3.29.2010

A 24 horas de mi matrimonio o como protagonizar una película de zombies


Por Ajenjo

En 24 horas volveré a decir: “sí, acepto” y me embarcaré nuevamente en esta aventura llamada matrimonio.


Siempre he pensado que el matrimonio es como el trabajo.A veces uno no soporta más sin embargo llega fin de mes y el sueldo permite pagar las cuentas y darse uno que otro gustito.


En la vida de casados muchas veces ya no puedes más, pero la sonrisa de un hijo, una noche de amor o simplemente compartir los problemas y triunfos, transforman todo. Hay que tener mucha, mucha paciencia y tolerancia y entender que el otro es diferente.


Ahora voy mucho más maduro que antes y lucharé para tratar de mantener a la familia unida y feliz.Ojalá así sea.Igual los nervios me comen ya que enfrentar un matrimonio a una semana de un terremoto es algo terrible. El día que la tierra se movió con intensidad había llegado de mi trabajo en el Festival de la Canción. Gracias a Ricardo Arjona logramos salir más temprano de lo planificado.


Me puse a escribir una columna y el terremoto comenzó.A los minutos decidí ir a encontrarme con mi hijo, que estaba con mi madre en Viña. Fue como protagonizar una película de zombies. En Errázuriz, cientos de jóvenes, que deben haber estado borrachos, trataban que los lleváramos y pegaban sus deformes rostros en el vidrio.


Al final pudimos llegar y el abrazo de mi madre y de mi hijo me calmaron los nervios, que a esta altura están más que destrozados.

ajenjoverde@hotmail.com

2.15.2010

Carta abierta al Dj que pondrá música en mi matrimonio

Por Ajenjo

Sr. Dj que pondrá música en mi matrimonio:


Quiero contarle que nací el año 1969, algunos días después que el hombre llegará a la luna y antes de que se realizara el Festival de Woodstock, lugar y evento que conocería muy bien en mis primeras correrías de juventud.
Por esta razón me gustaría escuchar alguno que otro tema de Jimi Hendrix, Joe Cocker y mi querido Santana.
Después estuve habitando la rara década del 80, donde forjé mi personalidad musical en base al rock y a la música folclórica. A mi grupo de amigos nos llamaban los "Intillimaiden" por esa extra fusión entre Inti Illimani y Iron Maiden. Por eso me gustaría algún temita de esos dos grupos, seguramente cuando ya la gente se esté retirando (tipín 4 de la mañana).
A la hora del cóctel y mientras los invitados esté comiendo quiero al grupo más importante de mi vida y que es la banda sonora de mi alcohólica existencia: Los Jaivas. Con sus temas versionados de Violeta Parra, más el Alturas de Machu Pichu ya me siento en las nubes.
Entrando a la década de los 90 la cosa se pone más rockera. Cuando estén todos bastante achichados me gustaría que instalara el tema más conocido de Rage Again The Machine y hacer un gran slam con todos los locos terneados y caerse al suelo en medio de una alegría de wiskhy, vodka y "ron" and roll.
Ya para la década del dos mil me quedo lejos con Andrés Calamaro. Me gustaría bailar bien apretado con mi novia el tema "Soy Tuyo" y después terminar tirado, con la lengua afuera, con "Sexy y Barrigón".
Señor Dj, yo no le quiero imponer nada, sólo decirle que estoy un poco nervioso por mi segundo matrimonio y la música siempre ha actuado como una ambrosía para mi cerebro.
Pienso que esos temas me calmarán y podré vivir este importante momento de mi vida sin caerme al frasco. Muchas gracias.



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La infinita amabilidad del sur chileno

Por Ajenjo

Dedicado con inmensa gratitud a Martín, Ani y Nidia

Estoy bebiendo sidra, un licor obtenido del jugo de manzana que venden en Argentina y que mi anfitrión en Puerto Montt se trae cuando viaja al país trasandino. Debo decir que si el cariño y la amabilidad se encarnaran en seres humanos, seguramente lo harían en esta familia que nos acogió por 10 días y nos sirvió de centro para conocer los bellos paisajes alrededor del lago
Llanqihue.
Como buen turista visité las cocinerías de Angelmó, donde me comí un curanto a medias con mi novia, mientras me bajaba solitariamente un botellín de vino blanco (el antiguo tecito) y varios pisco sour de regalo. Mi hijo se hizo adicto al salmón, que lo preparan en diversas formas y en “El Roco II”, donde almorcé, lo sirvieron a la plancha y era un manjarcillo de categoría internacional.
Chispeado con el mosto albo me compré el respectivo chaleco de lana chilota y decidí prepararle machas a la parmesana y ceviche a mis anfitriones. Adquirí cien machas gigantes y una merluza austral bien pelada y seguí bebiendo en forma abundante y cariñosa esa refrescante sidra de manzana.
Uno de los lugares más espectaculares que visité, además del Parque Nacional Alerce Andino, fue el nuevo teatro que se está construyendo en Frutillar y que está inserto dentro del lago. La obra, de una hermosura arquitectónica sin palabras, logra transportar a paisajes europeos a sus habitantes y turistas. Me imagino tomando una fría botella de colemono y escuchando la obra Jupiter, mientras del volcán LLanquihué se asoma una gigantesca luna.
A veces sacamos pecho por las bellezas de Valparaíso, sin embargo Chile tiene paisajes maravillosos y licores fantásticos que se amalgaman para crear gente maravillosa, como esa cariñosa familia puertomontina que nos abrió su casa y su corazón.


