7.14.2009

¿Quién alguna vez tomó Ron Silver?


Por Ajenjo


Cuando era un joven estudiante universitario, hace 20 años aproximadamente, tenía un compañero que estaba obsesionado con un ron de marca Silver.
El brebaje, que valía como 400 pesos, tenía un pirata en su etiqueta y según mi amigo, después de dos o tres tragos, podías conversar seriamente con el hombre del parche en el ojo y mano de garfio.
Estos recuerdos me invaden luego que observara el programa de televisión "Informe Especial" que estuvo dedicado a los tragos que beben los jóvenes y que son muy tóxicos.
Tengo imágenes bastantes distorsionadas de estudiantes en la playa de Caleta Abarca rellenando una botella de ron Silver con jugo en polvo para que "pasara más suave por el gaznate".
Creo que cuando uno es joven (y con pocas monedas en el bolsillo) puede darse estas licencias alcohólicas. El hígado recién está comenzando su aventura en la vida y puede recibir cualquier veneno que se lance para adentro.
Recuerdo un verano en Maitencillo, junto a un actual arquitecto del municipio viñamarino, con quien bebíamos un ron llamado "Siberia" y que nos costaba 500 pesos la botella.
Sentados entre las rocas y filosofando de lo lindo terminábamos bailando en la Disco Pool con santiaguinas que se enamoraban de nuestra extrema distorsión.
También estaban los licores Caribean, que se fabrican en una ciudad al interior de la región, y que dejaban a muchos estudiantes completamente nockout.
Las cervezas mañaneras eran bastante frecuentes y había un grupo que siempre estaba buscando las de marca Escudo que tuvieran 5.5 grados de alcohol, ya que existían otras que tenían algunas décimas menos y no eran "tan poderosas".
Cuando estudié filosofía tenía un compañero, amante de Nietzsche, que nos invitaba a su casa y sacaba una botella de gin marca Booths, de litro, y la metía a la juguera junto a un tarro de piña. Después aseguraba que era el mejor licor del mundo.
Varias veces me comí el gusano que traían las botellas de mezcal, sin embargo ahora me ponen algún trago con olor a tequila y me voy directamente a la cama, pálido y con dolor de estómago.
Hay que educar a los jóvenes en el arte del beber. Por suerte yo tuve un profesor jefe en el colegio, de sobrenombre Tomacho, que junto a un selecto grupo de amigos, tuvo la delicadeza de enseñarnos a destapar buenos mostos desde chicos.
Tener cultura alcohólica es importante y no sólo sirve para distinguir entre un Carmenere o un Merlot, sino que sirva para beber bien y de manera moderada (¡sí, claro) y poder extender la vida y seguir conviviendo con los amigos y arreglando el mundo en torno a un buen vaso de vino o ron.


¿Pero si esos platos nosotros no los pedimos?


Por Ajenjo


A pesar de que desde el cielo lanzaban baldes y baldes de agua, el sábado pasado decidimos ir a conocer el restaurante “Oda Pacífico”, que queda en el cerro Florida y que de boca en boca se ha convertido en todo un suceso gastronómico de Valparaíso.
Junto a simpáticos amigos llegamos hasta el segundo piso del hermoso local, donde la brillante madera tiene un rol protagónico y provoca que uno se sienta muy cómodo. Les pedimos unos tradicionales pisco sour al mozo, que siempre mantenía una voz bastante teatral para explicar los aperitivos.
Nos percatamos que tenían una onda con el arándano, ya que nos ofrecieron arándano sour, jugo de arándano y mantequilla al arándano. El trabajo del mozo era apoyado por un anfitrión, que se paseaba por las mesas con ojos vigilantes y que trataba de ser amigable con los comensales, pero también con ese mismo tono teatral.
Pedimos para comenzar unos tiraditos de pescado de roca con salmón ahumado, un carpaccio de avestruz y unos mariscos en sus salsas y su correspondiente botella de vino blanco y una copa de tinto para mi novia, que es petrolera hasta la muerte. La orden llegó con una falla: en vez de los mariscos apareció una bandeja de ceviches,
sin embargo se veía tan rico que no quisimos reparar la falta.
Se lo hicimos notar al anfitrión, que en tono de broma dijo que traería un martillo y que golpearía los dedos al mozo. Luego nos preguntó que íbamos a comer de segundo y le dijimos que estábamos pensando en seguir pidiendo cosas para picar entre todos o a lo mejor atacábamos los postres.
A los 10 minutos apareció el mozo con tres “piqueos marinos” que nosotros jamás habíamos pedido. “Esto es por el error cometido en la primera pedida”, dijo una de las inocentes comensales en la mesa. Con ese pensamiento atacamos los platos y después pedimos la cuenta y nos percatamos que nos habían cargado
esos tres “piqueos” (con un costo de más de 15 mil pesos). Toda una “genialidad” de los mozos y el anfitrión.
Oda Pacífico es un excelente restaurante, pero no pueden servir algo que uno no ha pedido.


ajenjoverde@hotmail.com

7.03.2009

La vejez no está hecha para los cobardes




Por Ajenjo



Con está dura frase de la actriz Betty Davis y que titula esta crónica comienza la película La Elegida, que es una joyita que uno se encuentra en los clubes de DVD y que sirven para reflexionar por un rato con un buen vaso de tintolio al lado.
En algunos días más cumpliré cuarenta años y realmente es algo que me está quitando parte de mi sueño ya que tiene una especie de carga simbólica, que afecta la mente y que al parecer es la entrada definitiva al mundo adulto, además de marcar la mitad de la vida.
A veces pienso en la gente que asegura que la edad es una situación mental, pero yo no estoy tan de acuerdo ya que los achaques físicos comienzan a surgir y seguramente la mente también tiene un proceso de mutación y cambio.
Pienso por ejemplo en mi Tía Quety, que cumplió 80 años de edad. Participé de un almuerzo por sus festejos
y cuando supo que viajaria a la India me dijo que visitara el Templo del Loto, ya que ella es practicante
de la fe Bahai.
Mi tia siempre ha sido optimista y le ha tocado, como a casi todos los seres humanos, vivir situaciones bastante extremas y dolorosas. Su mente están lúcida y su espíritu sigue igual de fuerte.
También visite hace algunos días a las hermanas de mi abuela en el cerro Placeres, donde también me encontré
con personas que tiene más de 90 años y que me conversaron sobre política y actualidad nacional, me hicieron preguntas sobre mi viaje y mantuve una conversación muy interesante y amable ¡Qué admirable tener cabezas
tan lucidas y optimistas a esa edad!
Ahora, mientras grito por los nuevos triunfos del Everton con litros y litros de ron en el estómago, en el
bar Moneda de Oro, me doy cuenta que estoy más viejito y que las locuras de la juventud las recuerdo con
cariño y ternura.
A veces estoy con mi hijo y le relato historias y los ojos se me llenan de lágrimas, especialmente si me he tomado algunos vasitos de vino al almuerzo. No quiero ser un viejo que se toma dos tragos y anda llorando por todo, pero siento que existe una barrera emocional que se adelgaza día a día y que me deja indefenso frente a los demás.
Ahora sólo me queda pensar en la frase de Tolstoi "la mayor sorpresa de la vida es la vejez" y seguir pidiendo
que me llenen mi vasito con más ron y alegría.




