafael Estica, un excelente chef que había estado en Japón y que ahora trabaja en Reñaca y siempre le juré que iría a verlo a su local, que en ese tiempo se llamaba Delicattesen o algo así. Llegué placé, como dicen los “burreros”, ya que la pareja se desarmó, pero el restaurante sigue vivo.
El asunto es que me comí algunas cosas exquisitas, como “tapas” con alcachofa y queso de cabra. Incluso salimos con un tarro de mermelada de naranja, que la dueña fabrica en forma casera.
Luego de cerrar subimos un poco más por Urriola y pasamos por el “Poblenou”, sin embargo, no entramos y avanzamos unos metros llegando a otro local de “tapas españolas”.
El nombre no me acuerdo, pero está en la intersección de las calles Urriola con Alvaro Besa.
El asunto se nota que está manejado por argentinos (al parecer) y es bastante bonito y bueno. No barato.
He tenido la posibilidad de comer estas “tapas españolas” en Madrid, Barcelona, Segovia y otras ciudades hispanas. Es un invento de este pueblo que a las 12 del día está tomando trago en todos los bares y café y que para no curarse deben ingerir algo de alimento.
Son pequeñas pero sabrosas dosis de comida, que no cuestan muy caro. Esa es la gran diferencia con las “tapas urrolianas” que están ofreciendo en esa calle.
Las “tapas chilenas” parecen canapés y valen cerca de 5 mil pesos cada uno. La idea no es salir a comer hasta quedar con el ombligo parado, pero si es necesario llenar el estómago un poco para no emborracharse con el vino y el ron que uno se manda para adentro.
Todo en Urriola es muy bonito y bastante estiloso, pero están aplicando mal el concepto de “las tapas”. Creo que se enredan en sabores, especies y aliños rebuscados.
Uno quiere conversar con los amigos, reírse, tomarse unas copas y que la vida pase en forma feliz y sin grandes sobresaltos, pero todo se complica cuando llega la abultada cuenta a la mesa.
En Urriola hay buena atención y mucho estilo. Sólo falta más simplicidad.
ajenjoverde@hotmail.com

9.08.2008

El Señor del Choripán


Por Ajenjo

Generalmente, cuando se termina un asado de amigos, siempre sobran cosas: ensaladas, pollo, carne o vino.
Fue precisamente con esas sobras que se nos ocurrió ver el final de “El Señor de la Querencia” en mi casa, junto aun grupo de socios que quería pasarlo bien por un rato.
Lo único que había quedado de la fiesta en Peñuelas era un gran paquete de chorizos y decidimos hacer un choripanada gigante, y de esta manera observar cómo el villano mataba y mataba gente.
Las mujeres presentes eran las más interesadas en la exitosa teleserie, pero cuando empezó el último capítulo y apagamos la luz de la cocina, nos dimos cuenta de que había varios amigos que se sabían al dedillo el argumento del culebrón criollo.
Entre cervezas y vinos, el señor de la querencia eliminaba a sus adversarios con la vista totalmente perdida en la sangre y yo aprovechaba las tandas comerciales para meter pan batido en el horno y acomodar los chorizos en la parrilla eléctrica.
Esto de juntarse a comer y chupar reunidos en torno a la televisión es algo que mi generación tiene en los genes. Recuerdo cuando era muy pequeño y me despertaban para observar peleas de Martín Vargas en exóticos países orientales. Mi padre, amante del box, nos ordenaba frente al televisor y realizaba una larga ceremonia de preparación. Sólo bastaban algunos segundos para que el púgil chileno cayera al suelo inconsciente y todo el proceso se derrumbaba en forma inmediata y había que volver a la cama con la boca amarga .
Los partidos de fútbol, especialmente los de la selección chilena, son un clásico para todos y muchos se reúnen en torno a la parrilla para mirar como, generalmente, golean a los muchachos.
Ahora es una teleserie, protagonizada por un súper sicópata, que nos tiene con un choripán con mayonesa en una mano y un vaso con vodka en la otra.
Al terminar todos opinan. “Que fue poco creíble”, “que se les pasó la mano con los asesinatos”, “que lo deberían haber torturado”. La charla prosigue y prosigue, mientras los embutidos siguen emitiendo su chirrido y la gente come y come y bebe y bebe.
Son los nuevos tiempos, donde los amigos se juntan y comparten amistosamente, gracias a un sicópata latifundista ardiente de sangre y sexo.


ajenjoverde@hotmail.com

9.04.2008

La reingeniería del Danubio Azul

Me llega un correo electrónico del actor transformista Alejandro Cid invitándome para un evento en el renovado Danubio Azul, de la calle Esmeralda, en Valparaíso.
Ya había escrito algunas líneas sobre el cambio que estaba sufriendo esta fuente de soda, que luego de una profunda manito de gato, donde el verde pistacho se tomó el lugar, ahora es un “restobar”.
El asunto es que llegué al Danubio Azul y una niña me cobró mil pesos de entrada, con derecho a un trago, para tener acceso al tercer piso del nuevo pub.
Al llegar me encontré con unos amigos y nos sentamos en unos taburetes a la espera del show. El transformista Cid salió vestido de mujer (la media novedad) y se sentó. Luego habló algunas cosas relacionadas con un feriado religioso y eso fue todo.
¿Qué onda?, nos preguntamos. Para variar yo estaba bajo el influjo del ron con bebida energizante y no me quedó otra que tomar la batuta del espectáculo y me puse a contar historias de ciencia ficción mística, además de recitar el único poema que tengo en mi agujereada memoria. En síntesis: empecé a dar jugo y del bueno.
Después la gente me aplaudió y me quedé callado, pidiendo otro roncito al mozo, mientras en mi interior una voz, relacionada con la vergüenza y la adultez, me decía que dejara de andar siempre pintando el mono.
El asunto es que pusieron música y se largó una fiesta. No había mucha gente pero el ánimo era bueno.
Creo que este local tiene todo para poder convertirse en un clásico de la noche porteña. Tiene tres pisos para crear varios ambientes y realizar todo tipo de actividades culturales. Su dueño tiene el ánimo por delante y debemos apoyarlo, ya que proyecta una buena onda, alejada completamente de los locales de reggaetón o de falsos artistas santiaguinos.
Ojalá que se llevaran a cabo actos artísticos un poco más complejos que el del feriado pasado. Yo vi a Alejandro Cid descendiendo en una tina llena de espuma en el medio del Teatro Mauri, impactando al público. Eso es lo que nuevamente queremos ver.
Y no estoy hablando de una nostalgia chabacana onda “todo lo pasado fue mejor”, sino que retomar la fuerza y la chispa que una vez estuvo presente en todos nosotros y que por el tiempo, los golpes de la vida, el deterioro físico y mental, a veces se apaga.
Todo piloto de califont puede volver a prenderse.