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Revisitando el Bric a Brac o en busca del Alerce milenario

Por Ajenjo

Acabo de llegar hace tres horas a la ciudad de Puerto Montt, desde donde saldré en busca de un alerce que tiene dos mil años de antiguedad. Me acompaña mi bella novia y mi hijo, quien se compró una reproducción plástica de una tremenda caca de perro y se entretiene instalándola en la vereda, mientras la gente mira “el lulo” con cara de asco. Su rostro lleno de carcajadas es algo impagable.
No tengo muchas cosas para relatar todavía de este viaje, por esta razón les contaré una visita que realice a Maitencillo, donde nuevamente pude comprobar que el restaurante Bric a Brac es lo gastronómicamente más poderoso que tenemos en esta parte del litoral costero.
Mi hermano, que vive en Brasil, está de visita y armamos un viaje a la playa de Cau Cau para pasar un sábado relajado y feliz. Tuvimos que llegar hasta Puchuncaví para sacar plata de un cajero automático y fue ahí donde se me iluminó la ampolleta y me dije: “ya que estamos tan cerca de Maitencillo, vamos a comer al Bric a Brac”. Llegamos como a las 13 horas y nos instalamos en la misma mesa de la vez anterior, cerca de la terraza. Pedimos empanadas (que no están en la carta) de macha queso, machas a la parmesasa y dos sopasBullavesa, divididas en tres platos.
Uno de los mozos, que nos había atendido la vez anterior, me miró por algunos segundos y se acercó tímidamente. Con voz de duda me dijo: “usted vino en el invierno y escribió en el diario sobre el restaurante”. Le dije que tenía una memoria privilegiada y que estaba en la razón. El garzón, ya muy emocionado, fue a buscar al dueño del restaurante, quien llegó con una amabilidad extrema y nos conversó sobre su proyecto culinario y el nombre Bric a Brac.
Después a la mesa llegaron el doble de las machas a la parmesana, las sopas estaban increíbles y de regalo nos dieron unos postres de berrys con helado y unos conitos de masa que nos dejaron, para variar, tocando batería y con una sonrisa de felicidad que no te la podían sacar ni a palos.
Y ahora a buscar el alerce milenario…
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Me saco el sombrero por Cristóbal Gaete Araya

Por Ajenjo

Una vez andaba buscando azufre. Mi intención no era realizar un rito satánico, por el contrario, quería espantar a más de diez gatos que orinaban y defecaban en mi patio de la antigua casa de Yerbas Buenas. Alguien me dijo que el azufre servía y partí al Mercado Cardonal a buscar el amarillento polvo.
Mientras curioseaba por los puestos sentí que alguien me llamaba desde una caseta de madera. Era el escritor y periodista Cristóbal Gaete que estaba trabajando atendiendo el negocio de su padre. Conversamos unos segundos sobre el azufre y los gatos porteños y seguí mi camino.
Ahora tengo en mis manos el libro “Mercado Cardonal”, una belleza de texto, que relata la historia de muchos personajes que rodean este mítico edificio porteño. Cristóbal debe haber pasado horas escuchando y mirando, con su peculiar lentitud reflexiva, la vida de este mercado y finalmente ejecutó un valioso testimonio de rescate humano.
Recuerdo que cuando estudié filosofía y derecho en la Católica de Valparaíso, me paseaba por el mercado Cardonal y encontraba rarísimo que al lado de donde se formaban los futuros profesionales chilenos, se tranzaran lechugas, tomates, quesos y huevos, de una forma caótica y desordenada.
El Cardonal es una de las puertas de entrada para el visitante que llega desde Viña del Mar, esa suciedad vegetal que cubre el pavimento es una de las esencias de este puerto maldito.
Ahora supe que Cristóbal Gaete y sus compinches (agrupados en Ediciones Perro de Puerto) estarán en los Carnavales Culturales armando libros y resistiendo al sistema.
Destapo una botella de vino virtual y la descorcho en nombre de Cristóbal Gaete Araya, quien en estos tiempos de internet, televisión, consumismo extremo y egoísmo humano, todavía es capaz de escribir sobre estos mutantes seres de Valparaíso, que son parte del ahora llamado “patrimonio humano”, pero que simplemente son seres que aman y sufren alrededor de este ensamblado recinto comercial porteño.


