
Por Ajenjo
¿Quién se acuerda cuando en la pérgola de flores de la subida Cumming vendían la mejor malta con huevo de la ciudad?
Ahora ya no funciona, sin embargo, ese sabor espumoso de un buen vaso mañanero era una experiencia guaripolo.
Los gringos toman Bloody Mary (jugo de tomate y vodka) para pasar las cañas. Aquí lo mejor es una rica maltita con huevo y un aliado jamón queso para no despedazarse el estómago.
Ahora la subida Cumming está toda taquilla. En el cajón de recuerdos universitarios tengo la imagen del calvo dueño de la botillería Las Rejas, quien antes de las restricciones horarias vendía copete hasta las seis de la mañana, ¿o las ocho? Varias historias corrían detrás de esta botillería, que hasta la actualidad sólo atiende tras las rejas. No hay mesón, ni la posibilidad de verle las etiquetas a los vinos. La reja siempre abajo , al parecer, le han salvado la vida en varias ocasiones a su propietario.
La subida Cumming comienza con el hermano del Moneda de Oro. Se llama Grill Moneda y con su pantalla gigante es el favorito de los amantes del fútbol, especialmente los domingos, ya que abre todos los días del año.
Después viene El Dominó y su eterno aroma a papa frita. Más arriba asoma el taquilla Mi Casa, que hasta un par de años era un reducto de viejos vinagreros y perdedores poetas. Ahora siempre está lleno y son famosas sus empanadas y un negro que con su trompeta llena de música el cervecero ambiente.
Este fin de semana conocí un nuevo restaurante peruano instalado en Cumming. Se llama Carpe Diem y al parecer está involucrado el antiguo chef del Journal. Ofrecían por tres mil 500 pesos, a la hora de almuerzo, un pisco sour, unas papas a la huaicaína, un ají de gallina y un postre. Me tomé mi pisco y el de mi novia, que estaba reguleque, además de una botella de vino marca Veo y que tenía su etiqueta en inglés.
La comida es rica y la música peruana resuena todo el tiempo, especialmente una canción que a cada rato decía "cachís, cachís". Mi hijo, que se aburre en los restaurantes, comenzó su estadística de los chicles debajo de las mesas, lo que obviamente significaba que había que marchar.
También está el viejo Canario, ese minúsculo bar que cuando está lleno cierra la puerta y la gente grita por los barrotes de la ventana que le abran la puerta.
Está el Troley, uno de los pocos bares temáticos de Valparaíso, y uno cuyo nombre no puedo recordar, pero que tiene el símbolo de Los Jaivas pintado en su escenario. Ahí se reúnen jóvenes de izquierda que cantan a todo pulmón los viejos temas revolucionarios.
De todas maneras, aunque muchos digan que es cuico, mi preferido es el Caruso. Una de sus dueña es la Javi Luco, conocida por algunos pocos como la Nicole Kidman de Valparaíso, quien siempre está atenta a todo lo que sucede. De ese local he salido con mi panza llena de ceviches y he sido atendido con una amabilidad y generosidad .
Cumming in the night: un clásico de la actual bohemia carretera de Valparaíso.
ajenjoverde@hotmail.com


















