3.24.2011

De lo único que estoy seguro es que me voy a curar

Por Ajenjo

Mientras está leyendo esta crónica, yo iré caminó al pueblo de Santa Cruz, donde participaré por primera vez en mi vida de una fiesta de la vendimia, donde se celebra la cosecha de la nueva uva que dará como fruto la bebida más rica del mundo: el vino tinto. Como nunca he participado de una fiesta de este tipo, tengo todo un batallón en la imaginación que me hace pensar muchas cosas. La primera es que me imagino a cientos de mujeres con coloridos pañuelos en la cabeza pisando racimos de uva en grandes toneles de madera mientras entonan canciones italianas. Mucha tele.

También mis neuronas me llevan soñar con litros de vino tinto que caerán gratuitamente en las gargantas del sediento público que viene a agradecer a la tierra por este fruto bendito. Todos en el pueblo con los labios, lengua y dientes morados, hablando y filosofando esas ideas que sólo el buen tintolio puede sacar de las cabezas humanas. Mucha tele.
Además Santa Cruz es territorio de uno de los hombres más millonarios de este país: Carlos Cardoen. Este hombre, que no puede salir de Chile ya que los norteamericanos tiene una orden de detención internacional en su contra, ha construido su propio país en este pueblo. El tatuador Polako, que estuvo en estas zonas, me contó que el museo, de propiedad del millonario, era tremendo. "Hay armas de todo tipo, y las armaduras de los guerreros ninjas son increíbles". Me imagino paseando en este recinto, con un litro de un buen mosto en el estómago, mientras observó la colección de arte indígena más poderosa del país. A lo mejor me encuentro con Carlos, y su bella esposa, y aprovechó a hablar sobre arte, historia y ese mundo tan peculiar.
A lo mejor le invitó una copa de buen vino colchagüino y terminamos abrazados y convertidos en los mejores amigos. Mucha tele.
Dentro de pocas horas resolveré todas las dudas y podré hablar con toda propiedad sobre lo que significa estar en una fiesta de la vendimia. Pero de lo único que estoy seguro es que voy a quedar bien curado...

ajenjoverde@hotmail.com

La verdad del mítico Hotel Valdivia

Por Ajenjo

Cumplí un año de matrimonio y mi bella esposa decidió regalarme una noche en el mítico Hotel Valdivia, en Santiago, considerado uno de los moteles de culto de Chile.
Para los que no lo ubican, este motel aparece en una de las escenas de la película Sexo con Amor. En la pieza, la actriz Sigrid alegría, completamente desnuda, juega en un carrusel de caballitos de mar.
Bueno, pero vamos al grano. Llegamos como a la una de la mañana. Un gran muro sucio, con una pequeña entrada de estacionamiento, recibe a los visitantes. Un abuelito guía a los conductores hacia un lugar cubierto por una cortina (más vieja que el mismo abuelito). Ahí una pantalla de TV anuncia las instrucciones: "no salga de su auto, hasta que llegue la camarera".
En el cubículo de al lado se escuchaba la voz de una colombiana y varios tipos... raro, muy raro...
La cosa es que llegó la camarera y nos llevó a la pieza árabe, a través de un laberinto de pasillos, puertas y cortinas. Costaba casi 50 mil pesos la gracia. La pieza era chica y no tenía casi nada que la identificara como árabe. Todo estaba muy limpio, pero estaba sacado de una película de la década del 60. El jacuzzi ya casi no respiraba. La tele tenía cuatro canales y la radio estaba mala (nos había advertido la camarera).
El desayuno tenía el té más barato que se puede encontrar en un supermercado y cuatro pastelillos incomibles.
Lo único rescatable eran los espejos en todas las paredes, pero eso lo tiene cualquier motel.
En Valparaíso el Blue Nuit tiene la pieza de la caverna a mitad de precio y le pega 20 patadas en el hocico.

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Altzaga: Un restaurante Biutiful en Valparaíso

Por Ajenjo

Salgo del cine con un verdadero daño cerebral. La angustia todavía la tengo atravesada en el estómago. La película "Biutiful" es una terrible denuncia de las infrahumanas condiciones de vida de los inmigrantes chinos y africanos en la primermundista Barcelona, donde actualmente muchos chilenos estudian postgrados con becas estatales o con recursos de su propia familia. Para poder hacer desaparecer ese mal neuronal, decidí revisitar el restaurante Altzaga, ubicado en el Pasaje Gálvez, en el cerro Concepción. Hace algunos meses fui invitado por la Universidad Santa María y en esta ocasión fui con mi propio dinero a invertir en buena comida y bebida. Este restaurante debe estar, actualmente, entre lo mejor de Valparaíso, tratando de desplazar de su trono al Pasta e Vino, que se ha quedado en los laureles gastronómicos.
En el Altzaga la onda es que cada comensal tenga una experiencia culinaria particular. Llegamos a la hora de almuerzo e inmediatamente el barman se acercó para pedir la orden de aperitivos. Pregunto amablemente cuál era el destilado favorito, y según otros gustos personales se mandó los medios cócteles. Fruta, cítricos, vodkas aromatizados, fueron parte del alcohólico principio.
Para comer pedimos unas empanaditas de mil hojas que estaban de rechupete. Después un pulpo, que se deshacía en la boca. Todo en su exacto punto de cocción y sabor. De segundo me lancé de nuevo con un atún, pero en esa ocasión no venía sellado con pimienta. Antes de servirnos este plato el mozo nos trajo, de regaló, una trilogía de pequeñas porciones de pastas rellenas, que nos dejaron viendo a la Santísima Trinidad. Todo esto lo bañamos con un tintolio de lujo, ya que la carta es poderosa y variada.
Una de las cosas más destacables es la atención donde el mozo, además de dar una pequeña clase de vinos, nos habló hasta del Festival de rock Lollapalloza.