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1.21.2010

No todo lo que brilla es oro en el Cerro Alegre


Por Ajenjo

No hay duda que el centro gastronómico más poderoso que funciona actualmente en Valparaíso es el Cerro Alegre, lleno de restaurantes que ofrecen carísimos platos y vinos de hasta ¡120 mil pesos la botella! y más.
Uno podría pensar que "todo lo que brilla es oro" en este turístico cerro, sin embargo la situación no es tan clara y hay experiencias culinarias que tienen que mejorar notablemente.
Después de Año Nuevo se me ocurrió salir a comer algo suave en alguno de estos lugares de la subida Almirante Montt y entre a uno denominado "Jaiva y Cordero".
El nombre ya me parecía atractivo, sin embargo la buena onda se me fue esfumando poco a poco.
Había una oferta de cortes de sushi, por lo tanto aproveché el "happy hour" y me pedí un pisco sour, mientras mi novia bebía sólo una coca cola light producto del firme entrenamiento a que está sometida antes del matrimonio.
Nos entregaron una carta donde estaban todos los platos y copas que se ofrecían en el restaurante. Era de papel rojizo y estaba llena de manchas de aceite.
Mientras trataba de leer los platos, que eran bastante caros, llegó el pisco sour que no estaba mal, sin embargo me lo tomé todo y pasaron muchos minutos antes que el sushi llegara a la mesa. Aburrido le pedí un poco más de pan al joven mesero, quien me señalaba que pronto saldría el arroz con el pescadito.
El sushi estaba reguleque y pensé que era un error andar pidiendo pescado en estas fechas.
Me fui bastante decepcionado y pensé nuevamente en la frase del crítico gastronómico Cesar Fredes, quien me señaló que el futuro de Valparaíso estaba en sus mercados y en el pescado frito con ensalada chilena. Personalmente también apuesto a lo mismo, ya que no hay bolsillo que aguante esos precios y más aún si el servicio y el consumo es un poco mejor que mediocre.

ajenjoverde@hotmail.com

1.12.2010

Carreteando en el Año Nuevo con mi hermano "el diputado"

Por Ajenjo


Escríbete este carrete de Año Nuevo en tu columna", me dice mi hermano mayor, mientras explotan los fuegos artificiales que observamos desde el altillo de mi casa en el cerro Alegre.
Mi hermano es diputado y siempre me anda reclamando que nunca aparece en esta columna; la verdad es que no es un personaje muy carretero y las veces que hemos ido a comer a restaurantes o salir a echar la talla por ahí son contadas con los dedos.
Hace muchos años que no pasaba un Año Nuevo con mi hermano y su simpática familia. Para partir, el 31 de diciembre nos fuimos a almorzar al restaurante Caruso, donde comimos caluguitas de pescado con vinito tinto.
Yo salí medio chispeado y caminando por la calle San Enrique nos encontramos con el dueño del "Vinilo", que a las 16.00 horas sacó una botella de champaña con copas y todo a la calle para celebrar la ocasión.
Yo me la tomé casi toda y tuve que dormir una siesta para enfrentar la última noche del año.
En el paseo Yugoslavo estaba, como todos los años, la masa de locos carreteando de lo lindo.
Los hijos de mi hermano trajeron el famoso cotillón y a las diez de la noche salimos todos disfrazados con máscaras. Mi hermano se puso una máscara de titanes del ring y la gente lo saludaba sin saber quién era.
A las 12 ya estábamos en la casa tomándonos unos vinos "apalta" que el diputado había traído y aseguraba que pasaban "como agüita de la llave".
"Pasa para acá mejor", le dije, y me serví una gran copa, mientras los fuegos artificiales resonaban de lo lindo, marcando un nuevo año en mi Valparaíso querido.
¡Qué nos vaya bien a todos!


12.29.2009

Recuento patachero y bebedor del 2009



Por Ajenjo


Es la hora de las conclusiones, de los recuentos y de los recuerdos, por lo tanto, me dedicaré a recorrer parte de los que comimos y chupamos en el ya casi extinto 2009.
Primero hay que mencionar al Club Cigale (Blanco 38), ese nuevo centro de carrete porteño donde se me "apagó la tele" mientras desfilaban hermosas modelos vestidas de vírgenes. Lejos el mejor local para bailar, tomarse unos tragos y no estar chocando con universitarios sedientos de tres cervezas de litro por mil pesos.
Para comer rico, la lista de lugares descubiertos es más larga. Para los de billete largo el restaurante Montealegre (Higueras 133) y el Pasta e Vino (Templeman 352), del cerro Alegre, son excelentes, pero su ambiente tan acuicado nos aleja un poco.
En el cerro Florida apareció el Oda al Pacífico (Cóndor 35), donde todo es de categoría, pero hay que estar atento a que los mozos no elijan los platos que uno va a consumir.
Dos grandes descubrimientos nos alteraron el cerebro este año, y que tienen relación con el chancho. El primero fue el costillar ahumado de la carnicería Sethmatcher (Bustamante 118). Un lujo para paladares avanzados. A esto hay que sumarle el pernil del Hamburgo (O’Higgins 1274), que se corta con el tenedor.
En restaurantes fuera de la ciudad, catalogo como lo mejor en mariscos y pescados al Bric a Brac (Isidro Gaete 25) de Maitencillo, donde se respira Francia en cada plato.
El mejor pisco sour es el del Poblenou (Urriola 476). Dos te mandan directo al ciberespacio en forma inmediata y deliciosa.
Pero el restaurante que supera a todos y que es la nueva estrella que brilla en el cielo porteño es el Caruso (Cumming 201), de Tomás Olivera.
Las mejores calugas de pescado, empanadas de cordero, cazuela de cerdo con chuchoca y una leche asada donde a uno le corren las lágrimas, son parte del festín que uno se puede mandar. La relación precio, calidad y cantidad es para sacarse el sombrero y todo preparado por la estricta mirada del mejor chef chileno, el guaripola de los cocineros nacionales.
Ahora viene Año Nuevo: ¡cómo quedarán esos hígados!