6.18.2009

Recordando la mirada del rinoceronte indio


Por Ajenjo


Estoy parado frente a una vitrina de una tienda en Valparaíso y miro los objetos que hay dentro de ella. Realmente no estoy viendo nada y mis pensamientos están en otro lado, en otro país, en otro mundo. De repente me doy cuenta que llevo más de media hora en esa posición y me percato que el viaje a la India me está cobrando una boleta mental.
Es como si el cerebro tratara de seguir viajando, pero el cuerpo ya está detenido en un solo lugar y la rutina lo inmoviliza como a una momia egipcia.
Dentro de mis pensamientos el recuerdo más fuerte es el del safari en Jaldalpara, donde estuve una hora recorriendo una espesa selva a lomo de elefante.
Nos citaron a las 8 de la mañana y llegamos, junto a una simpática familia india, a una estructura muy parecida a las escaleras que ponen en los aviones, pero en esta ocasión uno terminaba sentado en el lomo de un elefante.
El paquidermo, de gran tamaño, llevaba una estructura de fierro sobre su lomo donde cabían cuatro personas cómodamente sentadas. A nosotros nos subieron junto a la familia india y entre mi novia y yo nos chantaron a una niñita de tres años.
Una fuerte llovizna caía sobre nosotros y yo saqué un paraguas para proteger a la pequeña. El elefante arrancó y comenzó a meterse en la espesura de la selva.
El animal pasaba muy rápido entre espesos árboles y el paraguas quedó convertido en un inservible estropajo. De ahí para adelante la lluvia nos mojaba libremente y le ponía una nota aún más aventurera a la situación.
El chofer del elefante está sentado en la cabeza y al mover sus piernas en las orejas el paquidermo avanza. En un momento se nos pidió silencio y entramos a un charco donde pudimos observar, en gloria y majestad, a un rinoceronte de un solo cuerno.
El tremendo animal era imponente y por algunos minutos lo pude mirar directamente a los ojos.
Después salimos a una estepa libre de árboles, para luego internarnos en ríos, charcos y barro, que el elefante con sus grandes patas lograba traspasar fácilmente.
Al final uno se baja en la misma escalera especial donde se subió y puede tocar la piel del animal, quien muy bien domesticado recogía billetes desde el suelo.
Todos esos recuerdos me pasan por la cabeza mientras me doy cuenta que estoy pegado, como con el disco rayado y que debo dejar de mirar vitrinas e insértarme nuevamente en Valparaíso.
Se que no es fácil superar un jet lag con diferencia de 10 horas y estoy consciente que debo amalgamarme a mi vida laboral y porteña de una buena vez.
El partido de Chile, donde derroto 4 a 0 a la selección boliviana de fútbol, fue un buen comienzo. Lo malo fueron los dos shop y los cuatro rones que me dejaron bastante abatido, cansado y pensando en la seria mirada del rinoceronte de un solo cuerno.


ajenjoverde@hotmail.com

Perdido en el raro Reino de Bahrein


El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, toma té con los jeques de Arabia Saudita. Yo estoy solo a algunos kilómetros de este evento, semi perdido en el Reino de Bahrein, luego que me cancelaran un vuelo turístico y tuviera que permanecer en forma obligatoria por 14 horas en este país, catalogado como la nación más pequeña del Golfo Pérsico.

Mi salida de la India es bastante heavy. Después de andar a lomo de elefante, observando rinocerontes de un solo cuerno y tigres de Bengala, termino en una extraña sala de espera, con mi cara larga y un MP4 con el juego Tetris, esperando que la línea aérea solucione su error y me saque de una buena vez de Nueva Delhi.

Despues amanezco en el raro Reino de Bahrein, que personalmente lo encuentro muy extraño, extrañísimo. Es como caminar dentro de una maqueta de un estudiante de arquitectura de Valparaíso. No hay ningún cerro, el calor es fuerte pero existe una niebla en el cielo que enrarece mas este lugar. No hay veredas y la poca gente se mueve en autos carísimos onda Rolls Royce. Los edificios son todos de un color cafe claro y hay unas torres ultra modernas.

Todo es artificial, como recien creado y me siento parte de un reality, como si fuera el protagonista de la película "Truman Show".La mayoría de los habitantes se visten con el tradicional traje árabe y mientras entro al hotel, donde tenía almuerzo y cena asegurada por la línea aérea, pienso que esto no es un país real y que es parte de la gran escenografia de los reinos petroleros que comercian con Occidente. En el pasaporte me dieron un permiso por 24 horas con un sello que señala "felicidad para sus negocios". Con eso queda todo más o menos claro.

En el aereopuerto, rumbo a París, me entero que el tenista chileno Fernando González esta jugando la final de Roland Garros. Mientras escribo esto planificamos ir a ver el partido a la plaza de Notre Dame por pantalla gigante (cuando se publique esta crónica ya todos conocerán el resultado).Me quedan muy pocas horas en esta hermosa ciudad, sin embargo el cansancio de los 20 días por la travesía en la India está bastante presente y sólo quiero calma y descanso.Ya en el recuerdo quedan esas extrañas ciudades.

En un pequeño resumen podria señalar que Nueva Delhi es como si la plaza Echaurren de Valparaíso la habitaran más de 15 millones de personas. Agra es el Taj Majal, que como ya lo he señalado, es la obra arquitectónica más impresionante que he visto en mi vida. Varanasi es la locura del río Ganges y sus dioses, donde todavía tengo tatuada en mi retina la imagen de los cadaveres quemándose en busca del término de las reencarnaciones y en busca del Nirvana. Calcuta es tranquila, a pesar de su gran cantidad de población, y todavía se respiran aires británicos en esa zona. Darjeeling es la calma absoluta con los Himalayas de telón de fondo y sus monjes tibetanos (además del ciclón Aila) y el safari arriba de un elefante fue el punto final del viaje más distorisionado, extraño y maravilloso de toda mi vida.