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Entre el punk de pánico y los garabatos de Daniel Vilches

Por Ajenjo

A una botella de vodka Stolichnaya no le quedó nada de su transparente líquido, lo que se convirtió en el punto de partida para asistir, junto a un amigo de la universidad (un sobreviviente), a tirarle un ojo al recital de Carlos Cabezas y Pánico, en el Muelle Barón.

La actividad gratuita estaba inserta en el Rockódromo y su organización era de lujo: guardias, pantalla gigante, excelente audio y todo muy ordenado.
Llegamos con mi brother hasta la reja, al lado del escenario. Al parecer nuestra pinta de cuarentones rockeros espantaba un poco a la muchachada. Ahí nos encontramos con el cineasta Tevo Díaz y su hermosa acompañante, quien también disfrutaba del espectáculo.
Mi amigo sacó una metálica petaca desde su bolsillo y me dijo: "yo soy mochilero viejo", mientras se empinaba el fuerte licor que guardaba en el envase.
Escuchamos a Carlos Cabezas (excelente como siempre) y parte de Pánico, y nos retiramos mientras los punkies bailaban a puñete limpio en el muelle.
Quedé como si me hubieran agarrado a palos, pero eso no me impidió ir a ver el show de Daniel Vilches en el Teatro Mauri.
Salió una vedette que subía por el caño como una serpiente que tomó Red Bull; un cantante que estaba ultra tieso y que interpretó "Granada" como el mejor tenor y un humorista de más de cien kilos que mató de la risa al público.
Entre los asistentes había una pareja de curaditos que molestaba a los artistas. Un humorista, flaco como una escoba, les lanzó una cantidad de groserías e insultos impresionante, que logró apaciguarlos por un rato. Después que se terminó la función, que duró tres horas, los borrachitos casi reciben una paliza de parte del los asistentes, quienes ya no soportaban su estúpida actitud.
Me fui feliz a la casa con dolor de guata de tanto reírme con los extremos chistes y creo que hasta soñé que Daniel Vilches era el último sobreviviente de la tribu de los punk. ¡Un personaje de culto total!

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2.16.2011

Tomando cerveza peruana hasta casi reventar




Por Ajenjo

Antes de partir a Buenos Aires la empresa peruana de cervezas Cusqueña nos invitó a participar de un evento culinario, donde un chef nos enseñaría a preparar ceviches al ritmo de las heladas chelitas.
El lugar era en el Club Árabe de Viña del Mar y junto a mi brother fotógrafo llegamos tempranito y con mucha sed.
Desde el comienzo la cosa se notaba atrasada. Nos llevaron a un sector de la piscina y nos dijeron: “chiquillos esperen que llegue la micro con los invitados santiaguinos y comenzamos. ¿Quieren tomarse una cerveza por mientras?”. La respuesta fue un rotundo sí.
Cada cinco minutos, y luego que nosotros vaciábamos los botellines, aparecían bellas promotoras con más licor espumante y helado. ¡Pasaba como agua de la llave!
A las cuatro de la tarde todos los invitados éramos amigos. Tuve la ocasión de conocer al periodista gastronómico Carlos Reyes y hablamos sobre el Caruso y muchos restaurantes de la zona. Una conversa de lujo.
Por motivos que no vale la pena detallar tuve que abandonar el evento antes que apareciera el chef y sólo se quedó el reportero gráfico, quien logró cocinar unos ravioles con pescado y centolla.
Me contó que cada invitado recibió todos los ingredientes y que poco a poco fueron armando los ricos platos.
El chef probó todas las preparaciones y entregó premios a los ganadores.
La idea fue muy buena y creo que todavía se realizará durante todo el verano.
Lo malo fueron las tremendas horas de atraso, que sólo fueron calmadas por los litros de cerveza que tragaron los participantes.
Por mi parte me sigo quedando con mi ceviche tricolor: pimentones amarillo, verde y rojo, más ají verde, cebolla morada limón y una buena reineta. Mientras lo prepara vaya bebiendo vinito blanco helado, del bueno.
¿Qué más felicidad?

ajenjoverde@hotmail.com

Infierno en Buenos Aires

Por Ajenjo

En la tele dicen que hay "alerta naranja" y que los niños y ancianos deben estar en lugares frescos y no deshidratarse. Hay una sensación térmica que supera los 40 grados en las calles de Buenos Aires y yo camino con mi hijo en busca de algún lugar que tenga aire acondicionado. El ambiente es irrespirable y tomamos un taxi a la Avenida Santa Fe, donde tenemos como destino la librería El Ateneo. El vehículo está fresco y su amable chofer nos habla del Loco Bielsa y la gran estupidez que cometería el futbol chileno si lo deja ir. Le señaló a Maradona, para seguir con su conversa deportiva, pero me dice que en su taxi esas palabras no se puede nombrar. Lo odia a muerte.
Al bajar del taxi nos llega un combo en el hocico de calor. Ingresamos a la librería y quedamos "peinados para atrás de la impresión". El recinto, un antiguo teatro, es más que hermoso. Es la librería más impresionante, enorme y estética en la que he estado en mi vida. Aprovecho de comerme un sandwich en una cafetería mientras hojeo libros. Mi hijo baja hacia la zona infantil y me dice que no se moverá de ahí hasta que pase el calor.
Después de un par de horas salimos hacia la galería Bond Street, también ubicada en Santa Fe. Hay gente tatuándose y otros poniéndose piercing en el rostro. Todos tienen cara de embrutecidos. Es el agobiante calor. Salimos a la calle y el pequeño se saca la polera. Camina como un flaite chileno, mientras me clama que le lance el agua mineral en la cabeza y el cuerpo.
Nos vamos al tradicional y cuico barrio de Recoleta, al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). Ahí quedamos nuevamente impactados con la muestra de la excéntrica artista Marta Minujín. Es una mujer totalmente loca y poderosa. Amiga de Andy Warhol. Levantó un Carlos Gardel del porte del Obelisco y lo quemó. Hizo un Partenón de libros tamaño natural en la calle Corrientes para celebrar el retorno a la democracia. En una sala había una pieza de colchones, donde nos metimos y descansamos largo rato.
Visitamos el zoológico, uno de los más amables del mundo con los animales y comimos empanadas de queso roquefort con crema en la pizzería Kentucky.
Al final del viaje cenamos en un restaurante llamado como la casa de la Nonna, en la calle Lavalle. Pido un bife de lomo a punto, donde la sangre en su centro se mezcla con una gran Quilmes heladita, que con ese calor tremendo, jamás tuvo alguna influencia cerebral y sólo actuaba como un sutil anestésico e hidratante.
Si el diablo quiere ir de vacaciones, sin duda que escogerá Buenos Aires en verano.
 