12.28.2009

La plaza Ánibal Pinto es el manicomio de los perros


Por Ajenjo


Los que caminamos por Valparaíso nocturno en busca de algún trago que nos calme esta horrible ansiedad de fin de año, podemos ver un espectáculo rarísimo: decenas de perros persiguiendo las ruedas de los autos en la Plaza Aníbal Pinto.
¿Por qué hacen estos los perros? Bebiendo una jarra de dorada cerveza Stella Artois, converso con gente y trato de resolver esta duda, que realmente me está atormentando la mente.
“Mira, un veterinario me dijo que los perros que trataban de morder las ruedas de los autos se han vuelto locos”, me asegura un experto.
La idea me gustó y me imaginé que la Plaza Aníbal Pinto era un manicomio de perros, y que todos los canes callejeros que les falta un tornillo se instalan en esa zona a esperar su demente muerte.
Entre esos locos perros hay uno al que le puse “El vampiro”, ya que se le salen los dientes por los labios, adquiriendo una apariencia bastante freak.
En la década del ‘80, en la plaza de Quillota, estaba el “perro burro”, que había sido atropellado y la rueda le
había pasado exactamente “ahí”, produciéndole una gran deformación.
Entre otras teorías sobre la obsesión de los perros con las ruedas está que los quiltros piensan que los automóviles son gigantescas bestias que en sus patas (ruedas) traen el orín de muchos perros.
Eso los hace asumir su territorialidad y tratar de expulsara estos monstruos con olores extranjeros.
Realmente no se qué pasa, pero vi a dos gringos con una botella de vino blanco en un cartucho de pan, observando durante horas a los perros y me di cuenta de que ya son parte del paisaje
y la fauna porteña.
Ojalá que el manicomio continúe.





ajenjoverde@hotmail.com

“La Mangiata" versus Pasta e Vino o David contra Goliat




Por Ajenjo




Muchos seguramente dirán que comparar el restaurante “La Mangiata” con el “Pasta e Vino” de Valparaíso es una soberana estupidez, ya que son como David y Goliat en casi todos los aspectos que se analicen, sin embargo les recuerdo que el chico y hábil David terminó derrotando al gigantón.


Celebré el cumpleaños de mi hijo en “La Mangiata”, junto a tres compañeros de escuela. Se comieron sus pizzas, ensuciaron el mantel cuadriculado y apagaron la vela de un pastel que cariñosamente uno de los dueños de la pequeña trattoria nos regaló. Después llegó el otro dueño y como es la tradición, con calculadora en mano, nos dio la cuenta de una velada llena de cariño, amor y platos de pasta como hechos en casa.


Tuve una invitación para ir a comer al famoso “Pasta e Vino”, junto a un grupo de simpáticos leguleyos. Me tomé dos pisco sour y probé unos vinos con un ensamblaje de ¡4cepas! Uno de los abogados pidió un plato que llevaba caviar. Todo era de categoría y alta calidad, sin embargo no me sentía como en Valparaíso. Perfectamente podía estar en Borderío o en el nuevo patio de restaurantes en la capitalina Bellavista. Algo faltaba y es precisamente lo que le sobra a “La Mangiata”.


No puedo decir nada en contra de la comida y los mostos del “Pasta e Vino”, pero tengo que asumir que estoy en Valparaíso, donde la basura reina en las calles, las paredes están llenas de rayados y la mitad de las cosas no funcionan.


Comer en “La Mangiata” no es degustar las mejores pastas del mundo, pero se nota cariño verdadero en cada humilde plato. Por si las moscas, está en Rodríguez 538 y pídanse los ñoquis.




12.13.2009

Adiós Yerbas Buenas, de vuelta al Cerro Alegre


Por Ajenjo


Esta es la mudanza número quince en mi vida y estoy chato de andar cargando mis libros y cuadros como un gitano de casa en casa; sin embargo, así es la vida y "solito se metió, solito salió".
Después de habitar casi tres años en un pasaje de la calle Yerbas Buenas, un vecino, con quien logré hacer buenas migas durante ese tiempo, me invitó a su casa para despedirme junto a mi novia. Le llevé de regalo un pisco "Alto del Crimen" y me encontré con una bonita recepción, con canapés de camarón, jamón-queso, pizzas y unos mostos de gran poder. Yo pensé que la recepción era para mi humilde persona, que abandonaba el pasaje, ya que también había otros vecinos; sin embargo, era el cumpleaños del dueño de casa, quien había aprovechado los festejos para invitarnos y despedirnos a nosotros.
Sin conocerme mucho, el anfitrión me puso una botella de litro de ron Havana en la mesa, lo que me transformó en un loro de siete lenguas y comencé a dar mi peculiar visión de todos los habitantes del pasaje. Todos se reían mientras hablaba. En algunas ocasiones escuchaba ooooooooo (de asombro) y en otras el cariñoso codazo de mi novia me alertaba que las
estaba embarrando.
Mi vecino se convirtió en mi amigo ya que, en algunas ocasiones, me llevaba en su furgoneta blanca desde la casa al trabajo. Su vehículo, a los que se les llama cariñosamente "pan de molde", tenía un sillón de living instalado en su parte trasera. De esta manera, muy cómodo y relajado, viajaba por la calle Yerbas Buenas hasta Esmeralda, conversando con mi vecino amigo de lo humano y de lo divino. Su esposa es encantadora y representan para mí el espíritu de la familia porteña, con un gran corazón lleno de amistad y buena onda.
Ahora vuelvo a mi cerro Alegre, donde viví diez años llenos de intensa aventura. Este fin de semana cargaré un nuevo camión con muebles y electrodomésticos y dejaré una casa y una familia vecina que me acogió siempre con cariño y amistad.
Hasta luego Yerbas Buenas y que se preparen en el Alegre...