Recorrer la India fue enfrentar un gran desafio, que en el fondo es la esencia de cualquier viaje. Si no podría viajar más creo que me moriría y no me importa si es un paseo al lago Peñuelas o una aventura en el Orinoco salvaje.Lo importante es moverse, entretenerse y disfrutar.

Machuca en Calcuta


Por Ajenjo


Estoy en la mítica ciudad de Calcuta, visitando el templo de la diosa Kali.

Me despierto a las 5 de la mañana para tratar de observar los sacrificos de animales que se anuncian en ese lugar. La visita fue guiada por los mercenarios del templo, que son falsos sacerdotes que se instalan para embaucar a los turistas. Me hicieron sacar los zapatos y calcetines y caminar por una inmunda calle. El templo es pequeño y los indios se amontonan para ver una pequeña imagen con tres ojos. Me llevan donde se sacrifican a los animales y lamentablemente este sangriento ritual comienza supuestamente a las 9 de la mañana. Los falsos sacerdotes comerciantes me empiezan a pedir mucho dinero para que Kali me ayude. Les contesto que sólo les daré un poco de rupias (como 5 lucas chilenas) y la cosa se empieza a poner violenta. Vuelvo por mis zapatillas y me sigue un tipo que seguramente me insulta, junto a toda su familia y muchos niños. La onda es pesada y corro al taxi. El chofer no avanza y la familia completa me exige mas dinero desde la ventanilla del auto. Al final el conductor apretó el acelerador y la calma volvió a mi mente.

Calcuta es una ciudad amable, menos los mercenarios de Kali.

Vuelvo al hotel bastante cargado y enciendo el televisor. Son las siete de la mañana en Calcuta y por un canal de cable estan emitiendo la pelicula chilena Machuca. Tiene subtíitulos en inglés y la veo completa, bastante emocionado. Al final, cuando empiezan a salir los créditos, la canción de Los Jaivas Mira Niñita me pone muy nostálgico y cierro los ojos para dormir soñando con mi país.

Dejo Calcuta y viajo a Darjeeling, una ciudad que no tiene nada que ver con la India que acabo de conocer.Es como si en los demás lugares anduvieran todos locos y aqui la paz se hubiera instalado para siempre.

Llegué en un viaje en una todoterreno de tres horas, en medio de selvas. Estoy alto, muy alto, encubrado en grandes montanas y muy cerca del Everest, que todos los días trato de avistar en un cielo nublado y lluvioso.En Darjeeling el rollo es el té. Como en Chile hay catas de vino, aqui todos andan tomando los mejores té del mundo. Tambien hay muchos tibetanos dando vueltas y aproveche a visitar un refugio de exiliados, donde entrego mi apoyo moral para que Tibet sea libre de la dictadura China de una vez por todas. Visité un templo budista con niños vestidos como monjes que cantaban angelicalmente.Al final quede cuasi atrapado en este bella ciudad. Me atacó el devastador ciclón Aila, que mató a varias personas, dejó caminos cortados y sin electricidad por dos días a toda esta urbe montanosa y sus alrededores. Ahora voy rumbo a la reserva natural de Jaldhapara, donde me esperan unos elefantes que serviran de transportes para observar tigres y rinocerontes...


6.09.2009

Poderosa India


Por Ajenjo


Camino por el barrio de Conaught Place, en Nueva Delhi, la capital de India.

Llevo tres horas en la ciudad y pienso que todas las personas que me miran con curiosidad son posibles y pequeños estafadores. De repente me miro la zapatilla derecha y me encuentro con una gran mierda humana, asquerosa, vomitiva, licuada y recuerdo la cita textual de la Lonely Planet (Libro de Viajero) de la India donde se advierte claramente de este asqueroso ataque a los afuerinos, que consiste en que te manchan el zapato con un gran mojón para que después un limpiabotas te lo saque por una fuerte suma de dinero. Meto la zapatilla en un montón de tierra, mientras me nublo de rabia. Termino en el bar mas cuico de la ciudad, bebiendo una helada cerveza Kinfisher y escuchando musica electronica, que actua como un sedante para olvidar el horrible acto de lavar mi zapatilla en el lavatorio del baño.

Llego a la entrada del Taj Majal, en la ciudad de Agra, que es descrito, y sin exageracion alguna, como la obra arquitectónica basada en el amor más poderosa del mundo. Después de pasar un estricto control policial llego al monumento. Mi novia me seguia emocionada frente a la gigantesca y curvosa masa de belleza blanca construida de marmol y dolor (¿no es siempre el amor algo doloroso y fuerte que nos traspasa más que nada en este mundo?).

Luego de recorrer sus cuatro costados nos sentamos a descansar. Las pupilas debian recogerse ante tanta belleza.

Varanasi, la ciudad sagrada de la India.

Veo un cuerpo quemandose en el Ganges. Veo un hombre con el cuerpo blanco gritando. Hay olor a asado. Un perro busca carne debajo de las aguas de este rio. Me siento radicalmente extranjero. La gente se rapa la cabeza. Aparece un nino con labio leporino. Un hombre pasa su pierna sobre su cabeza. La musica que se escucha es de tambores. Todos rezan.

Entro al Templo de Vinshu, me saco los zapatos y camino por dentro pisando un agua barrosa. Un guía me lleva y me presenta a todos sus dioses, son varios. Hay un roca por donde sale un agua lechosa. Me dice que la toque y que frote mis ojos. Me dice que reze por mis parientes y me presenta un viejo flaco y barbudo. Voy dejando billetitos en todas las alcancías y me voy del templo con mi frente manchada de un color amarillo y una corona de flores en mi cuello.

Y sigo viajando rumbo a Calcuta. Al templo de la Diosa Kali, donde se sacrifican animales, en una de las pocas deidades que se adoran y que no es muy buena.

El viaje continua y cada vez me amalgamo mas a los indios.


ajenjoverde@hotmail.com

Me arrodillo nuevamente ante París


Por Ajenjo


Cuando usted esté leyendo esta columna seguramente estaré caminando por las calles de Nueva Delhi, la capital de la India, en uno de los viajes más alucinantes y distorsionados que he planificado toda mi vida.

Antes de tomar el avión de la línea aérea Gulf Air, que pertenece al Reino de Bahrain o algo así, tuve que pemanecer dos días en París, que personalmente la calificó como la ciudad más hermosa y acogedora del mundo.