ajenjoverde@hotmail.com

Un padre y un hijo en la conquista del Río de la Plata


Por Ajenjo

Acabo de llegar a Montevideo. Partí en un viaje de mochila junto a mi hijo de 10 años a conquistar el Río de la Plata. Todo comenzó en Buenos Aires, que está convertido en un infierno. Caminamos con una sensación térmica de 40 grados. No se puede respirar y pasamos largas horas en librerías con aire acondicionado. Vivimos en un hostal en pleno centro, en una pieza que parece sacado de un centro siquiátrico: es muy pequeña y  está pintada completa de un amarillo canario.
Cenamos en el Palacio de la Papa Frita, donde mi hijo entró corriendo y se sentó sin que nadie lo parara. Ahí me tome la única cerveza Quilmes que llevo en mi cuerpo. Con la transpiración excesiva
siento que me estoy desintoxicando. Sin embargo, los bifes de chorizo le ponen el toque de  contaminación al organismo.
Tomamos un lento ferry hacia Uruguay, específicamente a la ciudad de Colonia. Creo que es lo más cerca que estaré de un crucero lujoso. Ahora, ya en Montevideo, me siento más tranquilo. Estamos en una pieza en el hostal Che Lagarto en la plaza Independencia, que está rodeada de edificios sacados de la película “Metrópolis”, de Fritz Lang. La gente es amable y el clima más pacífico. Fuimos a comer a un lugar llamado El Chivito de Oro, en alusión al sandwich más famoso de Uruguay: El Chivo, que lleva pan, carne, lechuga, tomate y huevo duro. El pequeño se comió un “panchito” (hot dog) con la salchicha envuelta en jamón y queso. Le dieron ganas de ir al baño y cuando llegamos al santo lugar
nos encontramos con una tamaña sorpresa: ¡no había taza! Dos marcas de zapatos y un hoyo eran todo lo imaginable.
El lugar estaba muy limpio y moderno y no entendíamos la situación. Al final, con lágrimas en los ojos de la risa, realizó sus necesidades en ese raro lugar.
Estamos en la mitad de la travesía. Viajar todo el tiempo con un niño es bastante loco. Yo le hablo desde mi mundo y él del suyo. Los dos nos cansamos, pero seguimos adelante, a pesar del calor que nos ha dejado casi desmayados. Lo importante es seguir caminando y continuar soñando con nuevos lugares, nuevos mundos y nuevas personas.

ajenjoverde@hotmail.com

2.15.2011

Reflexiones derivadas de empujar una silla de ruedas en Valparaíso



Por Ajenjo

Llevo a mi mujer en una silla de ruedas por la calle Lautaro Rosas del Cerro Alegre. Hacía varios días que la pobrecita estaba encerrada en la casa, producto de un accidente que la dejó inmovilizada de un pie por 45 días.
La llevó a almorzar a la pizzería Malandrino, donde comemos como reyes y bebemos un vino tinto Sutil Carmenere del Valle de Colchagua, donde están fabricando los mejores caldos de este país.
Estábamos celebrando que me gané una beca de creación literaria del Fondo del Libro, donde podré reunir las mejores crónicas y describir sin límites a los personajes y lugares más distorsionados de este Puerto maldito y bendito.
Yo me lancé unas cervezas Tiger y varias copas de vino, además de una pizza cuatro quesos de alto poder saborizante. Después saqué a mi señora del local y con el impulso del buen alcohol transportaba la silla de ruedas a gran velocidad por la avenida Almirante Montt.
Decidí parar en el Vinilo, donde me tomé un bajativo de ron, mientras mi señora degustaba su trago preferido: Kir Royal.
Salí bastante dañado y conducía la silla de ruedas como un loco. Me lancé a la calle y hacía sonar una bocina bocal (imitando a los camiones), para que nos dejaran pasar.
Los turistas nos miraban curiosos y muchos pensaron que terminaría con mi bella y paciente esposa, cuan larga es, tirada en el pavimento. El aparato crujía entero y en muchas ocasiones pensé que las ruedas explotarían o que las piezas reventarían violentamente. Al final llegamos sanos y salvos a la casa y dormimos una larga siesta.
Con esto de la silla de ruedas me he percatado lo difícil que debe ser para los que están postrados en estos aparatos andar por los cerros porteños. La geografía de las veredas y de las calles es terrible, más aún si uno se ha puesto algunos cañonazos cerebrales.
Debe costar mucho dinero adecuar veredas y calles para las sillas de ruedas, pero es un esfuerzo que debe finalmente ejecutarse.
Nadie ha elegido estar sentado en estas sillas.