12.11.2009

La mejor terraza de Valparaíso es de color verdoso


Por Ajenjo


He sido y siempre seré “guata amarilla” y aunque ame esta ciudad y viva hace 13 años en sus cerros, no podré cambiar al Everton por el Wanderers.
A pesar de mi corazón ruletero, me fui a meter a la terraza que instaló el local “La Vida en Verde” en plena Plaza Aníbal Pinto, epicentro carretero del sector.
La sorpresa que me llevé fue tremenda. Primero por el rico shop Torobayo que me llegó en un vaso helado (¡pucha que se agradece ese detalle cuando hay calor!) y por el grato ambiente de terraza.
Siempre he postulado que Valparaíso es una ciudad para bares en terrazas. Todo se presta para bajarse unos buenos pisco sour a la vena sintiendo el airecito primaveral.
¡Cerraría toda la calle O’Higgins (al lado de la Intendencia) a los malditos automóviles y la llenaría de sillas y mesas multicolores llenas de jarras con frutilla y buen vino!
Volviendo a la terraza de “La Vida en Verde”, me tomo mi shop heladito mirando fotos de mis “enemigos futboleros”, pero todo está tan bonito, que tampoco me molesta tanto.
Por el efecto cerveza voy al baño y me encuentro con otra sorpresa: su limpieza extrema. ¡Pucha qué agrado y qué ejemplo para los bares porteños!
Salgo contento y decido ir en la semana al “Poblenou”, un ya tradicional local de la subida Urriola, donde aprovecho unas buenas ofertas que me llegaron por correo electrónico.
Comemos un sushi, tomamos un pisco sour (de categoría cinco estrellas) y nos bebemos otros tragos.
Nos sentamos en una especie de living y con el grupo de amigos, batimos la lengua en medio de la filosofía barata y alcoholizada.
La atención era medio lenta, pero tampoco tanto, y aprovechamos una rebaja de un 30 por ciento en un vino blanco de la Viña Casablanca llamada Cefiro, que era para rechupetearselo de lo rico. ¡Pasaba como agüita de la llave!
Lástima que el_“Poblenou” no tenga terraza y que su vista panorámica sea una muralla pintada con un mural.
Tampoco hay que ponerse tan exigente, si al final estamos en Valparaíso...


ajenjoverde@hotmail.com

11.26.2009

Escuchando a Chinoy en el Danubio

Por Ajenjo


El periodista René Chevasco, alias El Chivi, quien es melómano y amigo personal, escribió que el último disco del cantante porteño Chinoy, "Que salgan los dragones" es "puro placer melódico" y que "a quien no le sale una lágrima con la canción Klara, tiene el corazón muerto".
He escuchado mucho hablar de Chinoy, sin embargo, jamás había asistido a un recital y tuve esta semana la buena ocurrencia de aparecerme en el completero local Danubio, donde el trovador se lanzó unos temas.
Antes me empipé unos rones en mi bar de siempre y con un suave daño cerebral avancé por la calle Esmeralda junto a mi novia y mi brother.
El Danubio estaba repleto y no cabían ni las moscas. Llegué a la barra donde el dueño me saludó y le pedí un ron con cocacolita para seguir cantando la misma música.
A las 10.30 llegó Chinoy con su guitarra en la mano, atravesó el local, preparó el sonido -que se cayó varias veces- y cuando estuvo todo listo se largó a cantar.
Sentado en el suelo seguía pidiendo vasos de ron, mientras el cantante hipnotizaba al público con una canción que como coro nombraba la palabra pan varias veces.
A veces el sonido guateaba y Chinoy se quedaba cantando en voz baja, mientras la gente coreaba de memoria sus temas.
Pensé en Calamaro y en Silvio Rodríguez, pensé en cuando escribía poesía y creía que podía cambiar el mundo con cuatro palabras, pensé en la mujer que amo y en los miedos que tengo, pensé en mi hijo corriendo por un cerro y pensé que necesitaba más ron en mis venas.
Al final salí a la extraña lluvia de noviembre, convertido en otro de los cientos fans de Chinoy.


11.18.2009

¿Dónde está el mejor pernil de Valparaíso?

Por Ajenjo

Debido a unos problemas de acoso de un borrachín, en mi clásico bar de siempre, tuve que salir a buscar un lugar donde poder conversar tranquilamente con mi brother oftalmólogo. Sólo una vez había entrado al restaurante Hamburgo y recuerdo haber comido unas gordas con chucrut o algo muy similar.
Nunca me he sentido muy cómodo en ese lugar, lleno de objetos navales y militares; sin embargo, esa noche fue diferente, gracias al tremendo pernil que llegó acompañado de papas con una rica salsa de tocino.
La simpática garzona nos ofreció pernil asado en horno de barro, pero optamos por el tradicional cocido en agua, con esa gruesa y lechosa piel.
Para beber nos pedimos dos cervezas rubias en jarro de loza, con una espuma de excelente textura, que ayudo a bajar el exquisito plato
Según mi socio, los perniles que se sirven en ese lugar provienen de la famosa carnicería Sethmacher, ubicada en el corazón del Barrio Puerto, pero este dato puede no ajustarse a la realidad.
Lo importante es que puedo asegurar que en el Hamburgo venden el mejor pernil preparado, donde su carne se corta con el tenedor y tiene un color rojizo espectacular.
Además, si visita este local, tendrá muchas posibilidades de observar a un grupo de famosos políticos locales, quienes reservan una mesa redonda, ubicada estratégicamente en una de las esquinas del restaurante y donde se toman las decisiones más importantes a nivel regional al ritmo de los crudos y el chucrut.