Me recibió en un su cálido y minúsculo departamento el hermano de mi novia, quien lleva siete meses en esta maravillosa ciudad y está sacando un doctorado en historia en la Escuela de Altos Estudios de París. Llegué con unos botellones de pisco y el primer día nos mandamos unos sour para recordar el suelo chileno. Después salí a recorrer esta urbe y sin ponerle mucho color tuve que aguantarme las lágrimas en los ojos varias veces.
Cuando estuve cerca de la tumba de Napoleón me di cuenta que en el Gran Palacio estaba montada la tremenda muestra de Andy Warhol, la más completa de este artista norteamericano que creo el concepto de pop. La exposición, que costaba 11 euros (casi 10 lucas chilenas) era espectacular. Estaba Marilyn Monroe, Lenin, Elvis y toda la iconografía setentera y ochentera en su máximo esplendor. Se proyectaban películas, se mostraban diarios de vida y muchas de las paredes estaban revestidas con el famoso mural con una vaca como símbolo principal. Salí bastante golpeado cerebralmente y me fui a acostar en busca de recuperar el sueño perdido por el cambio de horario.

Al otro día me enontré con la torre Eiffel iluminada. ¿Existirá alguna obra arquitectónica tan potente y que sea tan simbólica en el mundo? La mejor vista está en la estación de Metro Trocadero, donde tuve la mala idea de meterme a un baño público en forma de caseta que estaba más hedionda que la parte de abajo de la pasarela de Bellavista, en mi querido Valparaíso. Ahí permanecí un par de horas mirando esa gigantesca masa de fierro y luces y pensaba en el futuro.

Las últimas horas las pasé en el Centro Pompidou, que es el museo de arte moderno más completo de la Tierra. Vi una exposición individual de Kandisky, pero la muestra estable de ese centro artístico le puede volar los sesos al más desprevenido. Hay un Roberto Matta espectacular y todos los pintores han marcado la vanguardia artística están presentes. Esta Pollock, Matisse el gran orinal de Duchamp, entre otras obras que siempre vi en los libros y que jamás soñé con estar junto a los originales.

Después de ese castigo artístico, donde las neuronas todavía festejan tanta belleza, voy rumbo a uno de los países más raros del mundo. El plan es recorrer Nueva Delhi y Agra, donde está el Taj Majal. Después a la ciudad santa de Varanasi donde pienso raparme al cero y observar la quema de cadáveres. También llegaré a Calcuta, donde ingresaré al templo de Kalhi, donde todavía sacrifican animales y seguiré a Darjeeling.Todo eso es un plan, pero al parecer en la India no hay que planificar nada y ni siquiera tengo la ceretza de que podré enviar esta columna desde estas lejanas tierras.

Ojalá pueda.


4.28.2009

No me olvides


Por Ajenjo


La gula es un pecado castigado por los dioses, sin embargo al parecer los visitantes del restaurante "No me olvides", en la Quebrada Alvarado de Olmué, tienen la indulgencia eterna ya que, sin exagerar, es el local que sirve los platos más grandes que he visto en mi vida.
Mi brother oftalmólogo, al parecer, ya conocía esta picada y partimos como a las 13 horas del domingo pasado con rumbo del famoso restaurante. El lugar está bastante escondido y hay que saber meterse en los caminos rurales para acceder a esta bastión de la gula regional, donde un plato fácilmente alcanza para tres o cuatro personas.
Al llegar tuvimos que esperar unos diez minutos a que las mesas se desocuparan. El recinto es bastante grande y tiene zonas de fumadores y no fumadores.
A uno le asignan un número y un mozo se encarga de gritar "¡el 45!" y la gente se distribuye en las mesas que ya están listas para el castigo gastronómico.
De partida a uno le sirven una panera con amasados calientes, en forma de bollos, con mantequilla y dos clases de pebre. Ni se le ocurra ponerse a picar el pan (que es una mala costumbre arraigada en el alma nacional), sin embargo es casi imposible dejarse tentar por la miguita caliente y humeante y la mantequillita derritiéndose lentamente.
Después llegó un mozo bastante divertido, y con excesiva personalidad. a quien le pedimos un humita, una empanada de queso y otra de pino para calentar la tripa. Las empanadas no son tan grandes, pero son llenadoras.
Decidimos pedir dos platos para los cuatro presentes. Yo me fui por unas entrañas a lo pobre, mientras mi brother apuntaba por una carne al jugo con puré.
Mi plato era de antología. Cuatro largas fajas y gordas de entrañas, más un plato lleno de papas fritas y otro que traía la cebolla y los huevos fritos conformaban el cuadro.
El sólo mirarlos causaba que los ojos llenaran el estómago. Me castigué durante varios minutos, pero al final el plato, que también era consumido por mi novia (que en estas cosas del comer y beber es una excelente compañera), quedó en la mitad.
Al final mi amigo y su mujer también dejaron mucha comida en el plato y le dijo al mozo, con seria voz, que le pusiera los restos en una cajita: "es que son para el Bobby", agregó.
Mi brother no tiene perro y al parecer se consumió los restos en la noche.
El que sabe sabe.


4.20.2009

Cuando la tele se apaga...



Por Ajenjo

Siempre he escuchado con bastante curiosidad que mis amigos relatan que estaban en una fiesta y "se les apagó la tele", producto de la excesiva ingesta de alcohol.
Es como una especie de rara amnesia que hace actuar a los individuos de una curiosa y extraña manera, donde el pudor, la decencia, las buenas palabras, la cortesía y el buen trato con las damas se esfuman en un etílico aliento.
Durante mi vida universitaria pude ver a muchos compañeros que me pedían por favor que les relatara "que había pasado la noche anterior", ya que no se acordaban. Les decía que lamentablemente habían pasado abrazados a la taza del guater o que después de hablar como loros de siete lenguas fueron conducidos a dormir.
Una vez un compañero de filosofía se puso a pololear con "la tele apagada" y al otro día, cuando la niña lo vino a buscar a la sala de clases, salió corriendo y jurando que no tomaría más.
Todo este discurso de la amnesia alcohólica lo estoy transmitiendo ya que el sábado pasado, y por primera vez en mi vida, tuve un cortocircuito cerebral.
Estábamos con un grupo de amigos santiaguinos (un brasileño, un uruguayo y mi suegra), quienes llegaron a mi casa con dos botellas de vodka, una de ron, dos de whisky y dos de Baileys, además de pequeños botellines de cervezas de las más variadas marcas.
Los recibí con pisco sour, empanadas de Las Famosas de horno de pino y marisco, machas y ostiones a la parmesana, ceviche de tres colores de salmón y reineta y torta de tres leches.
Empezamos a almorzar a las 5 de la tarde y a las 9 de la noche yo estaba transmitiendo y con graves interferencias neuronales.
Después me dijeron que llegaron visitas y que yo las atendí con gran esmero y que, además de ofrecerles ceviche, les di jugo, mucho jugo.
En un momento me encontré tomando una bebida energizante en el Club Cigale, mientras modelos vestidas de vírgenes (entre ellas la hija de Bastián Bodenhofer, ¡qué era una belleza!) desfilaban por la pasarela.
Ahí me di cuenta que habían pasado varios minutos y mi televisión interna se había apagado. No pregunté nada y bailé mucho para recuperarme.
Al otro día, en el desayuno, levanté la vista con temor y un poco de verguenza, sin embargo todos se rieron y me golpearon la espalda.
¡A todos nos pasa alguna vez!, me dijeron cariñosamente, mientras yo tomaba agua, mucha agua.