ajenjoverde@hotmail.com

Con Madonna y Elvis Presley en el Lago Villarrica




Por Ajenjo


- A Baltasar, para que salga adelante con

todas las fuerzas de la vida -


El lago Villarrica se extiende como un delicado ojo de agua. En su superficie navega un gran velero chilote que trae en cubierta a una feliz pareja de novios. Ella viene con un vestido que lleva una red verde y el novio viene uniformado de Almirante.
Los invitados esperan en el muelle. Las mujeres portan unos delicados paraguas de madera que junto a un amigo tuvimos que repartir en una gran cesta. La escena corresponde a un matrimonio que asistí el fin de semana pasado en el verde sur chileno, donde tuve la posibilidad de conocer el bello y cuico Pucón y sus alrededores.
Llegue dos días antes de la fiesta y fui invitado a almorzar al restaurante Las Brasas, donde el anfitrión Cristian nos trasladó con sus videos musicales a la época del 60 y mientras desgastábamos unas ricas truchas con puré al merquen, Sandro y Elvis Presley nos cantaban en la oreja.
También tuve la posibilidad de cenar en el Senso de Pucón, donde la especialidad son las pastas italianas. Me mande unos fetuchinis con una salsa “al fileto”, que todavía me tiene soñando.
Nos estábamos quedando en el Hotel del Lago, donde era el matrimonio, por lo tanto me puse mi terno, caminé cuatro pasos y llegue a la ceremonia civil. Los novios ingresaron rodeados de bellas musas vestidas de rojo al ritmo de la canción del verano 2011: Soul Sister.
Después vino la fiesta donde el grupo musical Metrópolis se transformó en el plato fuerte de la noche.
El vocalista, quien es el carisma hecho artista, comenzó cantando una canción de Frank Sinatra y siguió por todos los éxitos bailables que uno pueda imaginar. Bromeaba constantemente (en vez de gritar“Américo” se declaraba “Alcohólico”), salió disfrazado de Elvis Presley, incluso hizo un tremendo cuadro travesti imitando a Madonna.
Yo tomaba Johnny Walker con energizante como agua de la llave y terminé saltando como mono de circo, como si estuviera en el mejor recital de rock.
Al abandonar el lago Villarrica, donde los anfitriones nos atendieron de lujo, me dio un poco de pena, pero pensé en mi Valparaíso querido y todo se calmó.

ajenjoverde@hotmail.com

2.14.2011

Esos extraños seres humanos llamados "santiaguinos"


Por Ajenjo


Estoy saliendo del restaurante Caruso donde realizamos la previa del Año Nuevo en un almuerzo lleno de calugas de pescados, empanaditas de mariscos y chorrillana. Por segundo año consecutivo almuerzo en este lugar el 31 de diciembre, para tratar de detener la ansiedad que se toma, no sólo mi cerebro, sino que también a Valparaíso completo.
Bebimos pisco sour, cerveza y vinito blanco, mientras los amigos santiaguinos de mi señora llegaban a instalarse a la casa. Fuimos a comprar unos botellones de cerveza para amenizar la tarde y nos encontramos con el dueño del bar Vinilo, quien nuevamente repitió el mismo y hermoso gesto del año pasado y sacó una poderosa champaña mendocina de su refrigerador y nos dejó totalmente locos. Mientras estábamos sentados en unas bancas en la calle Lautaro Rosas, pasó un grupo de “encantadoras” señoras santiaguinas que intentaron entrar a la casa de mi amigo bajo el argumento de que son tan lindas estas residencias antiguas”. Aquí todos saltamos inmediatamente y detuvimos la desfachatez capitalina con un “pero ubíquese por favor, no ve que es una casa particular y están los niños y su mujer”. La viejuja hizo como un desprecio y siguió su camino altanero.
Después volvimos a mi casa y bebimos toda la tarde a la espera de los fuegos artificiales. Los invitados subieron al altillo para tener una mayor amplitud de vista, mientras yo, ya cansado de ver lo mismo todos los años, comenzaba a prender el carbón en la parrilla y a preparar los choripanes, el pollito, el costillar y el lomo vetado.
Como a las dos de la mañana uno de los amigos santiaguinos de mi mujer me pidió que “si podía invitar unas personas a la casa, que estaban en la calle”. Le mandé un rotundo “no” y la situación me empezó a incomodar. Luego los invitados decidieron irse a beber a la calle con sus “amigos” y sacaban el trago de mi casa para bebérselos junto a sus compadres en la vereda. Ni siquiera participaron del asado en la mesa y fueron mis amigos, los porteños y viñamarinos, quienes levantaron el evento.
Fue en ese preciso momento que recordé que los santiaguinos son una raza especial y que hay que tener mucha paciencia y tolerancia. No todos son iguales, pero muchos cargan en los genes esa falta de educación y buen trato que nosotros, los provincianos, tenemos adosados en nuestro chip cerebral en forma natural y cariñosa.
Igual fue un Año Nuevo entrete, pero los he pasado mejores.

ajenjoverde@hotmail.com

Todo lo comido, lo bailado y lo gozado en este distorsionado 2010

Por Ajenjo

Es hora de los resúmenes y es mi obligación relatar lo mejor que comí y chupé en este año que estuvo bastante distorsionado desde cualquier punto de vista que se le mire.