11.05.2009

¿Quién se acuerda de Cuatro Remos?


Por Ajenjo


Estoy en Santiago, en la casa de mi nuevo suegro, quien prepara un asado de esos con los que uno termina "peinado para atrás", "tocando batería" y "con el ombligo parado".
Mientras el enorme pedazo de carne se asaba en la parrilla a gas, el hermano del dueño de casa me preguntó por Valparaíso y, como casi todas las personas que hablan sobre esta ciudad, se refirió a la enorme cantidad de perros vagos que habitan junto a los porteños.
Actualmente trabajo en un proyecto literario sobre este tema, sin embargo, me "golpeó" (como se dice periodísticamente) cuando me habló sobre una novela llamada "Cuatro Remos".
Entre cerveza y cerveza y vinito y vinito, me fue contando que cuando era niño su padre tenía en la biblioteca un libro con ese nombre "y el protagonista es un perro de Valparaíso al que le pasan muchas aventuras".
El hermano de mi suegro me seguía relatando, apasionadamente, que "el libro tenía cuatro tomos y era muy bueno. Ojalá lo puedas conseguir".
Durante la conversación de sobremesa, el libro "Cuatro Remos" volvió a salir a la palestra y el nombre me quedó dando vueltas, al igual que el rico Merlot que bajaba de las copas suavemente.
Al volver a Valparaíso metí en el Google el nombre de Cuatro Remos y luego de cliquear un rato me encontré con que el sitio www.memoriachilena.cl tenía una copia del primer tomo facsimilar de 1921.
Descargué el archivo, que se demoró en bajar más que lo que uno se demora en terminar una copa de buen mosto, y apareció el libro con su tapa café incluida.
Es sólo el primer tomo, pero permite claramente tener una idea de la importancia de los perros en esta ciudad y de cómo "Cuatro Remos" es nuestro "Colmillo Blanco" y el escritor Daniel Barros Grez, el Jack London porteño.
Recomiendo, a ojos cerrados, descargar el libro gratuitamente, comprarse un buen vinito y disfrutar, en estas soleadas tardes primaverales, de las aventuras de "Cuatro Remos", en Valparaíso.


10.29.2009

Cuando llegan los hombres de blanco


Por Ajenjo


Podría contarles el excelente asado que tuve en el Jardín Botánico, donde escuché a la bella Pascuala Ilabaca interpretando canciones de la India que nuevamente me llevaron a las calles de Calcuta y Varanasi.
También podría comentarles las excelentes empanadas de cordero que cené en el Caruso; sin embargo me encontré en las calles de Viña del Mar con un brother fotógrafo que me contó la siguiente historia.
El 18 de septiembre, y motivado por algunos líos sentimentales, decidió comprarse cuatro botellas del licor Araucano y un pack de cervezas y se las tomó durante varios días en su pieza.
Por los grados de intoxicación no pudo ir a trabajar y siguió tomando licor para sentirse mejor.
Un día despertó como "escuchando una radio mal sintonizada", pero no entendía de donde provenía el ruido. Preocupado fue a ver a su polola, quien finalmente se lo llevó a un siquiatra.
El médico le dijo que estaba con alucinaciones alcohólicas y que tenía que tratarse. Le obligó a sacar todo el trago que tenía en su bolso, que era medio Araucano y una lata de cerveza, y le dijo que se las bebiera y que serían "los últimos tragos de su vida".
Después lo inyectó y le dio unas pastillas y ahí comenzó a nublarse totalmente la vida de mi amigo.
Despertó en un asilo de ancianos y después fue trasladado a una clínica de rehabilitación en Santiago.
En ese lugar vivió la parte más oscura y dura. Dos hombres de blanco se acercaron para llevarlo a un recinto y hacerse exámenes físicos. Mi amigo se asustó y le tiró un par de aletazos. Le pusieron la camisa de fuerza y despertó amarrado de la cabeza, de las manos y los pies.
Le pidió a una enfermera que lo desamarrara y esta le dijo que sólo "si se comprometía a portarse bien".
Después volvió a la clínica de rehabilitación, donde conoció a jovencitas de 16 años adictas a la cocaína y dueños de fundos sureños que eran jubilados del alcoholismo extremo.
Ahí comenzó sus trabajos de terapia y volvió a Viña del Mar.
Cuando me relataba la historia se subió la polera. Dos moretones en cada costado del estómago eran señales claras de las inyecciones que le habían colocado. Además me mostró unos envases con un remedio llamado Antabus y otro con pastillas para los nervios.
Me contó que no podía comer ciertas mayonesas, ni vinagre, ni siquiera colocarse colonias, ya que todo lo que contenga alcohol puede ocasionarle casi un ataque de epilepsia.
Me despedí dándole unos consejos de amigo, mientras pensaba en lo serio de la enfermedad del alcoholismo y las graves consecuencias que causa en algunos seres humanos.
Ojalá te mejores amigo querido.
Ojalá.