ajenjoverde@hotmail.com

4.13.2009

Aromáticos recuerdos




Por Ajenjo



Con mucho cariño y recuerdo al ya fallecido sacerdote Aldo Alvarez



Entre los 14 y 23 años, una etapa bastan importante en la vida de cualquier ser humano, habité el barrio de Chorrillos, en Viña del Mar.
Arrendábamos una casa en el pasaje Portugal, donde éramos vecinos del gran hombre y cineasta Aldo Francia, quien forjó gran parte de mi personalidad artística.
En ese barrio pasaron muchas cosas esenciales, desde terribles caídas en bicicletas que terminaron con grandes cicatrices en la frente hasta los primeros y sufridos amores de adolescencia.
Mi familia era católica y durante muchos domingos de mi vida fui a misa a la parroquia de Chorrillos, donde al padre Aldo Alvarez realizaba las liturgias.
El sacerdote había sido amigo de mi padre cuando joven y siempre visitaba la casa y nos daba buenos consejos.
Para el terremoto de 1985, muchas casas que tenían conexiones a gas de cañería quedaron sin ese servicio, y el padre Aldo llegaba todos los días a nuestro hogar para poder ocupar la ducha que funcionaba con los tradicionales balones de gas licuado.
Hace poco supe la noticia de su muerte y me dio mucha pena, ya que siempre fue una gran persona y además tuvimos una divertida anécdota que siempre nos sacaba en cara.
Con un grupo de amigos de Chorrillos, con quienes me fumé mis primeros cigarrillos marca Hilton, escondidos en la línea del tren, siempre andábamos jugando alrededor de la parroquia.
El padre nos pidió que por favor asistiéramos a la misa de la tarde, ya que necesitaba nuestra ayuda. Nosotros no le pusimos ningún problema y todos nos comprometimos para estar a las 19.00 horas en punto.
Ese día nos jugamos una sudada pichanga en la cancha de fútbol del antiguo seminario San Rafael de Viña del Mar y llegamos directamente desde la cancha a la parroquia.
Ahí el padre nos avisó que seríamos sus ayudantes para la ceremonia de lavados de pies y casi se nos cae la cara de vergüenza, ya que estábamos todos bastante cochinos y "aromáticos".
El padre Aldo nos lavó nuestros pies, en esa tradicional ceremonia religiosa, y después nos retó por haber llegado en ese estado.
¡Qué recuerdos de Chorrillos y toda su gente!
¿A dónde vivirán todos esos recuerdos de infancia y juventud? ¿Dónde?




ajenjoverde@hotmail.com

4.03.2009

¿Han comido costillar ahumado de Sethmacher?


Por Ajenjo


Mi gran amigo Tísico, conocido con ese apodo porque hace algunos años padeció de una flacura extrema, decidió irse a probar suerte a Nueva Zelanda y le organizamos una gran despedida.
El lugar elegido fue El Tabito, que son unas cabañas ubicadas en el litoral sur de nuestra región.
Todos los invitados eran santiaguinos y yo, junto a mi novia, éramos los únicos porteños y pensamos llevarles una gran sorpresa: costillar y longanizas de la tradicional chanchería Sethmacher, ubicada en el corazón del Barrio Chino.
Me habían dicho que había que reservar la carne, por lo tanto llamé por teléfono y les dije que me guardaran un par de costillares. "¿Lo quiere ahumado?", fueron las palabras mágicas que emitió el teléfono. ¿"Ahumado"?, respondí con tono de duda y reflexión. "Sí, muchacho, y le aseguro que a todos los comensales les dará mucha sed"...
Fue así como llegué a la carnicería a buscar mis reservas y me encontré con la gran sorpresa de que sólo el costillar ahumado, que era de tremendas dimensiones, me salía más de 18 lucas.
Le pedí la mitad del costillar ahumado y del normal, más diez longanizas blancas, diez longanizas rojas, seis prietas y cuatro gordas.
Con ese tremendo paquetito llegué a la fiesta, donde la parrilla se encendió un viernes en la noche y se apagó el domingo en la mañana.
Uno de los invitados, que tiene el apellido como mi seudónimo, se convirtió en el "guardián de la parrilla" y dejó en claro que cualquier persona que se acercara podía, fácilmente, recibir un golpe.
El costillar ahumado salió como a las cinco de la tarde. El experto asador (a quien catalogo como el mejor parrillero de Chile) lo dejó a fuego lento y por un par de horas.
Con varios litros de cerveza y vino en el cuerpo atacamos la presa y le sacábamos grandes pedazos con un cuchillo y, sin exagerar, les puedo afirmar que era como comer jamón-jamón de primera clase.
Con Tísico lo devorábamos, mientras yo ya estaba en un estado cercano al nirvana y hacía imitaciones, contaba chistes, recitaba poesías y hablaba estupideces como una orate metralleta.
Cerca de la una de la mañana me fui a acostar y al otro día casi llamo a una ambulancia para que recogiera las partes de mi estómago y cerebro que habían quedado esparcidas en El Tabito.
¡Adiós, Tísico, y buena suerte en tu aventura!