Personalmente lo más importante fue mi matrimonio con mi bella esposa, a quien admiro y amo con todas las fuerzas que me da el roncito con cocacolita. La fiesta, según los invitados, estuvo re buena y hasta Dióscoro Rojas se pegó el tremendo discurso y dio hasta unos pequeños pasos de baile.
Durante el verano pasado volvimos a comprobar que el Bric a Brac (Isidro Gaete 25 esq. Av del Mar) sigue siendo lo mejor de Maitencillo y es un pecado no pasar a comer en ese rico lugar.
En el cerro Alegre nos encontramos con varias novedades que hay que destacar. Primero que todo el descubrimiento de Malandrino (Almirante Montt 532), que con un horno instalado len pleno comedor se está despachando las mejores pizzas de Valparaíso, en un ambiente acogedor y familiar.
También tenemos el Norma´s (Almirante Montt 391) , donde me comí unos de los mejores bistec a los pobre del año. Me encanta su nombre y la casa con las vigas al aire. Sus precios no son exagerados y la atención es de lujo.
En el cerro Concepción tenemos a Tama (Almirante Montt 60), donde hay un sushi fresco y original, especialmente los que son fritos. De ahí pasamos al Vía Vía Café (Almirante Montt 217), de propiedad de unos belgas, donde en su terraza están los mejores menú de almuerzo y hay unas cervezas internacionales para capear este calor veraniego.
El Altzaga (Papudo 416) también fue todo un descubrimiento y me mandé el mejor atún sellado a la pimienta de toda mi vida, donde la boca todavía me pica y el recuerdo del vino fue espectacular.
En el centro de Valparaíso me quedo con el nuevo Shawarcreps (Huito local 10) que ya lleva dos puestos. Aquí se reinventó esta comida árabe y le puedes echar todos los ingredientes inimaginables.
La resurrección del Bar Renato (Manuel Rodríguez 473) fue espectacular y también cabe dentro de lo mejor del año. Se quemó entero y sus dueños, en una titánica tarea, lo recuperaron para todos los amantes del borgoña y de los riñones al jerez.
Frente a los carretes es esencial nombrar la ramada de la Zuliana para el 18 de septiembre y los carretes del Forum de las Culturas, especialmente Los Jaivas y Pedro Aznar gratis en la plaza Sotomayor.
Como también no nombrar la tremenda paella española que nos ofreció Tatiana y Gino, los padres del mejor amigo de mi hijo.
Ahora sólo queda abrazar a los seres amados y pensar que en este año conquistaremos todos nuestros sueños e ilusiones.
¡Salud a todos los hombres de buena voluntad!

ajenjoverde@hotmail.com

Sabios consejos para llegar sanitos al 2011


Por Ajenjo

Durante varios años, en estas fechas, trato de dar algunos consejos a los porteños y visitantes que llegan a la ciudad para poder sobrevivir a las fiestas de fin de año, especialmente la noche de Año Nuevo, que en Valparaíso siempre es como una especie de "acabo mundo".
Ante todo hay que tener claro que la ciudad se transforma en un gran parque mutante de diversiones, por lo tanto no es necesario estar pagando 15 o 20 mil pesos para ingresar a una fiesta.
Los eventos pagados en estas fechas están colapsados. Hace algunos años se me ocurrió pagar por una fiesta que prometía "bar abierto toda la noche". Para poder conseguir un ron en vaso de plástico tuve que matar a cuatro tipos. En los afiche de estas fiestas la imaginación puede proyectarse hasta casi el infinito y se promete "todo, todo, todo", pero al final casi nada resulta como lo planificado.
Lo mejor es quedarse en alguna fiesta en la plaza, en la calle, en la casa de un amigo o en algún bar muy piola.
Otra cosa importante es no dañarse mucho el 30 de diciembre. Generalmente la ansiedad causa que uno se pegué un tremendo carrete en esa fecha y el 31 amanezca dando la tremenda pena, con arcadas y chuteando las ojeras.
La cosa se trata de estar presentable y poder abrazar a la pareja amada, la familia y los amigos con dignidad y en buena presencia.
El 31 de diciembre tampoco hay que ponerse a empinar el codo muy temprano, ya que conozco casos que a las 10 de la noche están abrazando a la taza del water y todo termina mal, muy mal.
Como siempre les advierto, no hay que mezclar mucho. Si uno parte con una cerveza tipo seis de la tarde, para después ponerse unos pisco sour a la vena (como dice mi querida suegra), bajarse una botellita de vino en la cena, y rematar con fuertones, la pintada de mono no la despinta nadie.
Hay que beber con moderación y buena onda y no recibir el nuevo año llamando al despreciable Guajardo.
Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo a todo el mundo y ojalá sigan mis consejos, especialmente yo, que generalmente terminó como el muy querido Padre Gatica.

La historia de un perrito llamado Pampero


Por Ajenjo

La dueña del bar Moneda de Oro se comunicó telefónicamente conmigo para avisarme que el bar Renato sería reinaugurado "y debe venir con los periodistas y el oftalmólogo, ya que serán invitados de honor".
El equipo llegó hasta la calle Rodríguez, donde justo en ese momento estaba hablando el alcalde. El barman nos puso unos buenos pisco sour y varios canapés de crudo y paté. Después le siguió el vinito y terminamos en una mesa con una botella del venezolano ron Pampero, bebidas y un gran plato de pichanga.
A las 11.30 de la noche el daño en nuestras cabezas era casi total. Saqué fuerzas de flaqueza y recité mi tradicional poema a las prostitutas de Valparaíso. Saqué aplausos en la concurrencia y decidimos retirarnos en paz y calma.
Tomé una micro en la Avenida Pedro Montt y llegué hasta un carrito de comida, ubicado a un costado de un supermercado en Bellavista.
Decidí comerme un sandwich y sobrellenar mi estómago y de esta manera engañar a la mareada cabeza. Me senté con mi churrasco palta tomate en un asiento de cemento y apareció un cachorro, negro, pequeñísimo, y me miró con esa cara que parte el corazón de los más duros del Viejo Oeste. Saqué la carne de mi sandwich y se la entregué. En un par de segundos se la había devorado. Le di un poco de pan y comencé a caminar. El pequeñín me seguía como a su amigo más fiel. Lo volví a mirar, lo tomé entre mis brazos, lo instalé en mi hombro y partí rumbo a mi casa con mi nuevo compañero.
Una punki alcohólica, de esas que pululan por ese sector, gritó de alegría porque me llevaba al perro y me aplaudió por varios segundos.
Crucé la plaza de la Intendencia, tomé un taxi, abrí la puerta y lo deposité en el pequeño patio. Saqué un poco de leche del refrigerador y se la di, mientras junto a mi bella y paciente señora le preparábamos una caja como improvisada cama.
El pequeño fue bautizado Pampero (es obvio su nombre) y ya fue al veterinario y come esos pelet especiales para cachorro.
Ahora, mientras saco su olorosa caquita del patio me pregunto: ¿No aparecerá pronto un gato llamado Stolichnaya?