ajenjoverde@hotmail.com

10.19.2009

120 machas a la parmesana y el gran triunfo de Chile


Por Ajenjo


Cuatro bandejas de machas a la parmesana, con diversos y peculiares estilos, eran parte del menú que mi brother fotógrafo nos tenía preparado para observar el partido entre la Selección Chilena de Fútbol y Colombia, que terminó con la clasificación definitiva al Mundial de Sudáfrica 2010.
Yo le lleve de regalo una botella de vodka Stolichnaya y un buen vinito tinto, que se unió al "stock" que teníamos preparado para ver el ansiado encuentro.
Partimos almorzando un ceviche de salmón y después nos lanzamos hacia las bandejas de las machas, que las bajamos con pisco sour y varios botellines de vino blanco, que calentaron el ambiente antes de que empezara la goleada chilena.
Para amenizar el partido nos preparamos unos vasos de licor ruso con juguito de naranja y cuando el árbitro tocó el pito inicial del encuentro ya estábamos todos como el ex presidente de ArgentinaNéstor Kirchner. "con un ojo para arriba y otro para abajo".
El autogol nos produjo unos minutos de profunda depresión, donde los garabatos más profundos salieron en dirección a la pantalla de televisión.
Luego de unos momentos comenzó la máquina chilena a meter goles y cada entrada del balón al arco cafetero era celebrado con un nuevo vaso de vodka naranja.
Yo, insuflado de espíritu nacionalista, abría la ventana de la casa y me lanzaba tremendos gritos de gol. Al dueño de casa le bajaba la sobriedad y me decía que me quedara tranquilo "ya que este es un barrio residencial".
Al final nos abrazamos todos y a mi se me ocurrió tirar la idea de ir a la Plaza victoria a festejar con los flaites, sin embargo mi idea recibió una gran negativa ya que todos sabemos que esas celebraciones terminan con más de un asalto y una cabeza rota a botellazos.
Para recuperar la calma mental y corporal me fui al otro día a Reñaca, donde un tremendo día de sol primaveral acariciaba las neuronas de todos los chilenos que habían celebrado el triunfo.
Los sinvergüenzas de un local, ubicado en el quinto sector de la playa, andan vendiendo botellines minúsculos de cerveza a dos mil pesos y muchos se las tomaban como "agüita de la llave" para calmar la sed de la resaca.
¿Se imaginan si Chile ganará el Mundial?
Pienso que la gente tomaría por asalto las botillerías y la locura invadiría definitivamente las ciudades.
Soñar es gratis.

Las cicatrices son el mapa del alma


Por Ajenjo



Luego de arrendar la excelente película “Cuatro vidas y un destino” en el Blockbuster, quedé pelando cables con diversas frases que se lanzan en la cinta del director Jieho Lee y que me sirvieron para reflexionar en torno a varios ron con cocacolita.
Levanto mi vaso en el bar Moneda de Oro cuando veo llegar a un antiguo amigo al que le decíamos Lucifer, por su extravagante comportamiento.

Él es un periodista de la vieja guardia que, cuando se emborrachaba, hace ya varios años, se paraba arriba de las mesas y se bajaba los pantalones, exhibiendo una cicatriz gruesa que le atravesaba toda la pierna derecha.
Era un verdadero gusano colorado, que provocaba caras de asombro entre los bebidos presentes que tenían que soportar sus brotes de exhibicionismo freak.

Al loquito le habían pegado en Villa Alemana en un extraño episodio de “violencia espontánea callejera” y tuvieron que insertarle unos pernos de titanio para que caminara semi normalmente.

Yo tengo una cicatriz que me atraviesa la frente y que me la gané en Chorrillos, a los 15 años de edad, luego de volar en una bicicleta y caer exactamente en una división de murallas, que se transformó en un cuchillo de cemento.

El golpe fue tremendo y al levantarme el grupo de compipas me miraba aterrado y sentí un líquido helado que atravesaba mi frente. Era sangre que brotaba desde una gran boca abierta, que fue cerrada en la Posta del Gustavo Fricke con 15 puntos.

Tengo varias cicatrices en el estómago por operaciones de hernia y una en la espalda por un quiste sebáceo muy mal sacado.

Antiguamente las cicatrices de cesárea en las mujeres eran bastante llamativas y los primeros bikinis dejaron entrever esas marcas por donde salieron muchos seres humanos.
Los viejos curaditos que rodean la Plaza Echaurren están llenos de cicatrices, seguramente porque al caerse de la borrachera se golpean en el rostro y quedan bastante deformados.A eso se suma que no van a los hospitales a curarse y las marcas se agudizan por el alcohol extremo.

Hay mujeres a las que les gustan las cicatrices en los hombres, ya que los hace ver diferentes y “más duros”.

¿Serán las cicatrices el mapa del alma?

Sinceramente tengo mis serias dudas, pero que serán resueltas tomando otro roncito con cocacolita en el Moneda de Oro.