ajenjoverde@hotmail.com

3.30.2009

Un “kabaret” en el Barrio Chino


Por Ajenjo


Hace varios años que dejé de ir a carretear al Barrio Chino de Valparaíso; esencialmente, esta decisión fue tomada porque no poseo la fuerza para enfrentar a pandillas de flaites en busca de celulares y carteras.
Hace cuatro años mi novia sufrió un robo en el "Éxodo" y hasta hablé con los ladrones por teléfono celular, quienes me invitaron cordialmente a la Iglesia La Matriz, donde lanzarían la cartera con los documentos inservibles.
Después visité el restaurante Journal, donde me comí unas machas a la parmesana preparadas con un tremendo pedazo de queso gauda en su interior. Mal, muy mal.
Siempre iba en taxi y me retiraba en taxi, pero al final ya no valía la pena seguir intentando ingresar a este barrio. ¡Ni siquiera la inauguración de la discoteca Blondie me motivó un poquito!
Hace pocas semanas, tuve la valentía de volver al Barrio Chino y simplemente por la invitación de mi amigo personal Alejandro Cid, a quien siempre he respetado por su postura consecuente en torno a la bohemia porteña.
Este artista tiene fe en lo que hace y se cree el cuento, lo que causa motivación entre el público que hace años sigue sus performances y actuaciones teatrales.
Después de ver "Slumdog millionaire", con mi correspondiente petaquita de ron, tomé la micro y me dirigí al "Club Cigale", encontrándome con una de las mayores sorpresas de los últimos tiempos.
Como diría mi brother oftalmólogo, "¡éste sí que es una local de categoría!".
Todo el decorado fue traído desde Santiago por el propio Alejandro Cid, quien escogió desde las telas para forrar los muebles hasta la ubicación de la barra.
En la recepción hay garzones vestidos a la antigua que te llevan a tu mesa (yo me fui al segundo piso) y te ofrecen una variada carta de tragos en un ambiente de relajo, lejos totalmente del bullicioso mundo de las piscolas a 600 pesos y las cervezas de litro.
Los baños son de antología (no hay diferencia entre hombres y mujeres) y me ofrecieron participar gratis de la degustación de un pastelillo.
El edificio es una bodega antigua y uno se siente como en esos loft de Nueva York.
Aquí hay buen gusto, seguridad y tranquilidad. Además hay teatro, coreografías (a mí me tocó una de los tiempos del nazismo) y muy buen público.
¡Todo un hallazgo que ojalá triunfe y recupere definitivamente este barrio porteño!


3.24.2009

Un matrimonio de alto vuelo...


Por Ajenjo


Nuevamente voy camino a la localidad de Pirque, al matrimonio de mi gran amiga "La Marilyn Manson", quien después de vivir muchos años en la Isla de Pascua, decidió dar el paso definitivo y casarse en el continente con su "yorgo".
El novio, un gran brother, es un pascuense de tomo y lomo, y obviamente el matrimonio tuvo características polinésicas que aquí, mis queridos lectores, les paso a detallar.
Pero antes les contaré sobre algunos de mis compañeros de mesa, con quienes me tocó convivir y reírme a mandíbula batiente. Una de las parejas era Papito, el ex presidiario y ahora agitador cultural de la ex Cárcel, junto con su señora periodista. Después estaba "El Kaleidoscopista", quien integró por muchos años el grupo de teatro La Patogallina y quien era el único que no era de Valparaíso.
Papito, antes de empezar a comerse la entrada de ceviche de atún de la Isla de Pascua, le dijo al Kaleidoscopista: "Tú no soi choro porteño". El santiaguino, quien aseguró que era porteño de adopción, tomo una gran copa de vino blanco y se la bebió entera en un microsegundo, sacando aplausos de la concurrencia y presagiando lo que sería una noche bastante etílica.
Tomé blanco y del otro y después me empecé a tirar unas whiskolas, que es mi trago preferido en los matrimonios. Una orquesta se lanzaba las medias cumbias y de repente salió un grupo pascuenses y todos empezamos a bailar onda sau sau. Es que con el estanque lleno, pueden poner la música más extraña del mundo y soy capaz de sacarle el ritmo (obviamente dejando a la vergüenza ajena sentada en la mesa).
Se tocaron "Flaca", de Calamaro, en versión Rapa Nui. Yo estaba que lloraba, pero mis lágrimas de curadito se aguantaron hasta que salió la novia, con un erótico y power vestido pascuense y, junto a una isleña, que era profesora de baile, se mandaron una coreografía que dejó a todos turulatos.
Después el novio, con otros pascuenses, hicieron una danza ritual de gritos y movimientos violentos, que también sacó aplausos de una concurrencia que estaba feliz y con un trago en la mano.
En la fiesta había todo tipo de invitados, y pude visualizar hasta una ministra, que también le hacía empeño al baile polinésico.
También había un chicoco terneado, que tratada de bailar pascuense a todo ritmo, pero que nos dejó con arcadas de tanto reírnos.
Como a la seis de la mañana nos retiramos con rumbo a Santiago. En el auto iban todos tirando tallas y comentando que el matrimonio había sido "de categoría y de alto vuelo" . Yo pensaba en que el novio no tiró la liga de la novia, pero lo que más recordaba era la playa de Anakena, donde conocí a la mujer más bella del mundo, y el amor volvió a mi vida para no despegarse nunca más.
¡Felicidad al nuevo matrimonio y que vengan los "yorgos" chicos a este mundo!


3.17.2009

¿Quién vigila a los vigilantes de Valparaíso?


-¿Sabes qué me gustaría? Me gustaría que toda la escoria de la Tierra estuviera en una sola garganta, y tener mis manos en torno a ella.
Rorschach, personaje de la película "Watchmen".


Voy por la calle Salvador Donoso, una de mis preferidas de Valparaíso, y me meto a las empanadas "Famosas". El negocio está a punto de cerrar y me zampó rápidamente una empanada frita de queso y una cerveza chica.
Me preparo para ir a ver la película "Watchmen: Los Vigilantes" y para seguir mi tradición, llego hasta la botillería Caruso a comprar una petaquita de ron y endulzar mi bebida en el cine.
El dueño del local, con una polera del Everton, discute con un empleado wanderino. El ambiente está futbolizado, ya que los oroycielo juegan contra Lanus en Sausalito. El caturro grita que "la única vez que llenan el estadio es cuando juegan con el Wanderers".
Yo patudamente me introduzco en la discusión y le explico que el fútbol no se gana por la cantidad de espectadores que se lleve, sino que por los goles. El dueño me felicita y sigue la conversa, mientras me pasa mi botellín de un licor denominado irónicamente "Flor de caña".
Llego al cine y me compro una bebida mediana y lentamente la voy regando con el alcohol, mientras veo las tremendas sinopsis de "Transformers 2" y "X-Men: Wolwerine".
Después comienza a desfilar una de las mejores películas de superhéroes que he visto en mi vida, donde frases de Nietzche se mezclan con escenas de violencia y sexo.
El trago me pasaba feliz por el gaznate mientras uno de los personajes, llamado ElComediante, le disparaba a una turba de hippies pacifistas que protestaban y pedían amor y paz para el mundo.
También es estéticamente power ver un tipo azul, de 15 metros de estatura, haciendo explotar a soldados vietnamitas, en la famosa guerra donde intervino Estados Unidos.
Los superhéroes han sido trascendentales en mi vida cinematográfica, pero lejos esta es la película más torcida, extraña y bella que ha pasado por mis ojos .
La cinta dura cerca de tres horas y tuve que ir dos veces al baño, provocando la pifiadera de las butacas.
Después salí con fuegos artificiales en el cerebro y pensaba en la frase "¿Quién vigila a Los Vigilantes?", que aparece varias veces en la película. Me fui a "El Moneda de Oro" y me senté en la barra, donde me consumí una cerveza chica, mientras me hablaban sobre el partido del Everton.
Después mi novia me avisó por teléfono que estaba con unas amigas en el bar karaoke Acqualuna y llegué a sentarme en una mesa y zamparme el último ron nocturno, mientras un animador me ponía un micrófono y yo cantaba "Flaca", de Calamaro, en un tono muy parecido al de un cordero degollado en un matadero clandestino.
Me fui a acostar sólo pensando que tengo que ir a ver la película de nuevo y estar atento, muy atento y vigilante.