12.30.2010

Me pongo de pie y grito al cielo: ¡Muchas gracias Universidad Santa María!

Por Ajenjo


Voy camino al restaurante Altzaga, ubicado en el cerro Concepción, donde hay un evento gastronómico dirigido a los periodistas y organizado por la Universidad Santa María. Tengo algunos problemas internos en mi cabeza, pero trato de disolver la tormenta cerebral y concentrarme en esta actividad que incluía una cata de vinos.
Al llegar me encontré con varios colegas con caras de sedientos, que esperaban afuera del local. Al ingresar me di cuenta que el evento era de “categoría internacional” ya que el barman me pregunto qué quería de aperitivo.¿Dígame qué trago le gusta y yo se lo preparo? a palabra vodka me salió como mágicamente y el profesional mezclo jugo de maracuya y otros líquidos que me dejaron de entrada bastante dañado.
Después llegó la cata. Aquí un especialista en el tema de los caldos se mando una amena charla. Un juego de cuatro copas enfrentaba a cada comensal. No memoricé cada cepa que probamos, pero recuerdo una llamada Nebbiolo, que nunca había tenido la oportunidad de degustar. Se da en Italia y cada trago de ese bendito licor causaba que me sintiera en el Paraíso, donde todos los conflictos se diluían al ritmo del sonar de copas.
Después de la entretenida cata, donde el sommelier me advirtió que “si quiere dejar vinos de guarda tienen que costar sobre 10 mil pesos”, llegó la cena. Pedí un tiradito de un rico pescado y de segundo un atún sellado con fuerte pimienta. El pescado, rojo en su centro, se cortaba con el tenedor. Un plato con mucha personalidad, que provocó que muchas copas de petróleo se bajaran rápidamente.
Del postre ya ni me acuerdo, pero todo era muy rico y con una atención de lujo.
Al final rematamos con unos rones con cocacola en vasos gigantescos, que obviamente causaron que las ideas se mezclaran extrañamente.
¿Qué puedo decir? Una invitación excelente, en un restaurante porteño donde se está rindiendo culto a Baco en todo su esplendor.

ajenjoverde@hotmail.com

¿Qué pasó en la muestra gastronómica de los asadores?

Por Ajenjo

Estoy bebiendo, con muy mala cara, un vino de marca San Pedro, “de exportación”, sin cepa reconocible, en una actividad llamada Muestra Gastronómica o Encuentro de Asadores, en la Avenida Altamirano.
¿No es Chile uno de los países con el mejor vino del mundo? ¿Cómo es posible que sirvan este vinagrillo en algo con apellido de “gastronómico”?
El petróleo de baja ley no sólo fue lo que me amargó, en esta actividad relacionada con el Forum de las ulturas (que ha estado bastante bueno), sino que la desorganización total y la falta de experiencia que se dejó entrever claramente.
Mi intención era comer y tomar lo más posible y me compré varios ticket multicolores por 4.500 pesos. El asunto era más enredado que “una pelea de pulpo en un plato de tallarines” ya que nadie entendía para que servían los de color azul, rojo, verde o amarillo.
Tuve que hacer una cola de una hora para que me dieran un pedazo de carne que podría haber asado en mi casa, sin ninguna gracia. Después pasé por algunos stand donde unos cubanos regalaban arroz frío con unos pedazos de mechada (ropa vieja le llamaban). También me comí un pescado en papel de aluminio más desabrido que bailar con la hermana.
Para los que hemos visitado muestras gastronómicas de ciudades o países, sabemos que el concepto es totalmente otro. Uno paga por entrar a una feria donde diversos restaurantes venden uno o dos platos de su carta en pequeñas porciones. Así uno va pagando de lugar en lugar, según sus gustos e intereses. Por último pagas un solo precio (8 mil o 10 mil pesos) y comes todo lo que quieras en las diversas carpas.
Aquí la cosa no resultó, pero la idea estaba bastante buena. Además el lugar era ideal, hermoso, y hay que seguir utilizándolo.
Cómo me gustaría una muestra gastronómica con el Caruso, el Pasta y Vino, el Malandrino, El Amaya, Casa Higueras y otros locales vendiendo lo mejor de su carta en porciones de tres mil pesitos.
¡Y con un vino que se pueda beber sin que la garganta se espante, por favor!