10.08.2009

El Bric a Brac de Maitencillo


Por Ajenjo

Encontrar nuevos y buenos restaurantes en la región es una situación bastante difícil, ya que no todos los días se abre algún local para beber y tomar; por lo tanto, el secreto que tengo que revelarles es bastante poderoso.
Andaba en Maitencillo pasando algunos días de descanso post 18 de septiembre, para que la química cerebral y corporal se nivelaran y el estanque neuronal volviera a la normalidad.
Me pegué un par de buenas caminatas por la costa sur de Maitencillo, encontrando pequeñas playas solitarias, donde la marea baja actúa como el guardián protector y sólo se pueden pisar cuando el mar abre su cerradura. A pesar de que la carnívora industria de edificios y condominios ya tiene en su ojo de concreto a este sector, todavía se respiran aires de libertad y naturaleza.
También anduve en Cau-Cau, en la mítica localidad de Horcón, a la que catalogo como la mejor playa de Chile y que cada vez su bajada es más peligrosa y sólo permite el paso de gente joven (lo que es bueno y malo a la vez).
En la noche, junto a mi bella novia y mi hijo, decidimos salir en busca de algunas empanadas nocturnas.
Luego de vagar por varios restaurantes cerrados, donde sólo penaban las ánimas del verano pasado, encontramos un local llamado “Bric a Brac”, que se anunciaba con un anaranjado letrero y una pizarra en la vereda.
Es una casa de dos pisos, donde una familia instaló este gran local gastronómico que tiene las mejores empanadas que he comido en los últimos años.
Me pedí de macha queso y ostión queso, encontrándome con una masa delgada, con cero gota de aceite, un cremoso queso en su interior y una dosis de frescos ingredientes. ¡Una delicia!
Al otro día decidimos volver, ya que deseaba probar algunos platos de una sorpresiva carta que tenía sopa de camarones a la naranja, avestruz y hasta jabalí.
Decidí zamparme una sopa llamada Bullavesa y que el dueño, que metía leños a la salamandra del restaurante, me contó que es un caldo que se prepara con los elementos frescos que encuentran los pescadores en sus jornadas.
Estaba exquisita y el toque de tomates deshidratados fue genial, en una sopa llena de maravillosos mariscos y pescados.
Busco información en internet sobre el local y me encuentro que en las paredes del “Bric a Brac” hay máscaras fabricadas por pacientes de un siquiátrico.
Yo fui feliz. Una atención familiar (incluso mi hijo jugo dominó con la hija del dueño... creo), unos vinos buenos (algo caros) y una comida que la recomiendo a ojos cerrados.
Voy a volver y quiero probar cada plato de ese lugar y después hacer máscaras, para que las peguen en las paredes...

ajenjoverde@hotmail.com

10.06.2009

Entre cuicos, travestis y amigos


Por Ajenjo

Con esas tres palabras, podría definir un poco lo que fue la juguera de las Fiestas Patrias de este año, donde pasé por diversas actividades dieciocheras que dejaron su dañino rastro en mi estómago y cerebro.
Todo comenzó el 17 de septiembre en la noche, cuando, en un arranque de cuiquería, me fui a meter a “La Barquera”, en el Casino de Viña, un bar restaurant de los más finoli, donde me comí unos ricos mariscos y me tomé un wiskacho con amaretto,mientras a mi novia le venía una tremenda baja de presión que casi termina con los enfermeros en el local. Después recorrí un poco las renovadas salas de juegos y quedé impactado con un tragamonedas gigante temático de “La guerra de las galaxias”. Es un armatoste lleno de luces y colores con una pantalla gigante que emite todas las películas de esa maravillosa saga.
Es como un gran sueño lúdico, donde las imágenes de Arturito, Han Solo o Darth Vader giran caóticamente en busca del gran premio mayor.
El 18, junto a mi cuasi desmayada novia, hicimos un asado personal y nos comimos un trozo de lomo a lo pobre. Nos zampamos una botellita de vino y nos largamos a las ramadas del Alejo Barrios.Ahí, después de jugar a la pesca milagrosa, los tarros, el bingo y los dardos, nos metimos a la ramada de la Zuliana, llamada “Pelotón”, donde me reí hasta las lágrimas con las groseras tallas y los bailes de estos transformistas. La Zuliana me contó que su ramada fue rodeada de policías de fuerzas especiales, quienes, junto a un funcionario de TVN, le venían a pedir explicaciones por utilizar el nombre del famoso reality televisivo sin autorización.
Por suerte la dirigente travesti había cambiado pillamente el nombre y salvó la situación,“ sin embargo creo que me dieron un trato indigno, como de hombre”, remató
entre risas.
Bastante chispeado me fui a la ramada de los guachacas, en la ex Cárcel, donde terminé dando mucho jugo y bailando cueca, twist y rock and roll como un trompo borrachín.
Hacía tiempo que no me pegaba tanto baile y a las dos de la mañana ya me percaté de que la tele neuronal comenzaba a chisporrotear, por lo tanto la cama fue bienvenida. El 19 me fui a celebrar el cumpleaños de mi brother el oftalmólogo, a la hermosa localidad de San Pedro, cerca de Quillota, donde me encontré con amigos que no veía
hace muchos años y seguimos poniéndole entre pera y bigote, además de comer ricos asados y lomitos con palta.
Ahora, que todo vuelve a la calma como una ola de locura que se repliega hacia el mar, sólo queda pensar en que habrá que comer lechuguita por varios días y desintoxicarse de tanta empanada llena de amistad y buena onda.


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