ajenjoverde@hotmail.com

3.08.2009

Reconciliación y sacrificio


Por Ajenjo


Toda reconciliación, de cualquier naturaleza, tiene una cuota de sacrificio.
En esa frase, y en la muerte del poeta Miguel Serrano, pensaba mientras esperaba a mi novia debajo del reloj Turri, para celebrar su cumpleaños y tratar de reconciliar nuestras diferencias.
Una de las cosas que más le gusta en la vida es conocer restaurantes caros, por lo tanto decidí desempolvar la tarjeta de crédito y nuevamente empezar a usarla, sabiendo perfectamente los dolores de cabeza y bolsillo que me traerá más adelante.
Vamos subiendo por el ascensor y trato de mantener a raya los dolores estomacales que me invaden como si fuera un quinceañero en mi primera cita. Le advierto que no tengo reserva para el restaurante "Pasta e Vino", pero que tratare de "tollar" para encontrar una mesa. En la entrada se ubica una pareja con un computador. Parecen modelos sacados de alguna publicidad de Benetton. Ella, con un dejo de esperanza, revisa la pantalla y pone una cara que me alegra, sin embargo el tipo le dice otra cosa y lamentablemente nos quedamos afuera.
De regalo llevaba el libro "Valparaíso a la mesa", del periodista Carlos Reyes y de ahi sacamos la información de un restaurante llamado "Montealegre", ubicado precisamente en esa calle que lleva el nombre de árbol.
Partimos y me di cuenta que ese lugar pertenece al hotel más cuico de Valparaíso, y que antes de transformarse, fue la casa de una amiga donde se realizó mi primer matrimonio.
Con ese nervioso dato entró al restaurante y me encuentro en otra dimensión. Lejos y sin ninguna duda, este sitio es el más refinado y complejo lugar para cenar de Valparaíso. Todo es perfecto, desde la terraza con una vista amplia y singular de la bahía, hasta sus servilletas de género negro y su servicio que brilla hasta hipnotizar.
Me lance un pisco sour perfecto y helado. Ella bebía cerveza y pidió de entrada un plato denominado Machas y Machas. Eran tres pocillos llenos de lenguas, donde algunas estaban marinadas en vodka y menta, mientras otras desarrollaban una estética espuma marina.
De fondo me comí unos filetes de congrio fritos espectaculares. La cobertura dorada y crujiente de mi pescado es la más sabrosa de toda mi vida. Ella devoraba unos canelones gigantes verdes rellenos con pulpo. Inlcuso el plato traía un baby o mini pulpo, y me lo devoré recordando la cinta "Old Boy".
Tomamos vino y hablamos de nuestras diferencias y de las posibilidades reales de reconciliación. El futuro es incierto y la única certeza es la cuenta que me llegará a fin de mes, pero claro: "toda reconciliación exige sacrificio".


ajenjoverde@hotmail.com

2.23.2009

Mi cuerpo es una celda



Por Ajenjo

"Soy incapaz ante las relaciones de dinero y las relaciones de influencia, y no puedo resistir el amor: es algo mucho más fuerte que todas mis fuerzas, y me las ha desbaratado".
Andrés Caicedo.


Voy en tren rumbo a Limache leyendo el libro "Mi cuerpo es una celda", que corresponde a textos, manuscritos, críticas de cine y cartas del colombiano Andrés Caicedo y que recopiló nuestro taquilla escritor Alberto Fuguet.
Desde hace mucho tiempo que no leía textos tan honestos, donde la tristeza más profunda y la desesperación por no sentirse integrado a la sociedad son la tinta de una pluma que vale la pena leer.
Muchas veces he sostenido que la honestidad al escribir literatura o periodismo es un factor fundamental a la hora de tener lectores. Si uno cuenta la verdad sin muchos adornos, tal como sucedió, la gente quedará atrapada en esa realidad y para más remate se entretendrá.
El libro "Mi cuerpo es una celda" es eso: honestidad pura. Parte con una hermosa carta suicida dirigida a la madre de Andrés Caicedo, donde el atormentado muchacho explica que la muerte será la liberación de su dolor interno. Al final el joven colombiano tomó 60 pastillas de seconal y se despidió del mundo a sus 27 años.
Personalmente, jamás he pensado seriamente en el suicidio y creo que si tuviera que tomar la extrema decisión, seguiría los pasos del personaje Ben Anderson en la lacrimógena película "Adiós a Las Vegas".
Para los que no la han visto, se trata de un loquito que cobra su indemnización laboral y se la gasta toda en trago fuerte. Para amenizar su suicidio, se enamora de una prostituta.
Yo creo que llegaría con un camión aljibe al Moneda de Oro y pediría que me lo llenaran de cola de mono. Contrataría un chofer para que subiera el vehículo hasta mi casa y con una manguera me serviría el lechoso licor hasta que mi cerebro emitiera la última luz de realidad.
El suicidio es algo serio y no es una situación para tomarla a la chacota. Tengo un primo que se ahorcó en su casa y su madre jamás pudo recuperar la luz de sus ojos. Por ahora no tengo ni la plata ni las ganas para contratar el camión aljibe y llenarlo de colemono. Sólo me queda seguir juntándome con los brothers en el bar y ver el sangriento noticiario de Chilevisión, jugando al cacho y murmurando sobre fútbol y política y de esta manera tratar de encontrar un pequeño sentido a esta extraña aventura que llamamos vida.