ajenjoverde@hotmail.com

Camino al extremo recital de Rammstein

Por Ajenjo

Estoy en un café internet de Santiago, tratando de despachar esta columna en forma desesperada, ya que en algunos minutos más ingresaré al recital de Rammstein, ese grupo alemán de metal industrial extremo, donde seguramente pasarán muchas cosas que les relataré más adelante.
El calor en esta ciudad es sofocante y pienso en mi Valparaíso querido, y lo echo de menos.El pasado fin de semana recibí a una simpática pareja de santiaguinos y los llevé a conocer las bondades del Fórum de las Culturas 2010. Terminamos en un sector denominado “Tornamesa”, cerca de la estación de trenes Barón, donde habían muchas locales. Uno de los stand que más me sorprendió fue el de la ciudad de Quebec. rimero te podías tomar una foto detrás de un paisaje canadiense. Anotabas en una pantalla tu correo electrónico y la imagen llegaba en un par de días.Después podías observar una maqueta de un gigantesco granero, donde se proyectan hermosas imágenes, muy parecido al show que montaron en La Moneda para el Bicentenario.
El lugar donde está Nápoles es ultra potente. Primero te ponen un casco para que puedas recorrer sin problemas el lugar (es que el recinto está bastante dañado). Hay muchas pantallas de alta definición que proyectan como era la vida hace muchos siglos (onda Imperio Romano).
Además de estos lugares, había gente vendiendo artesanía y otras “macanas”, como las llamaba mi abuelo que se murió hace ya muchos años de un cáncer en todo el cuerpo.
Después de mirar todas estas maravillas me fui a comer helado al “Emporio La Rosa”, la última novedad cuica que llegó al Puerto. Me encontré con mi amigo el escritor Francisco Casas, quien no me reconoció, hasta que le dije: “si estuviste en mi casa, con el Yura, viendo diapositivas de seres deformes”. Ahí se acordó y me estiró su mano amigablemente.
El “Emporio La Rosa” vende buenos helados. Todo, al parecer, es bastante sabroso y con mucha onda, pero hay que tener el billete largo. El helado de “niño” vale 1.100 pesos y es sólo una pequeña bolita. A pesar de estos precios la gente va por lo nuevo y siempre sus mesas están llenas, y nadie quiere perderse estos nuevos sabores que inundan El Puerto.
Al final terminé donde un amigo arquitecto que celebraba sus 40 años de edad. El evento era en las parcelas,
frente al cementerio Parque del Mar, de Concón.Mi brother contrató Dj y puso luces en su gigantesca casa de madera, mientras la fauna bebía y comía pizza de cebolla. Me encontré con gente que no veía hace miles de años. Uno de mis amigos estaba pololeando con una tarotista quien, en medio de la fiesta, le mandó la tremenda cachetada que, al parecer, puso fin a esa relación.
Al final volví temprano a la casa y ahora me voy al recital, donde el grito de Rammstein, Rammstein ya está inundando mi cerebro en toda su totalidad.

ajenjoverde@hotmail.com

El retorno a Pedro Aznar y al mítico Bar La Playa

Por Ajenjo


Mi bella esposa me dice que estoy bebiendo mucho en las actividades sociales y que siempre terminó “transmitiendo” y que sería bueno que me calme un poco. Como un buen esposo. le hice caso y decidí asistir al recital gratuito de Pedro Aznar, por el Forum de las Culturas, en la Plaza Sotomayor, muy compuesto y ordenado.
Incluso me corté el pelo y mis patillas setenteras fueron derribadas por mi peluquero Pablo, en un cambio de look veraniego. Llegamos muy temprano al recital y nos sentamos en las blancas sillas, mientras una folclorista entonaba un trote nortino en el escenario.Después de una hora de actuación la mujer seguía cantando a la geografía chilena. Iba como por Puerto Montt cuando escuché la frase: “Podríamos ir a tomar unas cervecitas a la espera de Pedro Aznar”. “¿Pero cómo es la cuestión?”, le dije, mientras desocupábamos
nuestras sillas y caminábamos hacia el mítico Bar La Playa.
Hacía años que no entraba a este reducto noventero, que fue la sede principal del retorno del carrete a Valparaíso, luego de años de toque de queda y represión fiestera. Recuerdo haber entrado a una gigantesca masa humana que bailaba sin parar en todas las esquinas del adornado bar. Ahí aprendí a comer chorrillana, a beber vino tinto barato y conversar hasta que los pajaritos advirtieran la presencia de los rayos solares.
En el Bar La Playa (llamado por todos El Playa), también recité varias veces, en unos llamados miércoles de poesía, y conocí mucha gente interesante y divertida.
Pedimos unas cervezas y volvimos al recital. Pedro Aznar ya cantaba sus poéticas tonadas. Se mandó “Media Verónica”, de Andrés Calamaro, y me embargó la emoción, provocando que la sed sacara terreno en mi cerebro.
Antes que terminara de cantar nos fuimos al “Moneda de Oro” (ahora más famoso que nunca por el caso Alinco) y me tomé unos rones con cocacola, mientras hablaba y hablaba del mundo y sus consecuencias.
Bastante dañado tomé el taxi a mi casa, mientras mi esposa recriminaba nuevamente mi estado.
“Llevarme a un bar es lo mismo que traer un niño a una dulcería”, alcancé a decirle antes de que se me cerraran los ojos.

ajenjoverde@hotmail.com

En una kermesse escolar con los nervios rotos y mucha sed



Por Ajenjo


Estoy en un juego inflable controlando la entrada de decenas de niños pequeños que quieren tirarse por un tobogán.Como buen padre cumplo con el turno de la kermesse de mi hijo en su colegio y transpiro mientras corto los tickets y los meto en una bolsa plástica.
Una apoderada me dice que deje de trabajar y que vaya a ver a mi hijo, “que parece que se cayó y se pegó muy fuerte”. Llego a un patio con un poco de pasto y hombres de terno, que eran guardias de seguridad, rodeaban a mi hijo que tenía un chichón gigante y un poquito de sangre en la frente. Una inspectora lo levantó, mientras otras madres gritan histéricamente: “no lo muevan, no lo muevan”.
Lo llevamos a la sala de primeros auxilios y ahí le pusieron hielo y lo dejaron reposando, mientras yo le hablaba y le decía: “porque no eres como los otros niños, por qué siempre terminamos así”.
Esa frase me la dijo mi padre cientos de veces y ahí estaba yo, repitiéndola en este karma generacional que continuará indefinidamente.
Con los nervios rotos y mi hijo de nuevo corriendo por los patios de su escuela sigo haciendo el turno en la kermesse. Al terminar me encuentro con una ex polola, muy crespa, de Playa Ancha, y me dice que una banda de rock está tocando en el gimnasio. Vamos hacia ese sector y nos encontramos una barra de bar que vende ron, vodka, whisky y cerveza. “Un roncito no me haría nada mal para componer mis nervios”, me digo, mientras pago el trago.
Me lo bebo rápidamente mientras converso con la chiquilla, ahora toda una señora, y decido ir en busca de mi hijo. “Parece que están todos en la discoteca”, me dice otra apoderada y yo no puedo creerlo. Avanzo hacia ese lugar, donde el regaetton sale por los parlantes a todo volumen, y pienso que mi hijo, de sólo 10 años, no puede estar meneándose con esos ritmos caribeños.
El guardia no me quería dejar entrar, “ya que está prohibido para los padres”, pero después me dejó ingresar y obviamente el pequeño no estaba en ese lugar.
Respiro tranquilo y al final lo encuentro jugando y corriendo por el patio.
“Ojalá nunca crecieran”, rezo para mis adentros, mientras tomamos, a la medianoche, la micro de retorno a la casa.

ajenjoverde@hotmail.com

12.29.2010

Con el acelerador apretado en el Forum de las Culturas 2010

Por Ajenjo
Estoy en la Gala del Vino, en el Mirador Yugoslavo, bebiendo mostos de alta ley. Entré al evento gracias a mi bendita credencial de prensa, que me permitió saborear quesos, chocolates y tomar petróleo del bueno.
Después de unas diez copitas, de pequeño tamaño, decidí irme a la casa, ya que el viento porteño me estaba entrando fuerte en la cabeza.
Al otro día me desperté feliz y me fui donde mi amigo personal y pintor, Andrés Ovalle, donde me encontré con sus cuadros de la ex Presidenta Bachelet. Entre el público rondaba la bella ex ministra Paula Quintana, entre otros personajes locales.
Antes de almorzar visité la exposición fotográfica instalada en la Estación Puerto. Sinceramente quedé con la boca abierta. Creo que es una exposición de nivel europeo, que no tiene nada que envidiarle a muestras instaladas en Milán o Nueva York. Además, el edificio está impresionante y ojalá reciba más muestras. Me fui a comer una chorrillana vegetariana al restaurante El Jardín del Profeta, que está muy recomendable. Todo rico y muy saludable. Ver exposiciones cansa mucho y me fui a descansar a la casa y prepararme para ver al escritor Pedro Lemebel, en el Salón Blanco de la Piedra Feliz. Llegue a las 9 en punto y mi mochila llena de libros del famoso cronista para que pusiera su rúbrica. Recién estaban abriendo el bar y los escritores participantes del encuentro estaban con una sed tremenda y presionaban a las meseras por un “tragullo”.
Me senté tranquilo a la espera de Lemebel. Llegó como a la medianoche y aproveché un momento para conversar. Le dije que hace 10 años le había regalado mi primer libro de poemas y que nos habíamos pegado varios carretes en Valparaíso. El cronista me reconoció y me dijo que estaba un poco cansado, ya que lo habían operado de un cáncer en la garganta. Pidió una copa de vino, que bebió con mesura mientras me autografiaba los textos.
El domingo terminé con Los Jaivas, cantando a todo pulmón Las Alturas de Machu Pichu, mientras pensaba que el Fórum de las Culturas está muy bueno y hay que seguir aprovechando las actividades.

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Buscando un completito en el C° Alegre

Por Ajenjo

Son las seis de la tarde y con mi hijo decidimos ir a comer algún “sanbiruche” en algún local del Cerro Alegre. Le advierto que es fin de mes y que los morlacos están bastante escasos, por lo tanto hay que buscar algo barato. Esta característica no es una situación que actualmente exista en el cerro, donde cada restaurante que se abre está cobrando entre 7 y 10 lucas por cuatro papas y un pedazo de carne.
Alguien me había advertido que se había abierto un negocio llamado “Obelix”, donde despachaban completos y Barros Luco. Llegamos hasta ese local, en calle Grossi y estaba abierto, pero no había nadie. Sólose veían unas papas fritas, terriblemente cocidas, en un colador. Grité “aloooooooo” y nadie
salió. Me dio mala espinay me largué.
Llegamos hasta un local del cerro Concepción, relacionado con el Emeterio de Concón, donde venden
empanadas. Nos sentamos en una mesa del segundo piso, y sólo había un lugar ocupado por tres tipos de aspecto bastante dudoso.
Nosotros pedimos nuestras empanadas (yo me comí una Emeterio de 3.500 pesos llena de mariscos) y los tipos se engullían gigantescos platos de locos, machas a la parmesana, calugas de pescado y mucho vino
blanco.
En un momento uno de los tipos se paró a hablar por celular y después se fueron los otros. El mozo apareció a los minutos y grito: “donde están los de esa mesa”. “Se fueron” les dije y su cara se cayó al suelo. Al irnos mi hijo me pregunto porque se llamaba a eso “perro muerto” y le dije que en el cerebro del garzón, producto de la rabia, queda un perro muerto en el cerebro. ¿Será así?

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