ajenjoverde@blogspot.com

2.17.2009

Divorcio on the rocks


Por Ajenjo


El juez golpea con su martillo en la mesa y exclama: "Ha lugar al divorcio".
Mi abogada me mira con cara de felicidad, mientras de mi espalda se extienden dos grandes alas que desempolvan muchos años de amor y conflictos.
Les digo a mis testigos con voz emocionada: "los invito a todos a almorzar al Cinzano", sin embargo un sólo amigo, junto a la joven abogada, aceptaron la propuesta.
Fue así como los pisco sour y el vino tintolio fueron los primeros golpes que recibimos esa tarde, donde celebrábamos el término jurídico de una relación.
Al salir del Cinzano nos pasó la típica de los buenos para el trago: se nos calentó el hocico. A las cuatro de la tarde bebíamos ron con cocacola como si fuera agua de la llave en el Moneda de Oro, mientras la legüleya nos advertía que se había emborrachado sólo cuatro veces en su vida y nunca de día.
Su afirmación nos sacó risas y decidimos subir a mi casa de Yerbas Buenas y destapamos unas botellas de champaña y le agregamos licor de cassis, para continuar bebiendo Kir Royal.
Después rematamos con unas copas de ajenjo y fue ahí que noté que uno de los testigos amigos ya necesitaba dormir, mientras la abogada pedía un taxi a grito limpio para retornar a su hogar.
Todo se solucionó rápidamente y se cumplieron los deseos de ambos, mientras yo hablaba con mi celular con gente que seguramente entendió la mitad de las cosas que trataba de explicar.
En la noche me habían invitado a un cumpleaños en un pub llamado Alimapu, donde apenas pude tomarme unas cervezas reponedoras.
Como a la una de la mañana el grupo decidió ir a un local llamado El Tablón Rufino, que es como El Huevo, pero con loquitos en su mayoría entre 30 y 40 años.
Extendí mis alas de mi nueva soltería y como un ave fénix que renace al carrete porteño me lanzó a una nueva aventura bohemia.
El local, llamado también Área, es bastante entretenido. Lo que más me gustó fue el primer piso, donde una banda en vivo tocaba temas ochenteros y el vocalista cantaba a ras de piso, mientras dos señoritas le bailaban pegadas a su cuerpo.
El grupo cumpleañero transpiraba bailando reggaeton y yo nuevamente extendí mis alas y fui en busca de mi almohada para soñar con un futuro lejano a todo conflicto y pelea y donde el amor, mis amigos, mi familia, mi hijo y las buenas personas estén siempre a mi lado.


2.10.2009

¿Cuál es la capital mutante de Chile?


Por Ajenjo


Llegué de regreso a mi querido Valparaíso, ciudad a la que he calificado durante muchos años como "la ciudad más mutante de Chile", sin embargo ahora tengo mis serias dudas relacionadas con ese término, ya que estuve algunas horas en Calama y puedo asegurar que ese también es un territorio terrible de freak.
Don Aníbal, quien fue el taxista que me trasladó a diversos lados, me aseguraba que Calama era conocida en todo el país por el sobrenombre de "Jalama", ya que la cocaína y la pasta base han causado estragos en estos lados.
Me quedé a dormir en una residencial llamada "Casa de Huéspedes", a escasas cuadras de una de las plazas principales. Era atendida por un antiguo trasher de cara gorda y completamente calvo. Tenía un perro enano y de pelo crespo de nombre Asesino. Las piezas costaban 5 lucas por persona y se notaba bastante limpio y decente. Mi hijo no reclamó por el lugar y sólo le molesto el baño comunitario.
Una noche salimos a recorrer la plaza y un grupo de bailarines religiosos se abalanzó frente a nosotros y nos gritaban "tómense unas fotos para que las pongan en el facebook". Los locos bailaban con sus trajes multicolores y gritaban como borrachos felices.
Otro día se nos ocurrió ir al mall de la ciudad. Queríamos engullir comida chatarra ya que los 10 días en San Pedro de Atacama nos habían dejado flacos y débiles. No se si habrá sido una coincidencia, pero casi todos los muchachos que nos atendieron en los negocios tenían un aspecto de gay. Las personas que se paseaban por el centro comercial eran todos raros. Los hombres se visten con gorra, polera y pantalones ajustados y de marca. Las mujeres son tímidas y caminan siempre atrás de sus esposos, juntos a su camada familiar.
En la ciudad se respira siempre algo raro, como si fuera a pasar algo malo, sin embargo lo único que siempre está presente es un sol potente que atonta a los habitantes y turistas.
¿Será Calaa más raro que Valparaíso?
Honestamente no lo podría asegurar, pero tengo la certeza de que en el ranking de rarezas humanas están dos ciudades entran fijo a la pelea y quizás Calama podría destronar a Valparaíso como la capital del Patrimonio Mutante de la Humanidad.


2.05.2009

La maldición de Valparaíso me persigue


Por Ajenjo


No se si es una maldición o una bendición, pero Valparaíso me persigue a todos lados.
Ahora estoy en un centro de internet en la calle Caracoles de San Pedro de Atacama, en el extremo norte chileno, y quiero escapar de todos los fantasmas porteños que me acosan y vigilan sin darme tregua.
Con mi hijo estamos acampando en las afueras del pueblo, en el camping Los Chañares que cuesta tres mil pesos diarios por persona. Cansados de comer fideos que se cocinan en cinco minutos, decidimos cenar en una fuente de soda de comida rápida. La mesera, con sus bellos rasgos altiplánicos, me dice: ¿Quiere probar nuestra especialidad llamada chorillana? Obviamente no acepté la propuesta, pero pude observar como al lado se engullían un generoso plato de papas fritas, carne, longaniza, y tres huevos fritos con la yema bien dorada. Al parecer la chorrillana es un plato que proviene del Perú, específicamente del barrio limeño de Chorrillos y no es una invención porteña. ¡Vaya uno a saber!
Decidimos visitar el “Pozo 3”, que es un oasis donde existe una gigantesca piscina setentera. Nos lleva un fletero que tiene una camioneta y que se autodenomina “El Tata”. El conductor nos pregunta de donde venimos y lanza un grito de emoción: ¡Yo viví 30 años en Playa Ancha! Al anciano no lo detuvo nadie y con su bla, bla, bla, nos dejó mareados y sólo el agua nos calmó de su verborrea porteña y buena onda.
Un día partimos a la plaza del pueblo ya que se había montado una feria. Había títeres y nos pusimos a ver la obra muy animados. El argumento era sobre un pescador que se enamoraba de La Pincoya y que sufría de amor en los… ¡cerros de Valparaíso! Era la compañía porteña “La Matiné” montando uno de sus espectáculos. En una parte de la obra el pescador se iba a un típico barucho del plan de la ciudad y bebía hasta emborracharse, para después mandarse la media vomitada.
He visitado el Valle de la Luna, la impresionante laguna Cejar y el Salar de Atacama, las cavernas de sal y otros maravillosos paisajes, sin embargo la maldición porteña ahí está, acechándome, como un gato salvaje a punto de arrancarme los ojos.


ajenjoverde@hotmail.com